martes, 13 de agosto de 2019

La evolución del Patrimonio arquitectónico de Calcena


         Calcena es una localidad enclavada en un hermoso paisaje, situado en lo que se ha dado en llamar “la cara oculta del Moncayo”, que en el siglo XIX superaba con creces los 1.000 habitantes. La desaparición de sus bosques por la explotación derivada del carboneo, el cierre de sus minas de plata y el abandono de la ganadería provocó un alarmante descenso de la población. En 1900, contaba con 776 habitantes y, en la actualidad, son 75 personas las censadas, lo que no quiere decir que todas ellas residan en el municipio.
         Ello ha incidido en la conservación de su trama urbana, con muchos edificios desaparecidos, sino también en la de su rico patrimonio arquitectónico, derivado entre otras razones de su pertenencia a la mitra turiasonense que hizo que sus obispos la eligieran como lugar de residencia estival.

         Sin embargo, en los últimos años se ha llevado a cabo un importante esfuerzo para la preservación de algunos de sus monumentos más emblemáticos y el creciente auge del turismo de escalada y natural hace concebir esperanzas para el mantenimiento de un núcleo estable de población.





         El monumento más importante es la iglesia parroquial de la Virgen de los Reyes, declarada Bien de Interés Cultural por Decreto 57/2002 del Gobierno de Aragón y magnífico ejemplo de las denominadas “iglesias de planta de salón”.




Edificada en el siglo XVI, sobre los restos de un templo románico, aún conserva la antigua portada con cuatro arquivoltas que apean sobre capiteles con motivos vegetales.  La base de la torre actual también  es, probablemente de esa época.




         En su parte inferior, durante las obras de restauración de la iglesia, se descubrió un curioso pasadizo que, originalmente, comunicaba el templo con el castillo, posteriormente convertido en hospital y, finalmente, derribado.




El interior, completamente restaurado con una ayuda concedida por el Gobierno de Aragón en 2009, sorprende por su magnificencia, con sus tres naves de tres tramos, cada una de ellas, cubiertas con bóveda de crucería estrellada cuyos nervios se apoyan en cuatro columnas cilíndricas sobre basa, en la nave central, y sobre ménsulas en las laterales. En la cabecera, un ábside poligonal, y capillas entre los contrafuertes.

Pero si importante es su arquitectura no lo son menos los retablos y obras de arte que se conservan, algunos de ellos, como el de Jerónimo Cosida, restaurados por la Diputación Provincial de Zaragoza.




         Calcena contó también con un elevado número de ermitas y capillas. Entre estas últimas la de la Virgen de las Nieves, que responde a la tipología característica de los “portales” aragoneses y que ha sido restaurada.




         También fue restaurada la ermita de San Roque, a las afueras de la población, aunque acondicionada como refugio. Es de planta rectangular, con cubierta a dos aguas, una pequeña espadaña y un amplio pórtico cubierto. Originalmente disponía de una bóveda encamonada de medio punto que fue demolida y sustituida por un forjado de hormigón. También se eliminó el altar y se colocó una mesa en el centro con bancos a ambos lados.



         A 1.100 metros de altitud se encuentra la ermita de San Cristóbal, destino de una romería que tiene lugar el sábado anterior a la solemnidad del Corpus Christi y desde la que se divisa un impresionante paisaje, con Calcena al fondo.




         Pedro Domínguez Barrios nos facilitó en su momento estas imágenes de su interior, que no conocíamos, en las que puede verse el antiguo retablo, aunque la ermita fue reconvertida en merendero.



         Cuando el Prof. D. Gonzalo Borrás realizó, a instancias nuestras, el inventario del Patrimonio Artístico de Calcena, fotografió en esta ermita una magnífica talla de Cristo Crucificado, cuyo estado de conservación era muy deficiente. Ahora, completamente restaurada, puede contemplarse en la iglesia parroquial.





         Otra ermita, arruinada en su mayor parte pero, todavía recuperable, es la ermita de San José, de la que ofrecemos imágenes de su exterior e interior, con los restos de su retablo.



         De la que ya sólo quedan restos es de la ermita de la Virgen, junto a la carretera de acceso a la población, desde Trasobares, aunque la tipología de su fábrica era interesante, como se deduce de las características del muro conservado.



         Otra ermita desaparecida es la de San Miguel situada en la misma carretera, pero ya dentro del casco urbano. Parcialmente demolida, se mantiene el ábside, destinado a otros usos.




         Allí podía verse la antigua portada en un espacio contiguo e insertado en uno de sus muros una antigua estela funeraria. Había otra en un ribazo próximo.



         La portada fue reinstalada junto a la iglesia parroquial, donde ahora se encuentra, pero desconocemos el destino de esas interesantes estelas.




         Entre los recursos culturales con que cuenta la localidad hay que mencionar el Centro de Interpretación del Parque Natural “Dehesa del Moncayo”, instalado en el edificio de las antiguas escuelas que llevaban el nombre de D. Severino Aznar, el ilustre sociólogo, nacido en Tierga, pero cuya infancia transcurrió en Calcena.




         Dentro de la arquitectura popular, en Calcena, al igual que en otras muchas localidades, se ha conservado y restaurado el antiguo lavadero.



         También cuenta con algunos ejemplos de cabañas de piedra seca y con el llamado puente de Pozos Altos, ubicado en un bello paraje, que daba acceso a un batán del que sólo se conservan algunos restos.






         Finalmente, como muestra de arquitectura industrial, queremos reseñar las minas del barranco de Valdeplata, cuyas instalaciones aún se mantienen parcialmente en pie.

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