lunes, 15 de octubre de 2012

La cueva de Esquilar en Borja



            En la ladera norte, que se orienta hacia la depresión del Ebro, de esa sucesión de elevaciones que conocemos como los montes del Sepulcro se encuentra esta cueva que, tradicionalmente, ha sido uno de los elementos más significativos de la geografía local: la cueva Esquilar.





            Desde esta otra orientación, se aprecia detrás el cerro de la Corona, del que está separado por un cortado, y más al fondo se ve emerger la parte superior del castillo y, en concreto, el remate de uno de sus pilares de contención.
            Su emplazamiento sugiere la posibilidad de que la cueva fuera ocupada por alguna comunidad en época prehistórica. Sin embargo, hasta el momento no se ha encontrado ningún testimonio que permita corroborar esta hipótesis, aunque tampoco se han realizado excavaciones en su interior.





            Por eso, cuando algunos nos preguntan acerca de las primeras evidencias de la presencia humana en nuestro municipio, debemos recordar que, al margen de algunos hallazgos anteriores, es en la cueva de Moncín, en el Santuario de Misericordia, donde se han podido documentar las primeras evidencias de un poblamiento que se remonta al  año 2.200 a. de C. Eran gentes pertenecientes a la cultura Calcolítica que, posteriormente, se fueron extendiendo por toda la Muela Alta, formando una comunidad de agricultores y cazadores, en torno a una laguna que estaba en el lugar que conocemos con el nombre de La Tellana. Nada menos que 40 yacimientos ha llegado a catalogar Isidro Aguilera que fue quien los dio a conocer. Debemos recordar, también, las excavaciones realizadas por un grupo de arqueólogos de la Universidad de Bristol (Reino Unido) en Moncín, durante varias campañas y el hecho, apenas difundido entre nosotros, de que la cueva de Moncín fue incluida por la UNESCO, dentro de lo que conocemos como “Patrimonio Mundial”, formando parte de la declaración genérica de “Arte Rupestre de arco mediterráneo en la península ibérica”.
            En la zona que nos ocupa, el primer asentamiento se produjo, hacia el año 600 a. de C. en el monte existente sobre la cueva de Esquilar. Eran gentes pertenecientes a la cultura de la I Edad del Hierro y ese poblado, al que nos referiremos otro día, fue el núcleo original de la ciudad de Bursau.





            Por lo tanto, la cueva debe ser considerada, por el momento, una simple formación geológica que toma su nombre del hecho de que allí se realizaban, al parecer, labores de esquilado del ganado. Pocos recordarán que su interior fue escenario de un asesinato ocurrido hace algo más de 50 años.





            Su interior ha estado sumido en un lamentable abandono durante mucho tiempo y había llegado a convertirse en un vertedero. Afortunadamente, un ejemplar ciudadano viene realizando labores de limpieza, desde hace algunos años, e instala allí un belén en época navideña. En este sentido sería conveniente que su ejemplar actuación contara con la colaboración de nuestras autoridades para retirar los residuos que hasta allí llegan por acción del viento y otros factores.





            En su bóveda se vienen produciendo desprendimientos como el que se refleja en esta fotografía lo que provoca que su fragilidad sea extrema en esos puntos. Afortunadamente, ha dejado de labrarse el campo superior pero el agua de lluvia se filtra por allí. No es aventurado suponer, por lo tanto, que dentro de un plazo relativamente corto se hundirá la bóveda. El alcance de este derrumbamiento es difícil de prever pero el futuro de la cueva está amenazado, así como la seguridad de quienes se adentran en ella.





            De ahí, que lo aconsejable sea acercarse, únicamente, a su boca y disfrutar de las vistas que se contemplan desde ese lugar, tal como nos muestran las fotografías que ha realizado Enrique Lacleta para este artículo.


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