Estaba anunciado para las ocho de la tarde el encendido de la tradicional hoguera de San Antón en la plaza del Mercado y unos minutos antes hizo acto de presencia un tractor, llevando en su remolque una gran carga de cepas.
Había llovido
algo, con anterioridad, y los más pesimistas dudaban que prendiera el fuego,
pero lo hizo con gran rapidez, cobrando fuerza la hoguera, conforme iban
arrojando más “combustible”.
Pronto de
fueron congregándose en torno a ella numerosas personas, a la espera de que
comenzara el reparto de las patatas asadas que, con un vaso de vino, es costumbre
ofrecer a todos los asistentes.
En los porches
de la plaza estaban dispuestas las mesas, en las que efectúa ese reparto. Hay
que tener en cuenta que las patatas llegan ya asadas del horno y, según nos han
informado, las de este año eran de extraordinaria calidad.
Volvimos más tarde, cuando ya estaba finalizando el reparto, aunque quedaban abundantes patatas y, por supuesto vino.
Había quienes,
en agradable tertulia, pues la noche lo permitía, esperaban que la hoguera se
consumiese para, en sus brasas, asar diversos productos que se suelen repartir
en forma de bocadillos buenísimos.









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