jueves, 16 de enero de 2020

Pintadas históricas



         Las pintadas en las fachadas de los edificios, lo que hoy conocemos como grafitos, son un fenómeno antiguo. Cualquiera que recorra las calles de la antigua Pompeya, podrá contemplar las numerosas muestras de esta costumbre en las paredes de sus casas. A través de ellas, los arqueólogos han podido obtener datos de la vida cotidiana de aquella ciudad arrasada por el Vesubio.






         Pero, también era algo habitual en los edificios medievales y, en nuestra zona, se pueden encontrar numerosos ejemplos de este tipo de representaciones en el palacio episcopal de Tarazona o en los de Ambel y Bulbuente, por citar sólo algunos ejemplos.

         Representaciones de barcos, armas, pájaros o datos meteorológicos son temas frecuentes, lo que ha sido objeto de especial atención por parte de los investigadores.



         Sin embargo, en nuestros días, constituye una práctica reprobable, especialmente cuando se realizan en monumentos históricos, como hemos denunciado en varias ocasiones en este blog, y son objeto de sanciones, a veces muy elevadas.





         Nuestra ciudad no ha sido ajena a esta plaga y la ermita de San Jorge, Santa María o la ermita del Calvario han sufrido este tipo de agresiones. En unos casos, fruto de efusiones amorosas y, en otros, como expresión compulsiva de una necesidad de hacerse notar, sin que falten las claramente ofensivas.





         Por otra parte, ha sido un procedimiento habitual, en épocas recientes, para dejar un testimonio de las opciones políticas de quienes las realizaban, aunque esta práctica parece haber decaído.




         Más dañinos eran los actos vandálicos protagonizados por los “quintos” que obligaban al Ayuntamiento a reparar sus consecuencias, sobre todo cuando afectaban al mobiliario urbano o a determinados zonas céntricas, como la plaza del Mercado. En este sentido, es importante resaltar el cuidado que, en los últimos años, ha puesto nuestro Ayuntamiento en borrar muchas de las pintadas del casco antiguo que, al fin y al cabo, tiene la protección derivada de su condición de “Bien de Interés Cultural”. Pero los vándalos siguen dando muestras de su incansable actividad, como puede constatarse junto a la Casa de las Conchas.



         Pero el motivo de este largo preámbulo es para dar a conocer la que, en principio, puede ser considerada la pintada más antigua de Borja. Está en un edificio, frente a la Casa de las Conchas y, en ella, todavía puede leerse “Votad a las Derechas” y fue realizada durante uno de los procesos electorales de la II República, sin que podamos precisar si corresponde al año 1934 o a 1936. El lugar elegido vino determinado porque, en la Casa de las Conchas se encontraba uno de los primeros bares borjanos. Esta manifestación política podría ser incluida entre los testimonios “históricos” del pasado.




         No merece esa consideración esta otra que, por su ubicación en la tapia del convento de la Concepción, sorprende a todos los visitantes que llegan a Borja, constituyendo un detalle de pésimo gusto que debería haberse eliminado, por la propiedad o por quien corresponda, hace ya tiempo.
         Menos mal que no está prevista una erupción volcánica en esta zona ya que, en caso contrario, los arqueólogos del futuro, al descubrir la pintada, podrían sacar la conclusión, muy alejada de la realidad, de esta etapa de los siglos XX y XXI.

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