jueves, 22 de agosto de 2019

La cocina olvidada del monasterio de Veruela


         Durante nuestra reciente visita al monasterio de Leyre tuvimos la oportunidad de adquirir la obra El ritmo cotidiano de la vida en el monasterio medieval, editada por la Fundación Santa María la Real que, en contra de lo que pudiera sugerir el título, recoge las conferencias impartidas en el XXVIII seminario sobre la Historia del Monacato, celebrado en Aguilar de Campoo, en agosto de 2014, en el que se abordaron temas que nos han resultado de sumo interés.




         Entre ellas queremos destacar la que corrió a cargo de la Profª. Dª. Carmen Abad-Zardoya, de la Universidad de Zaragoza e integrante del Grupo Consolidado de Investigación sobre “Patrimonio Artístico en Aragón”, la cual trató sobre “Cocinas y refectorios en el monasterio medieval. Formas, usos y dotaciones”, una cuestión poco abordada, sobre la que ofreció amplia información, especialmente referida a modelos constructivos y funcionamiento de esas dependencias, tanto desde el punto de vista general, como aportando ejemplos concretos, entre ellos varios de España. Nos ha llamado la atención, sin embargo, la ausencia de datos sobre la cocina del monasterio de Veruela, una de las dependencias conservadas y restauradas en este magnífico cenobio cisterciense.



         Y es que, a nuestro juicio, esta dependencia monástica sigue siendo la gran olvidada en Veruela, a pesar de que fue objeto de una completa restauración que, probablemente, debería haberse fundamentado en una minuciosa investigación previa.

         Pero lo cierto es que no conocemos trabajos publicados sobre ella. En las guías editadas, se menciona de pasada e, incluso, un autor tan minucioso como el Prof. Criado Mainar tan sólo la cita en el artículo incluido en la Guía Histórica del monasterio de Veruela.




         Elementos tales como la comunicación en ángulo entre la cocina y el refectorio podrían aportar elementos para la interpretación de algunos croquis a los que la Profª. Abad-Zardoya se refiere en la obra que estamos comentando.
         Sería conveniente, por lo tanto, un estudio mucho más minucioso sobre ese espacio y su relación con otros del monasterio. Como es sabido, la cocina monástica estaba en relación con el refectorio de monjes, con la cilla y con el refectorio de conversos. Pero, en Veruela, la dependencias reservadas a estos últimos desaparecieron y, en concreto, en el lugar que ocupaba su refectorio se levantó la Casa de Ejercicios de la Compañía de Jesús. Posiblemente había desaparecido antes, de la misma forma que el corredor de acceso de conversos a la iglesia, cuya puerta y los restos del muro que lo delimitaba son visibles ahora en la cilla, ampliada en época tardía.
         A falta de más información, pues es probable que haya habido quien se haya ocupado de las cuestiones que planteamos, aunque no conozcamos esos trabajos, tan sólo nos permitimos apuntar su interés como tema de investigación.

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