lunes, 16 de enero de 2017

Santoral del 16 de enero


San Marcelo I (siglo IV). Durante la persecución de Diocleciano, una de las más duras, murió el Papa San Marcelino, muchos templos fueron destruidos y hubo cristianos que apostataron para salvar la vida. Pasaron cuatro años antes de que fuera elegido un nuevo Papa, en la persona de Marcelo, uno de los más prestigiosos presbíteros, por su actitud durante la época de la pasada persecución. Tuvo que encargarse de la reorganización de la Iglesia, reconstruyendo los templos y decretando que aquellos que, habiendo renegado, deseasen reconciliarse tuvieran que someterse a un período de penitencia. Entre ellos hubo algunos que lo denunciaron al emperador Majencio, consiguiendo que fuera desterrado. Falleció en el exilio el 16 de enero de 309. Sus restos fueron sepultados en el cementerio de Priscila de Roma.




San Danacto de Aulona (siglo IX). Nacido en Valona, en la costa adriática de la península balcánica. De su vida únicamente se conoce que fue diácono en Santa María de Leuca, al sur de Italia. Allí, durante un ataque perpetrado por sarracenos, puso a salvo la Eucaristía pero, inmediatamente después, fue asesinado a golpes.



San Melas de Rinocorura (siglo IV). Nacido en esa localidad egipcia muy cercana a Palestina, vivía retirado cuando fue elegido obispo. En unos momentos en los que ha herejía arriana hacía estragos, se mantuvo firme en la defensa de la fe de la Iglesia, siendo desterrado por el emperador Valente.



San Honorato de Arlés (siglo V). Nacido en Tréveris (Alemania) a mediados del siglo IV, pertenecía a una familia pagana de origen galorromano. Se convirtió al Cristianismo y viajó a Grecia donde entró en contacto con los eremitas que residían en aquellas regiones. Al regresar, decidió practicar ese modo de vida y se retiró como ermitaño a una de las islas situadas frente a Cannes, que hoy lleva su nombre. Pronto se sumaron otros compañeros con los que fundó el monasterio de Lerins que se convirtió en un activo centro cultural. Elegido obispo de Arlés, murió poco después, el 16 de enero de 429.        



San Jacobo de Moûtiers (siglo V). Íntimamente relacionado con el anterior, del que fue discípulo, se encuentra San Jacobo de Moûtiers o Jacques de Tarentaise. Era de origen sirio y había combatido contra los romanos. Poco después de convertirse al Cristianismo, conoció a San Honorato con quien se estableció en el monasterio de Lerins. Al ser ordenado obispo de Arles, San Honorato envió a su discípulo como misionero para evangelizar la región de Tarantasia (zona limítrofe entre Francia e Italia). Al ser invadida por los burgundios tuvo que regresar junto a su maestro que, hacia el año 426, lo consagró obispo, estableciendo su sede en Moûtiers, la capital de la región que había evangelizado.



San Ticiano de Oderzo (siglo VII). Nacido en la ciudad de Heraclia (Italia), en el seno de una familia noble. Fue educado por el obispo de Oderzo, Floriano, que lo ordenó presbítero y le encomendó puestos de responsabilidad en la administración diocesana. Fue elegido para sucederle, distinguiéndose en la lucha contra la herejía arriana. Falleció el 16 de enero de 632. Su culto está atestiguado desde la antigüedad y es patrón de varias ciudades.



San Leobato o Leobardo (siglo VI). Únicamente se sabe de su vida que fue discípulo de San Urso que lo eligió como abad del monasterio de Sennevières en Touraine (Francia), dándole instrucciones para su gobierno. Allí falleció santamente hacia el año 540. Sus restos fueron venerados en la iglesia de la abadía, perdiéndose durante la Revolución francesa.



San Triverio o Triviers (siglo VI). Según la leyenda, hacia el año 538 fueron capturados por el rey merovingio Teodoberto, en la región de Dombes, dos jóvenes doncellas que fueron llevadas prisioneras a Flandes, donde el abad del monasterio de Wiserne decidió devolverlas a su lugar de origen, encomendando este cometido a un monje llamado Trivier. Tras cumplir el encargo puntualmente, decidió quedarse en esa zona, viviendo como ermitaño el resto de su vida, falleciendo el 16 de enero de 550. Allí surgió una ciudad que lleva el nombre de este santo eremita.



San Furseo (siglo VII). Nacido en Irlanda hacia el año 567, era hermano de San Foillán de Fosses y de San Ultano. Evangelizó Inglaterra, fundando la abadía de Cnobheresburg, en Norfolk, de la que fue abad, sucediéndole San Foillán. Con su otro hermano vivió en soledad durante algún tiempo. Se exiliaron después en Francia, donde fueron protegidos por el rey Clodoveo I y allí fundó otros dos monasterios.  Murió en Mézerolles hacia el 648.



Santa Juana de Bagno (siglo XI). Nacida en Fontechiuso (Italia), profesó como religiosa lega en el monasterio camaldulense de Santa Lucía de Bagno, siendo muy joven. Allí fue compañera de la Beata Inés de Bagno y murió a avanzada edad, hacia 1105, tras una vida humilde entregada a la oración. Venerada desde los primeros momentos, su culto fue confirmado por el Papa Pío VII el 15 de abril de 1823.



Santos Berardo, Otón, Pedro, Acursio y Aiuto (siglo XIII). También conocidos como mártires franciscanos de Marruecos, habían sido enviados por el propio San Francisco a predicar el Evangelio a los musulmanes. Primero estuvieron en Sevilla, de donde fueron expulsados, viajando hasta Marruecos, donde iniciaron su labor pastoral entre los cristianos que, como mercenarios, servían en las tropas del sultán. Pero, llevados por su entusiasmo ampliaron su catequesis entre los musulmanes. En principio, los consideraban unos perturbados por su osadía, pero ante la negativa a interrumpir sus actividades y abandonar el país, el propio sultán los decapitó el 16 de enero de 1220, convirtiéndose en los primeros mártires de la naciente orden franciscana. Berardo, Otón y Pedro habían sido ya ordenados presbíteros, mientras que Acursio y Aiuto eran legos. Fueron canonizados en 1841.



San José Vaz (siglo XVII). Nacido el 21 de abril de 1651 en Benaulim (India) en una familia cristiana, recibió una sólida formación en la universidad de los jesuitas de Goa en la Academia de Santo Tomás de Aquino. Fue ordenado sacerdote en 1676 y con otros compañeros se unió a la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri. Sin embargo, al conocer la situación en que vivían los cristianos de Ceilán (Sri Lanka), se propuso pasar a la isla, sin obtener la autorización de sus superiores. Por fin, en 1686 pudo cumplir su sueño, entrando allí vestido como un modesto trabajador, en una tierra bajo control holandés y, por lo tanto, calvinista. Trabajó en secreto administrando los Sacramentos a los cristianos que no habían visto a un sacerdote desde hace año. Aunque obtuvo autorización del rey para desarrollar su labor, fue acusado por los holandeses de ser un espía portugués y encarcelado. Su intercesión para librar al país de una terrible sequía le gano el favor del monarca y su labor apostólica fue creciendo con gran rapidez. Designado Vicario General de Ceilán, recibió el apoyo de otros sacerdotes enviados para ayudarle. Considerado el gran apóstol evangelizador de la isla, falleció el 16 de enero de 1711, en medio del respeto y el fervor de las gentes. Fue beatificado en Colombo, por San Pablo II, en 1995, y canonizado por el Papa Francisco en 2014.



Beato José Antonio Tovini (siglo XIX). Nacido en Cividate Camuno (Italia), inició los estudios eclesiásticos que tuvo que abandonar al morir su padre, en 1859, ya que era el mayor de seis hermanos. Pudo cursar la carrera de Derecho en Padua y trabajar en un despacho de abogacía, compatibilizando esta actividad con la docencia privada. En 1875 contrajo matrimonio con Emilia Corbolani, hija del abogado al que ayudaba. Tuvieron diez hijos, de los cuales uno fue sacerdote y dos religiosas. Alcalde de Cividate durante tres años, en 1877 ingresó en el movimiento católico bresciano y, en 1881, en la Tercera Orden Franciscana.  En Brescia desarrollo una ingente labor apostólica, promoviendo numerosas iniciativas sociales, especialmente entre los jóvenes. Falleció el 16 de enero de 1897, siendo beatificado por San Juan Pablo II en 1998.



Beata Juana María Condesa Lluch (siglo XX). Nacida el 30 de marzo de 1862 en Valencia, su padre era médico y falleció, cuando la niña contaba tres años, a consecuencia de la epidemia de cólera que padecía la ciudad.  Aunque de carácter rebelde, se distinguió por su piedad y su devoción a la Eucaristía.  Su contacto con las clases más humildes le llevó a descubrir su auténtica vocación y decidió abrir una casa para acoger a jóvenes obreras, proporcionándoles todo lo necesario para su sustento, mejorando su educación. Tras ciertas reticencias iniciales por parte de las autoridades eclesiásticas, en 1884 creó el Asilo Protector de Obreras y una escuela gratuita para sus hijos. Fue el germen de la Congregación de Esclavas de María Inmaculada, a la que se sumó un grupo de amigas que emitieron con ella los votos definitivos en 1911. Mientras la obra crecía, la salud de la fundadora fue debilitándose y el 16 de enero de 1916 falleció en Valencia, siendo beatificada por San Juan Pablo II en 2003.

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