domingo, 11 de octubre de 2020

Libros recibidos 355

         La Institución “Fernando el Católico” acaba de publicar Vida y Aventuras Militares del Philo Mathemático de Joachín de la Ripa y Blanque, cuya edición ha corrido a cargo de D. Álvaro Capalvo, autor también del estudio introductorio.

         Notable empresa la de dar a conocer esta interesante biografía que apareció por vez primera en 1745, a partir del ejemplar conservado en la Biblioteca Nacional, viniendo de esta forma a hacer justicia al autor en la tierra en la que nació, donde hasta el momento ha pasado completamente desapercibido.

         Porque Joaquín de la Ripa, aunque nacido en Tudela, de manera circunstancial, era hijo del escultor Domingo de la Ripa, establecido en Tarazona donde fue bautizado Joaquín y donde se alistó en el regimiento de Flandes, hacia 1732, iniciando una carrera militar que le llevó a participar en diversas empresas como la expedición a Orán, en junio de ese año.

         Interesado por las Matemáticas quiso, más tarde, darse a conocer en la Corte como experto en esa ciencia, recurriendo al curioso procedimiento de retar, mediante pasquines, a resolver determinados problemas.

         La biografía, que no tiene desperdicio, finaliza con una “rueda” de elogios a la profesión militar que el autor conocía a la perfección.

         Entre las citas a pie de página se menciona a nuestro Presidente que fue quien facilitó a Álvaro Capalvo el artículo sobre “El desembarco de Orán” que apareció publicado en la Revista General de Marina y del que era autor su compañero el Capitán de Navío D. José Blanco Núñez.

         El rico vocabulario que utiliza de la Ripa es analizado por Capalvo en las correspondientes notas, alguna de las cuales nos atreveríamos a completar. Por ejemplo, cuando el autor hace alusión despectivamente al término “azafranero”, lo relaciona con “mezclar azafrán para teñir”, pero en el ámbito militar se utilizaba ese calificativo para referirse a los asistentes de los mandos, que se servían de las tareas de ese empleo para no combatir y, por extensión, podría aplicarse a lo que hoy conoceríamos como “pelotas”. (Veáse: MARTÍNEZ LÓPEZ, Pedro. Los floroncos de D. Vicente Salvá apuntados en español. París, 1843. 

 

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