lunes, 13 de abril de 2020

El volcán Krakatoa ha entrado en erupción


         El pasado viernes, el volcán Anak Krakatoa entró en erupción en Indonesia. La noticia no ha despertado especial interés, debido a las circunstancias que atravesamos y al hecho de que, por el momento, no haya ocasionado víctimas. Sin embargo, el hecho viene a demostrar que las fuerzas incontroladas de la Naturaleza pueden desencadenarse en cualquier momento, obligándonos a reflexionar sobre las limitaciones del ser humano frente a ellas.





         Si en esta ocasión el volcán no ha ocasionado aún víctimas ello se debe a que la isla sobre la que se asienta fue completamente destruida porque en una erupción anterior, acaecida en 1883, destruyó completamente el archipiélago en el que se encuentra. Las autoridades holandesas, a las que entonces pertenecían esas tierras, estimaron en 36.417 los muertos a consecuencia de la erupción y el ruido que provocó fue de tal magnitud que se dice que los marineros que navegaban a más de 20 millas quedaron sordos.



         En 2018 hubo otra erupción no del Krakatoa original sino de otro cono, al que se le denomina Anak Krakatoa (hijo del Krakatoa), el mismo que ahora muestra actividad. En esa ocasión murieron 435 personas en otros lugares, a consecuencia de los tsunamis que provocó.




         Las erupciones volcánicas han sido una constante en la historia. Este verano visitamos las ruinas de Pompeya, arrasada por el Vesubio el 79 d. C.  junto con las ciudades de Herculano y Estabia, provocando la muerte de las cerca de 20.000 personas que residían en ellas.



         El Vesubio está considerado uno de los volcanes más peligrosos del mundo porque sigue activo y sobre todo, porque sus erupciones de carácter piroclástico, con nubes de elevadísima temperatura provocan la muerte instantánea de todos aquellos a los que alcanzas, como ocurrió en Pompeya. A pesar de que no se sabe cuándo se reproducirá un fenómeno de esas características, aunque los vulcanólogos saben que ocurrirá, en torno al volcán viven en la actualidad cerca de tres millones de personas, muchas de las cuales podrían ser potenciales víctimas.



         En 1974 estuvimos en la isla de Martinica, en el Caribe, un territorio francés dominado por la majestuosa cumbre del monte Pelée. El actual aspecto paradisiaco de aquel lugar, realmente bonito, no nos hizo olvidar la tragedia vivida en 1902, cuando el volcán entró en erupción, ocasionando la muerte de miles de personas.




         La ciudad de St. Pierre quedó arrasada y de sus 30.000 habitantes sólo sobrevivieron tres: un zapatero, una niña y un personaje que se hizo famoso, cuya historia nos contaron con detalle.




Era Louis-Auguste Cyparis, encarcelado el día anterior en el angosto calabozo que aparece en la imagen anterior. Había sido condenado a muerte, como autor de un homicidio en el curso de una reyerta y por sus antecedentes. Protegido por la sólida construcción de su celda, tuvo que hacer frente sin embargo a las elevadísimas temperaturas que siguieron a la erupción. Para evitar que se hicieran notar en el interior, orinó en su ropa y tapó la única rendija existente en la puerta. Cuatro días después, escucharon sus gritos y pudieron rescatarle con graves quemaduras que le ocasionaron cicatrices permanentes en su cuerpo.




         Le fue conmutada la pena de muerte y se incorporó al circo Barnum & Bailey en el que era exhibido como superviviente de la catástrofe.
         El artista polaco Rafal Bujnowski (1974) le dedicó recientemente una escultura con su efigie que tiene la particularidad de haber sido realizada en piedra volcánica.

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