viernes, 27 de enero de 2017

Santoral del 27 de enero


San Julián de Sora (siglo II). Según la tradición era un joven oriundo de la Dalmacia que, durante la persecución de Antonio Pío, llegó a Italia para predicar el Evangelio. Detenido e incitado a apostar, se mantuvo firme en la Fe, siendo decapitado el 27 de enero del año 161 en Sora.




San Julián de Le Mans (siglo III). Según la tradición había nacido en Roma, donde fue consagrado obispo, siendo enviado a la Galia, donde fundó la sede de Le Mans, de la que fue primer prelado y rigió durante muchos años. No se conocen más detalles de su vida, pero fue venerado desde su muerte e, incluso, su culto se extendió a Inglaterra ya que Enrique II había nacido en Le Mans, cuya catedral le está dedicada. 



Santa Ángela Merici (siglo XVI). Nacida en Desenzano del Garda (Italia) el 21 de marzo de 1474, quedó huérfana a temprana edad, siendo acogida por sus tíos. Su deseo de consagrarse a Dios la llevó primero a ingresar en la Tercera Orden. Enviada a Brescia para cuidar a una anciana, permaneció en esa ciudad hasta 1524, en que decidió peregrinar a Tierra Santa. Durante el viaje quedó ciega, pero curó al regresar. Estuvo en Roma, donde el Papa le sugirió trabajar allí, pero ella regresó a Brescia, donde en unión de otras compañeras fundó la Compañía de Santa Úrsula, integrada por mujeres que, residiendo en sus casas, se dedicaban al servicio del prójimo. Sin embargo, las normas impuestas por el concilio de Trento, les obligó a vivir en comunidad. Surgieron así las que serían conocidas como “ursulinas”, dedicadas a la educación de las jóvenes. Falleció el 27 de enero de 1540 y fue canonizada por Pío VII en 1807.



Santa Devota (siglo IV).  Nacida en Córcega el año 283, era un joven cristiana que fue detenida y ejecutada por el gobernador romano de la isla en 304. Según la tradición el cuerpo fue recuperado y quisieron llevarlo al norte de África, pero la embarcación arribó a Mónaco donde se le dio sepultura, convirtiéndose en el Patrona del Principado. También lo es de Córcega.  

San Marino (siglo VI). Nacido en Orleans, a comienzos del siglo VI, profesó a edad muy temprana en un monasterio. Más tarde, fue nombrado abad del monasterio de Bodón que acaba de fundarse, donde destacó por su piedad hasta su fallecimiento hacia el año 550. Su vida está rodeada de leyendas y no se conocen datos precisos de la misma; incluso los autores no se ponen de acuerdo respecto al nombre del monasterio que rigió.  


            
San Vitaliano (siglo VII). Nacido en Segni (Italia) fue elegido Papa en el año 657, siendo el 76º en ocupar la sede de San Pedro. Intentó un acercamiento con la Iglesia de Oriente que sufrieron diversos altibajos a lo largo de su pontificado. Fue quien introdujo el uso del órgano en la liturgia. Falleció en Roma el 27 de enero de 672.
  
San Teodorico de Orleans (siglo XI). Era hijo del señor de Château-Thierry-sur-Marne. Se formó en el monasterio de Saint-Pierre-le-Vif, de Sens, donde era abad un tío suyo. Posteriormente, desempeñó su cometido en la corte de Roberto el Piadoso, hasta que, en 1106, fue nombrado obispo de Orleans. Un problema suscitado con sus canónigos, relacionado con la administración de los Sacramentos, que intentó resolver convocando un sínodo, provocó que fuera depuesto por el monarca. Viajando a Roma para defenderse de las acusaciones vertidas contra él, falleció en la abadía de San Miguel (Tonnerre), como ya he señalado, murió el 27 de enero de 1023. 



San Gilduin (siglo XI). Nacido en 1052, en el seno de una familia noble, recibió una esmerada educación. Renunciando a la posibilidad de una brillante carrera, decidió consagrarse a la Iglesia, siendo ordenado diácono por su tío el arzobispo de Dol. Cuando éste murió, le sucedió un prelado indigno que concitó la oposición de la curia. Al final consiguieron que fuera depuesto y pensaron en Gilduin para ocupar esa sede. Con este fin viajó a Roma, aunque su propósito era muy distinto, ya que, debido a su juventud (tenía 23 años) no se consideraba apto para ese cometido, sino que pretendía conseguir del Papa que, en su lugar fuera elegido el abad Evencio que le acompañaba. El Pontífice acepto la propuesta y, al regreso, marchó a su casa para retirarse poco después al monasterio de Saint-Pierre-en-Vallée, cercano a  Chartres, donde falleció el 27 de enero de 1077.



Beato Juan de Warneton (siglo XII). Nacido en Flandes, tras recibir una buena educación, ingresó en el monasterio de Monte San Eloy, en Arras. Más tarde, el obispo de esa ciudad, que había sido condiscípulo suyo, lo nombró archidiácono de una comunidad de canónigos creada por él. En 1106, fue consagrado obispo de Thérouanne que rigió con rectitud en momentos muy difíciles. Su labor para reducir la indisciplina eclesiástico le granjeó numerosos enemigos que formularon acusaciones contra él e, incluso, sufrió un intento de asesinato. Falleció el 27 de enero de 1130, llorado por sus fieles que, desde el primer momento lo veneraron como Santo. Curiosamente, siempre fue denominado “Beato”.



Beato Manfredo Settala (siglo XIII). Nacido en Milán, tras ser ordenado sacerdote ejerció su ministerio pastoral en varias parroquias hasta decidió retirarse al monte San Giorgio, cerca del lago Lugano, para vivir como ermitaño. Su fama de santidad se extendió rápidamente y, desde las poblaciones de toda la zona, acudían las gentes a pedir consejo y ayuda espiritual. Falleció el 27 de enero de 1217.



Beata Rosalía du Verdier de la Solinière (siglo XVIII). Al reseñar la vida de la beata Marie de La Dive (26 de enero), hicimos alusión a que fue detenida junto con sus hijas y una religiosa benedictina a la que habían acogido en su casa. Se trata de la Madre Celeste (Rosalía du Verdier de la Solinière), familiar suya que pertenecía a la Congregación del Calvario. Murió en la guillotina el 27 de enero de 1793 y fue beatificada en 1984, con los 99 mártires de Angers, víctimas del terror que siguió a la guerra de la Vendée.        



Beato Pablo José Nardini (siglo XIX). Nacido en Germersheim (Alemania) el 25 de julio de 1821, era hijo de padre desconocido por lo que adoptó el apellido de su madre, Lichtenberger, que trocó por el de Nardini que era el del esposo de su tía materna que lo adoptó y educó como si fuera su propio hijo. Al cumplir los 20 años inició los estudios eclesiásticos en el seminario de Espira y, posteriormente, se graduó como Doctor en Teología en la universidad de Munich, con la máxima calificación, siendo ordenado sacerdote en 1846. En 1851 fue nombrado párroco de Pirmasens, llevándose a vivir con él a su madre, a la que nunca había olvidado. Allí realizó una ingente labor pastoral, entre los miembros de la comunidad parroquial que eran gentes de escasos recursos. Para atender a los niños y enfermos, recurrió a unas terciarias franciscanas que fueron el germen de la congregación de las Franciscanas Pobres de la Sagrada Familia, fundada en 1855. Falleció muy joven, el  27 de enero de 1862, siendo beatificado por Benedicto XVI en 2006.



San Juan María “Muzeo” (siglo XIX). Nacido en Ninziro (Uganda) hacia 1853, era musulmán y fue vendido como esclavo. Rescatado por San José Mukasa, pasó a servir como paje en la corte del rey. Bautizado en 1855, pronto destacó por su sabiduría, a pesar de su juventud. De hecho, el sobrenombre de “Muzeo”, con el que era conocido significa “anciano” con el sentido de esa palabra en cuanto a experiencia y don de consejo. Al iniciarse la persecución contra los cristianos, se refugió con otros compañeros en la selva, donde vivieron en condiciones muy penosas, acercándose a escondidas y por la noche a una misión, para recibir la Eucaristía. Cuando el rey Mwanga dio a conocer su intención de perdonar a los huidos, él sospechó de que se trataba de una trampa, pero decidió presentarse ante las autoridades para, reafirmándose en su Fe, conocer sus verdaderas intenciones. Inmediatamente fue condenado a muerte y decapitado en Mengo, el 27 de enero de 1887. Fue canonizado por Pablo VI, en 1964, junto con los restantes mártires de Uganda.



San Enrique de Ossó y Cervelló (siglo XIX). Nacido en Vinebre (Tarragona) el 16 de octubre de 1840, a los 14 años perdió a su madre, que siempre había deseado que fuera sacerdote. Por eso, tras ejercer como aprendiz en un comercio de la familia, ingresó en el seminario de Tortosa, siendo ordenado presbítero en 1867. Compatibilizó su labor con profesor de Matemáticas y Física en dicho centro, con una gran labor apostólica, orientada a la catequesis y a la publicación de obras que alcanzaron gran difusión. Teniendo como modelo a Santa Teresa de Jesús, a la que profesó una especial devoción, en 1873 fundó  la Asociación de "Hijas de María Inmaculada y Santa Teresa de Jesús" y tres años después, lo que llamó el  "Rebañito del Niño Jesús", orientados a la formación de niños y jóvenes, hoy integrados en el Movimiento Teresiano de Apostolado. Pero su principal obra fue la creación de la Congregación de las Hermanas de la Compañía de Santa Teresa de Jesús que experimentó un rápido crecimiento por diferentes países, ya en vida de su fundador. En 1882, coincidiendo con el tercer centenario del nacimiento de Santa Teresa puso en marcha otro gran proyecto, el de los Misioneros de Santa Teresa de Jesús. Sus libros y los periódicos que fundó contribuyeron a la difusión de la doctrina social de la Iglesia y lo convirtieron en uno de los sacerdotes más populares de la Iglesia española en su época. Falleció el 27  de enero de 1896 en el convento franciscano de Gilet (Valencia), donde se había retirado para realizar unos ejercicios espirituales. Beatificado el 14 de octubre de 1979, fue canonizado por San Juan Pablo II el 16 de junio de 1993.



Beata María de Jesús Santocanale (siglo XX). Nacida en Palermo (Italia) el 2 de octubre de 1852, en el seno de una familia noble, sintió muy pronto la llamada de Dios, aunque dudó entre dedicarse a la vida contemplativa o activa, optando por ingresar en la Orden Franciscana Seglar, trocando su nombre de Carolina por el de María Jesús. Recorría las casas de las personas necesitadas, facilitándoles comida y apoyo, hasta que deseando profundizar en su carisma, fundo en 1909 la congregación de Hermanas Capuchinas de la Inmaculada de Lourdes que fue aprobada el 24 de enero de 1923, como instituto de derecho diocesano por el arzobispo de Palermo, falleciendo Sor María Jesús tres días después, el 27 de enero de ese año. La congregación sería reconocida como de derecho pontificio en 1947, siendo beatificada la fundadora el 12 de junio de 2016.



Beato Jorge Matulaitis (siglo XX). Nacido en Lüginè (Lituania) el 13 de abril de 1871, la familia se trasladó a Polonia en 1889, modificando su apellido por el Matulewicz. Cursó los estudios eclesiásticos y se graduó como Doctor en Teología en la universidad de Friburgo. Ordenado presbítero en 1898, fue profesor del seminario de Kielce y Vicerrector de la Academia Espiritual de San Petesburgo. Profesó como religioso en la Congregación Mariana en 1909 y, en 1911 fue elegido Superior de la Congregación de Clérigos Marianos de la Inmaculada Concepción,  que reformó por completo. En 1911, creó la congregación de Hermanas Pobres de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, en 1918. Ese mismo año fue consagrado obispo de Vilnius. Su incansable labor apostólica le llevó a fundar en Bielorrusia, en 1924, la congregación de Sirvientas de Jesús en la Eucaristía. Renunció a su sede en 1925, pero el Papa Pío Xi, le confirió la dignidad de arzobispo y visitador apostólica en Lituania, encargándole la negociación de un nuevo concordato con las autoridades de ese país y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, lo que logró poco antes de fallecer en Kaunas, de forma inesperada,  el 27 de enero de 1927.  Fue beatificado por San Juan Pablo II en 1987.     

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada