El
estudio del libro de la cofradía de la Sangre de Cristo de Mallén,
recientemente adquirido por D. Guillermo Carranza Alcalde, sigue deparando
descubrimientos importantes para la historia de esa localidad. Uno de ellos ha
sido el poder documentar el dance en una fecha tan temprana como 1616, lo que
constituye por el momento la referencia más antigua en Aragón sobre este tipo
de manifestaciones ya que Lucía Pérez García-Oliver, situaba los primeros
dances conocidos en los finales del siglo XVII.
Los
bailes se realizaban a primera hora de la mañana del Domingo de Pascua de
Resurrección, posiblemente durante la procesión. Se interpretaban gambadas,
término de origen italiano, también denominado gambetas. Según el diccionario
de Covarrubias (1611), esa voz que procede de “gamba” (pierna en italiano),
definía a “un género de danza algo
descompuesto, que juegan mucho de perneta”. Otros autores hacen derivar este
baile de la zarabanda, de origen picaresco, y lo sitúan en el siglo XVII. En
cualquier caso, la anotación reflejada en el libro de la cofradía es inequívoca:
“Pagué de las gambadas del día de Pascua 14 sueldos.” (1616).
Los
danzadores o danzantes utilizaban cascabeles en sus trajes. En una anotación,
correspondiente al año 1619, se especifica: “A los danzadores por los
cascabeles 14 sueldos”.
El
baile se hacía al son de una gaita. Son varias las referencias a las cantidades
abonadas al gaitero que les acompañaba. Así, en 1619, se reseña: “Di al gaitero
para la danza de los moços, 1 libra 2 sueldos”.
Covarrubias define la gaita como “instrumento conocido del odre y la
flauta de puntos con los bordones, uno de los que se tañen con aire”.
De esa
misma época tenemos alguna representación iconográfica de músicos con gaita en
localidades muy próximas a nosotros, como Añón de Moncayo, en cuyo retablo de
Nuestra Señora de los Ángeles, aparece un óleo sobre tabla, correspondiente a
la Natividad en la que uno de los pastores está tocando una gaita. El retablo,
recientemente restaurado, está datado en el siglo XVII y, como señala Guillermo
Carranza, si nos fijamos en como coge la
cornamusa el tañedor vemos que era zurdo.
Pero,
en 1619, aparece un pago realizado: “A Martín el Salado por la gaita a la
xitana, 16 sueldos”, además del abonado a otro gaitero “por la danza de los
mozos”. Estamos, por lo tanto, ante dos instrumentos diferentes.
Guillermo
ha encontrado también una alusión, en 1618, al “charamelero”: “Di al
charamelero y por las gambadas de los danzadores 36 sueldos”. Esa palabra, que
no conocíamos, puede referirse a la figura del “gracioso” que apare en los
dances de otras localidades. Lo que no sabemos es si en los dances
interpretados, además de cascabeles se empleaban palos, como en la actualidad,
dado que no hay ninguna mención a ellos en el libro.
Ahora en Mallén, durante
el Domingo de Resurrección ya no existen danzadores, pero la música sigue
estando presente en la ceremonia de las “cortesías” que se llevan a cabo frente
a la iglesia parroquial, un rito de saludo y reverencias entre la Virgen y el
Cristo Resucitado, durante el cual se le quita a la Virgen el velo negro que
cubría hasta entonces su rostro, como expresión de júbilo ante el Hijo
resucitado. Ese encuentro es amenizado por la Escuela de Jota de la localidad.
La investigación
realizada por Guillermo Carranza es de sumo interés para profundizar en el
estudio de los dances de nuestra comarca, de los que, poco a poco, estamos
descubriendo nuevos datos. Algo parecido ha ocurrido en Agón donde el Dr.
Aguilera Hernández acaba de encontrar referencias muy antiguas al dance en esa
localidad, de las que informaremos tan pronto nos los facilite.
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