martes, 25 de octubre de 2016

Sobre el color de las fachadas


            La publicación de un reciente comentario sobre la restauración de la fachada de este edificio en la calle Cardona ha suscitado numerosos comentarios, algunos de los cuales cuestionan el acierto del color elegido, llegando en ciertos casos a afirmar que hubiera sido mejor realizarla en color blanco. En este sentido, queremos aportar antecedentes sobre esta cuestión que vienen a demostrar que el uso del color amarillo no responde a una moda actual, sino que goza de gran tradición en nuestra ciudad.






            En 1988, el Centro de Estudios Borjanos publicó la obra Las fachadas del casco antiguo de Borja. Normas de su conservación, del que eran autores el entonces arquitecto municipal, D. Carlos Bressel Echeverría y el Secretario del Centro, D. Manuel Gracia Rivas. En el libro se incluyó una gama de colores a utilizar para el pintado de las fachadas. Curiosamente, se ponía como ejemplo el palacio de los marqueses de González de Castejón y el arco de la  Carrera, ambos de color amarillo y con las carpinterías verdes y azules, respectivamente. Hay que señalar que la reproducción de estas imágenes y las que posteriormente incluiremos, no siempre se ajustan a la realidad (pues es complicado que los colores se vean igual en todos los ordenadores) y, por otra parte, la intensidad de cada color elegido ha ido variando en el transcurso del tiempo.

            Lo que allí se contemplaba quedó recogido en el Plan General de Ordenación Urbana, así como, posteriormente, el Plan Integral del Casco Histórico, ahora en tramitación.




            En dicho casco histórico, son numerosos los ejemplos de edificios antiguos pintados de amarillo. Aquí reproducimos uno de la calle Alfaro Malumbres que, por su abandono, se encuentra muy deslucido y otro de la misma calle, reformado hace unos años cuyos paños eran de un amarillo intenso con las franjas oscuras. También era de color amarillo y blanco el arco de San Francisco que, tras su restauración, quedó pendiente de pintar.



            El estado actual de muchos edificios ha provocado que se olvide el estado que presentaban en el siglo XIX. Concretamente, la plaza del Olmo era extraordinariamente colorista, con todas las fachadas pintadas, utilizando el amarillo intenso y el rojo, formando un despiece ladrillos, como ocurría en esta casa (donde está ahora el Estanco) y con trampantojos simulando arquitecturas en tonos grises.
            Lo mismo ocurría en la actual casa de la pastelería Jeymar (con trampantojos y colores vivos) o en la de la antigua farmacia, lo que proporcionaba una visión completamente diferente a la actual.

            El despiece de  ladrillos rojos y amarillos, también se utilizó en varias casas de la calle Moncayo y en otros lugares, por lo que el color gris y apagado actual no era el original.







A veces, no nos percatamos que, afortunadamente, ya hay muchas fachadas que han sido rehabilitadas utilizando esa gama de colores cuyo resultado final es mucho más llamativo cuando se alternan unos y otros.




            La única limitación viene impuesta cuando una fachada enlucida debe coexistir con las de ladrillo visto, características de amplias zonas del casco antiguo. En estos casos, deben utilizarse colores que no resulten detonantes, dentro de la gama del amarillo caña u ocres.

            Valga estas aportaciones para valorar debidamente la obra realizada que se ajusta a lo establecido y que el error hubiera sido, precisamente, el pintarla de blanco.

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