miércoles, 18 de enero de 2017

Santoral del 18 de enero

Santos Suceso, Pablo y Lucio (siglo IV). Al margen de que se afirma que fueron obispos norteafricanos y murieron mártires durante una persecución, nada más se conoce de ellos y ni tan siquiera hay acuerdo sobre las fechas de su muerte que, la mayoría de los autores sitúan en la persecución de Decio.        


Santos Cosconio, Zenón y Melanipo (siglo IV). Algo parecido ocurre con estos tres mártires, originarios de Nicea, que aparecen reseñados en antiguos martirologios, sin que aporten más datos.




San Volusien de Tours (siglo V). Pertenecía a una familia senatorial, siendo elegido obispo de Tours el año 491, sucediendo en dicha sede a San Perpet, que era pariente suyo. Fue depuesto por los visigodos, teniendo que exiliarse en Toulouse y, según algunas fuentes en España. Murió en 498, quizás martirizado, y es el patrón de la ciudad de Foix. Según la leyenda, estaba casado con una mujer de desagradable carácter que soportaba con paciencia. Se cuenta que cuando manifestó al obispo de Limoges su temor, ante la cercanía de los bárbaros, su compañero le respondió: “No debes tener temor de enemigo extraño, cuando sabes aguantar al que tienes en casa”.  

Santa Prisca de Roma (siglo V). El culto a esta Santa mártir encuentra su fundamento en la existencia de una antiquísima iglesia, a ella dedicada, situada en la colonia del Aventino de Roma. Sin embargo, con mucha frecuencia se la confunde con otra Santa del mismo nombre que era esposa de San Aquila y cuya memoria se recuerda otro día.  

    
San Deicolo de Leinster (siglo VII). Nacido en Leinster (Irlanda) era hermano de San Galo. Discípulo de San Columbano fue elegido por éste, en compañía de otros monjes, cuando marchó en 576 a evangelizar la Galia. Allí fundaron la abadía de Luxeuil y, cuando el año 610, San Columbano fue expulsado a Italia, San Deicolo fundo la abadía de Lure, donde residió el resto de su vida y murió el año 625. Su culto se vio impulsado por los numerosos milagros que le fueron atribuidos.   


      
Beata Beatriz de Este de Gemmola (siglo XIII). Nacida en 1192, en el seno de la noble familia de Este, fue la tía de Santa Beatriz de Este. Educada en un ambiente de lujo y abundancia, cantada por juglares y poetas, a los catorce años, decidió ingresar como monja benedictina en el monasterio de Solarola. En 1221, fundo otro en Gemmola, sobre un lugar que había sido ocupado mucho tiempo antes por ermitaños, donde falleció en 1264 y se veneran sus restos. Su culto fue aprobado el 19 de noviembre de 1763 por el Papa Clemente XIII.



Santa Margarita de Hungría (siglo XIII). Nació en la ciudad de Klis (Croacia) donde su padre el rey Béla IV de Hungría se había refugiado con toda la familia, tras la invasión de los mongoles. Su madre, María Laskarina, la ofreció al nacer al Señor si les ayudaba a salvar la grave crisis del reino. Al regresar a la capital, la pequeña Margarita fue llevada al convento dominico de Veszprém, donde creció rechazando honores que por su naturaleza parecían corresponderle. Mientras tanto, sus padres iniciaron la construcción de un gran monasterio en una isla del Danubio, Nyulak szigete o “isla de los conejos”, al que fue llevada la niña cuando cumplió los 10 años, profesando en el mismo otras 100 jóvenes de las mejores familias de Hungría. Aunque los reyes la protegieron siempre, quiso vivir con extrema sencillez, dado ejemplo de humildad. Al acceder al trono su hermano siguió gozando de su protección aunque todo lo que recibía lo entregaba a los pobres.  Murió el 18 de enero de 1271 y fue venerada como Santa, siendo aprobado su culto por el Papa Pío XII el 19 de noviembre de 1943.



Beato Facio de Cremona (siglo XIII). Nacido en Verona (Italia) en 1200, se formó como orfebre, llegando a adquirir una gran fama, lo que despertó las envidias de otros miembros de la profesión, por lo que tuvo que huir a Cremona. Cansado de estos enfrentamientos, decidió consagrarse al servicio de los necesitados fundando la Fraternidad del Espíritu Santo, en la que, junto a otros laicos, ayudaba a enfermos pobres en su propia casa, convertida en hospital. Más tarde, fundó otro hospital en  Soncino, con una iglesia anexa, sirviendo su experiencia y dedicación para que el obispo le encargara de la supervisión de otros hospitales. Falleció el 18 de enero de 1272 y su culto fue confirmado por Pío IX en 1873.



Beato Andrés de Peschiera Grego (siglo XV). Nacido en Peschiera (Italia) en el año 1400, profesó como religioso dominico en el convento de Brescia, cursando los estudios eclesiásticos en el de San Marcos de Florencia. Ordenado sacerdote, desarrolló su ministerio pastoral en la región de la Valtellina que recorrió a lo largo de 45 años, en condiciones muy penosas, siempre a pie y alojándose en los más humildes lugares. Su vida fue un ejemplo de santidad y de ejemplar cumplimiento de las virtudes evangélicas. Murió el 19 de enero de 1485 en el convento de Morbengo que había fundado. Su culto fue confirmado por Pío VII en 1820.  



Beata Cristina Ciccarelli (siglo XVI). Nacida en 1481 en la ciudad de L’Aquila (Italia), se llamaba Mattia, trocando su nombre por el de Cristina cuando, en 1505, tomó el hábito en el monasterio de Santa Lucía de su ciudad natal, de religiosas agustinas observantes. Su virtud se hizo patente en el claustro, como había ocurrido desde su más tierna edad, siendo elegida abadesa, cargo que desempeñó durante mucho tiempo.  Su fama de santidad se vio reforzada por las visiones que tuvo y los milagros que realizaba, por lo que numerosas personas acudían al convento para recabar su ayuda. Se la representa con un ostensorio, debido a que en la solemnidad del Corpus se la pudo ver levitando y con una custodia resplandeciente en el pecho. Estos prodigios en nada afectaron su conducta ya que siguió una modesta religiosa que tuvo que padecer diversas enfermedades, hasta su fallecimiento en 1543. Su culto fue confirmado por Gregorio XVI, en 1841.




Beata Regina Protmann (siglo XVI). Nacida en Braunsberg (Alemania) en 1552, en el seno de una familia acomodada, desoyendo los consejos de sus padres, abandonó su casa y, en 1571, se estableció con dos compañeras en una casa cercana a la iglesia de Santa Catalina, para vivir como beguinas, dedicadas a la atención de los enfermos. Este tipo de comunidades fueron muy frecuentes en el centro de Europa y estaba bajo la tutela de los obispos, en este caso el de Warmia, y contaban con la asistencia de religiosos que la comunidad fundada por Regina, fue confiada a la Compañía de Jesús. Se llamaron Congregación de Hermanas de Santa Catalina y aunque emitían los votos tradicionales no residían en un convento, sino en casas compartidas o individuales.


Beatas Felicidad Pricet, Mónica Pichery, Carlota Lucas y Victoria Gusteau (siglo XVIII). Entre los numerosos mártires que hubo en Angers, durante la sublevación de La Vendée que siguió a la revolución francesa se encuentran estas cuatro laicas: Felicidad Pricet, nacida en Cha'tillon hacia 1746 y modesta campesina; Mónica Pichery, nacida en Chalonnes-sur-Loire, en 1762, y comerciante; Carlota Lucas, maestra nacida en Chalonnes-sur-Loire, en 1752; y Victoria Gusteau, una campesina que había nacido en Chatillon, Francia, hacia 1746. Todas ellas fueron fusiladas en Avrillé, cerca de Angers, en 1794. 



Beata María Teresa Fasce (siglo XX). Nacida en Torriglia, una localidad cercana a Génova el 27 de diciembre de 1881. Fue en esta última ciudad donde conoció la figura de Santa Rita de Casia, a raíz de su canonización en 1900. Deseosa de seguir su ejemplo tomó el hábito agustino en el convento que lleva su nombre, en 1906. Allí transcurrió su vida, desempeñando diversos cometidos, entre ellos el de abadesa durante 27 años. Junto al convento levantó un templo dedicado a Santa Rita que fue siempre su modelo y cuya devoción impulsó. De salud enfermiza, tuvo que hacer frente con gran entereza a numerosas dolencias que le hicieron sufrir, a pesar de lo cual demostró siempre su tesón y entereza. Falleció el 18 de enero de 1947, siendo beatificada por San Juan Pablo II el 12 de octubre de 1997. 

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