domingo, 2 de octubre de 2016

Libros recibidos 61


            El Instituto de Estudios Altoaragoneses nos ha remitido la obra de Javier Costa Florencia, El retablo escultórico del siglo XVIII en el Alto Aragón. El autor es Doctor en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza, habiendo impartido la docencia en diferentes Escuelas de Arte y, en la actualidad es Profesor Titular de Historia del Arte en la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Aragón, con sede en Huesca, de la que ha sido Director en varias ocasiones. Su labor investigadora es muy intensa y de gran calidad, como viene a demostrarlo esta obra en la que, en sus 478 páginas, ofrece una interesantísima panorámica de los retablos de esa zona de la provincia de Zaragoza, en el siglo XVIII. Magníficamente editada, con excelentes ilustraciones y con una reseña biográfica de los artistas documentados constituye una valiosa aportación que no se limita a la descripción de las obras, dado que incluye datos sobre la ordenanzas gremiales de escultores y doradores, de los comitentes que propiciaron la construcción de esos retablos, de los que se describen los elementos que lo integran, el proceso de contratación y elaboración, los programas iconográficos y la evolución de sus tipos a lo largo de esa centuria.




            También editada por el Instituto de Estudios Altoaragoneses, acaba de aparecer, con el nº 64 de su colección de Estudios Altoaragoneses, la obra La diócesis de Jaca. Historia eclesiástica de un territorio, de la que es autor el Dr. D. Domingo Buesa Conde, Presidente de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza y uno de los más destacados investigadores aragoneses en el ámbito del Patrimonio Artístico Religioso.
            El libro, prologado por el actual Obispo de Jaca D. Julián Ruiz Martorell, constituye una exhaustiva historia de esa diócesis aragonesa, aunque siga perteneciendo a la provincia eclesiástica de Pamplona.

            A lo largo de sus 382 páginas va analizando en devenir del Cristianismo en esos territorios, desde la época romana y visigoda hasta los tiempos actuales, haciendo mención a la Patrona de la Diócesis, Santa Orosia, y al proceso seguido en torno a la propia sede episcopal, restaurada en por Felipe II en el siglo XVI, al mismo tiempo que se creaba la diócesis de Barbastro.
            Diócesis importante por su historia y su Patrimonio Cultural, aunque el libro del Dr. Buesa aporta un dato sumamente preocupante. En el epílogo se indica que, en la actualidad está estructurada en cuatro arciprestazgos: “En el que tiene su centro en Biescas estamos hablando de 54 lugares de culto y cerca de 7.000 habitantes, con 6 sacerdotes en activo; en el que tiene como capital Sabiñánigo hay 86 parroquias y agregados y más de 10.000 habitantes, con 8 sacerdotes en activo; el de Jaca-Berdún suma unos 18.000 habitantes, 97 parroquias y agregados y 24 sacerdotes en activo; y, por último, en el arciprestazgo de Erla-Uncastillo, en las Cinco Villas, hay 46 parroquias y agregados, unos 10.000 habitantes y 12 sacerdotes en activo”. Datos para una profunda reflexión.



            El Instituto de Estudios Ceutíes viene ya editando sus publicaciones en formato digital. Así nos han llegado las dos últimas. Una de ellas es el trabajo de Helena Arias Sánchez, titulado El léxico de los oficios en el Licenciado Vidriera de Miguel de Cervantes: una aproximación al vocabulario de los siglos de Oro, en el que, como ella misma señala, se sumerge en el vocabulario de los distintos oficios que se desempeñaban en los siglos XVI y XVII, de la mano de Cervantes y de los grandes lexicógrafos de su época y de la nuestra.



            La otra es la obra de Caroline Fournier, titulada Los hammām-s de la Madīnat Sabta. Una aproximación a partir de los textos árabes y de la Arqueología, en la que estudia los baños que existieron en Ceuta, asociando los textos árabes medievales y los datos de la Arqueología, destacando la originalidad que favorece el emplazamiento de la ciudad, ubicada entre tierras andalusíes y magrebíes, con el añadido de su puerto, lo que permite estudiarlos, en comparación con los balnearios de esas otras zonas.

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