lunes, 26 de diciembre de 2016

Honor y gloria a la patata borjana


         El ilustre investigador y literato asturiano D. Ramón Vega Piniella nos ha felicitado la Navidad, enviando una selección de noticias relacionadas con Borja, aparecidas en diferentes medios de comunicación, en los siglos XIX y XX. Normalmente, se trata de sucesos que causaron el lógico impacto, aunque hemos querido dar a conocer una referencia a la “patata aragonesa” que insertó El Progreso Agrícola y Pecuario en su número de 7 de abril de 1905.

         Esta publicación había sido fundada en 1895 por D. Francisco Rivas Moreno, y estaba dedicada al fomento de la Agricultura y la Ganadería, y los diversos aspectos relacionados con las mismas, llegando a ser calificada en 1902, como “el mejor de los periódicos agrícolas de España”.  De carácter semanal, siguió publicándose hasta el comienzo de la guerra civil.





         El artículo al que hacemos referencia trata sobre “Patatas. Variedades notables españolas y extranjeras”, entre las que destaca en primer lugar a la “Patata aragonesa”, señalando que es una “patata alargada, gruesa a la vez que cilíndrica, que se cultiva en las faldas del Moncayo, en Aragón, especialmente en la rica vega de las inmediaciones del famoso monasterio de Veruela y en Borja, Ainzón y Tarazona”.

         Afirma que “a su gran tamaño, reúne el ser muy compacta, harinosa y jugosa, de sabor agradable y de excelente conservación. Perteneciendo a las de otoño, el porte de la planta alcanza bastante desarrollo y robustez, y sus tubérculos blancos, interior y exteriormente, de piel dura y poco gruesa, con numerosos, grandes y hundidos ojos, y algunas protuberancias y falsas yemas, constituyen uno de los principales elementos de la alimentación del país”.




         La revista incluye un grabado “dibujado al natural” de una patata de Borja que destaca al lado de otro grabado correspondiente a la patata asturiana de riñón de la que, a pesar de sus reducidas dimensiones, el autor resalta sus “distinguidas condiciones de gusto y delicadeza”.

         No podemos sentirnos más orgullos de este singular fruto de nuestra tierra, aunque ignoramos si se sigue cultivando o si se han impuesto otras variedades. Lectores habrá que nos podrán ilustrar en materia tan importante.

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