lunes, 27 de febrero de 2017

Efemérides del 27 de febrero


         El 27 de febrero de 1572 fue bendecida la ermita de San Jorge por fray Francisco de Salazar, obispo de Salamina. Al día siguiente, bendijo también una iglesia de Maleján (no estamos seguros de que fuera la actual parroquia) y el 7 de abril hizo lo propio con la ermita del Calvario y las restantes ermitas y pilares existentes en la Muela Alta de Borja. De este personaje nos hemos ocupado en diversas ocasiones, incluso lo incluimos en el libro Crímenes ejemplares, dado que, tras una brillante trayectoria como consultor de Trento y agente diplomático al servicio de Carlos V, terminó sus días siendo condenado por sodomita. Su presencia en nuestra zona, se debió a que, en su etapa final, logró ser nombrado Comisario General de la diócesis de Tarazona, entonces vacante. Los lectores que deseen conocer más detalles de su peculiar historia, pueden consultar el libro citado que puede descargarse desde el blog del Centro.




         El 27 de febrero de 1826 fue bautizado en la iglesia parroquial de Tabuenca D. Alejandro Tapia Chueca. Era hijo de José Tapia, natural de Calcena, y de Manuela Chueca, nacida en Talamantes. Al morir el 27 de octubre de 1909, legó una renta de 400 pta anuales pare celebrar dos aniversarios por el alma de sus esposas Manuela y Carmen; y otros dos por su alma, dedicando el sobrante a obras de caridad. Para hacer frente a esos compromisos dejó todas las fincas que poseía en Salillas de Jalón. El Ayuntamiento de Tabuenca le dedicó una de las calles de la población y todavía figura registrada la “Fundación Tapia Chueca”.



         También en Tabuenca fue bautizado el 27 de febrero de 1826 D. José Chueca Cuartero, al que algunos citan como agustino, misionero en Filipinas, aunque el Dr. D. Pedro de Pablo negaba esa posibilidad con argumentos contundentes. Es conocido por ser el autor de unas notas que, con el título “Cómputo de la Historia de la Antigüedad de la villa de Tabuenca, según se demuestra”, se conservan en el Archivo Municipal de esa localidad.



El 27 de febrero de 1839 nació en Borja D. Ángel Chueca Aznar. Inició su formación musical como “infante” de la Capilla de Música de la colegiata de Santa María de Borja, completándola en Zaragoza, donde cursó los estudios eclesiásticos, siendo ordenado sacerdote. Ejerció como organista en la catedral de Teruel y el 8 de mayo de 1876, tomó posesión de la plaza de organista de la catedral de Mondoñedo, desempeñándola hasta que, en 1879, obtuvo por oposición el beneficio de organista de la catedral primada de Toledo. Allí permaneció hasta su fallecimiento el 21 de enero de 1911, gozando de reconocido prestigio como compositor y extraordinario intérprete. Entre las diversas obras que compuso figura la Misa a cuatro voces, en homenaje a la Virgen de la Peana.



El 27 de febrero de 1906, nació en Huesca D. Julio Alejandro Castro Cardús, hijo del borjano D. Julio de Castro Bonel que, en aquellos momentos, estaba destinado en la Delegación de Hacienda de esa capital. Más conocido como “Julio Alejandro” y por su condición de guionista de varias películas de Buñuel, su biografía parece extraída de una novela de aventuras. Oficial de la Armada en su juventud, estuvo en  China, formando parte de la dotación del crucero Blas de Lezo, enviado a aquellas tierras durante la guerra de los boxers. En 1932, naufragó con ese buque en el paso del Centollo, frente a Finisterre y, tras pasar a la situación de excedencia, cursó estudios de Filosofía y Letras en la Universidad Central. Volvió al servicio activo en 1934 y en 1936 es nombrado Ayudante Personal del Ministro de Marina, D. José Giral, amigo de la familia. En agosto de ese año, acompañando al Presidente Casares Quiroga en una gira por el frente de Madrid fue herido en la cabeza. Ante su estado y las noticias de que su nombre había aparecido en una lista de “desafectos”, a pesar de la filiación republicana de toda la familia, el propio Indalecio Prieto le facilitó la huida a Francia, donde desempeñó una cátedra en la Universidad de Internacional Bagneres de Bigorre. Poco después decidió viajar a Manila y, durante la II Guerra Mundial fue detenido por las fuerzas japonesas de ocupación. Estuvo a punto de morir pero, tras grandes peripecias llegó a Estados Unidos, viajando por todo el continente antes de regresar a España en 1946. Aquí inició una carrera literaria de éxito, a pesar de lo cual se trasladó a México en 1950 para trabajar como guionista de cine, en más de 100 películas. Volvió a España, estableciéndose en Jávea, donde escribió varias obras y falleció el 21 de septiembre de 1995. Sus cenizas fueron depositadas en Bulbuente, localidad a la que siempre se sintió vinculado y junto a la ermita de la Aparecida en Vera de Moncayo.

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