Heraldo de Aragón publicó el pasado domingo un artículo de Jorge Zorraquín, resaltando la importancia de la producción del cáñamo bilbilitano y su empleo para la fabricación de jarcia para los buques.
En el mapa de 1749 que lo ilustraba se hacía mención también a Borja, donde la producción de cáñamo se evaluaba en 10.000 arrobas, frente a las 50.000 de Calatayud o las 11.000 de Tarazona.
Es conocida la
importancia que este cultivo tuvo en el pasado que, junto al del lino, completaba
ese esquema de policultivo que compartía con la vid, el olivo y los cereales,
sin olvidad la producción de las huertas, donde la borraja llegó a ser
considerada la mejor del reino.
En otras
ocasiones dimos a conocer alguna de las albercas que aún se conserva,
imprescindibles para la elaboración del cáñamo, en torno al cual floreció una
industria artesanal constituida por alpargateros y sogueros, entre otros.
Pero,
posiblemente, esas 10.000 arrobas antes mencionadas no podían ser absorbidas
enteramente por los talleres locales, siendo probable que, como en el caso de Calatayud,
fueran adquiridas por la Armada.
El cáñamo aragonés era muy apreciado para elaborar las
jarcias de los buques. Solía adquirirse en bruto y elaborado en las factorías
que tenía la Armada. Conviene recordar que hay dos tipos de jarcia: la de
labor, constituida por todo ese cordaje con el que se mueven las vergas e izan
las velas. Cada uno con nombre propio y fijas a los cabilleros.
La otra es la
jarcia firme, constituida fundamentalmente por los obenques que sujetan los
palos, cruzados por los flechastes que, como si fueran una escala, permiten
acceder a las cofas.
De ahí que,
cabe la posibilidad, que el cáñamo borjano terminara formando parte de la
arboladura de nuestros buques.






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