En el programa editado por la cofradía de San José, con motivo de la fiesta de su titular, aparece un lienzo de la parroquia de Aniñón, representando la muerte de San José. Pero, en Borja, hay otro con la misma temática, no excesivamente frecuente, sobre el que queremos llamar la atención, dado que, por su deficiente estado de conservación, sería conveniente restaurar.
Se encuentra en
la capilla dedicada al Santo Patriarca, en la iglesia del Santuario de Misericordia,
cuya ubicación señalamos con una flecha. Sin embargo, como ha podido documentar
el Dr. D. Alberto Aguilera, inicialmente tuvo a San Miguel como titular.
Hacia 1670
comenzó a instalarse el retablo que fue sufragado por D. Pedro de Aibar y su
esposa Dª Josefa de Charre, ambos infanzones, aunque mercader de profesión. Al
año siguiente donaron una lámpara de plata, y su generosidad fue recompensada
por el capítulo ya que, el 6 de octubre de 1673, la citada capilla era cedida y
traspasada a la familia Aibar, quedando bajo su patronato y como lugar de
enterramiento. De hecho, los fundadores están sepultados al pie del retablo.
Se trata de un
retablo barroco dorado y policromado, de un solo cuerpo, rematado por un ático
a cuyos lados se encuentran las armas de los fundadores. A la izquierda el de
los Aibar y a la derecha el de los Charre.
En las paredes laterales existieron
dos lienzos de indudable interés ya que, en ellos, aparecen representados varios
miembros de la familia. Uno de ellos fue retirado y se conserva en la sacristía,
de donde sería conveniente devolverlo a su emplazamiento original.
El Dr. Aguilera Hernández, a partir de los datos obtenidos en el Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Borja, ha reconstruido la historia de la familia que renovó la capilla.
Como hemos dicho, fue el matrimonio
Aibar-Charre, quien encargó el retablo. Tuvieron dos hijos: la mayor fue María
Isabel Aibar que contrajo matrimonio con D. Atilano Guzmán. El menor fue D.
Pedro Pablo Aibar, casado con D. Ana María Marco, de cuya unión nacieron D.
José Aibar Marco y Dª Catalina Aibar Marco.
En el
testamento de D. Pedro Pablo, otorgado el 11 de septiembre de 1684, y
localizado ahora por el Dr. Aguilera, se dispone: “Quiero y es mi voluntad que
mis executores infrascriptos tomen de mis bienes y hazienda la cantidad de
dinero que fuere necesario para hacer dos quadros para los dos colaterales de
la dicha capilla de Nuestra Señora de Misericordia, y en ellos se retrate lo
que a dichos mis executores pareciere”.
Lo que decidieron fue colocar en
uno de ellos el retrato de D. Pedro Pablo junto con el de su hija Dª Catalina
(el que se conserva en la sacristía) y, en el otro, a la madre Dª Ana María
Marco con el hijo mayor D. José, que es el que puede verse a la derecha del
retablo. Este último viste casaca militar y lleva en su mano derecha un clavel
rojo.
El lienzo
titular, objeto de este artículo, representa la muerte de San José. El santo
patriarca, tumbado en el lecho tiene a su lado a su esposa, María, y a Cristo
al que tiende sus manos. Según una piadosa tradición, San José murió antes de
que Jesús iniciara su vida pública y tuvo la fortuna de contar con su ayuda en
ese trance. En el cuadro puede verse al Señor señalando con su mano derecha al
cielo que se abre, mostrando la imagen del Padre que se dispone a recibir el
alma de San José.
Este tema del
“tránsito de San José”, aunque no es extraño en la iconografía del patriarca,
tampoco es excesivamente frecuente por lo que hay que pensar que su elección
responde a una intencionalidad relacionada con la condición de la capilla como
lugar de enterramiento, pues no hay que olvidar que San José es considerado Patrón
de la Buena Muerte.
En la imagen se
aprecian las numerosas craqueladuras y el oscurecimiento de los barnices, que le
hacen pasar desapercibido, a pesar de su interés. De ahí, nuestro interés en
que sea restaurado y nos gustaría que la financiación corriera a cargo de
aportaciones privadas, especialmente de todo aquellos que deseen encomendarse
al Santo Patriarca para gozar, como él, de una Buena Muerte. Posiblemente,
seamos unos ilusos, pero merece la pena intentarlo, para lo que se requiere
disponer del correspondiente presupuesto y, si es necesario, recurrir a un sistema
de micromecenazgo, que tanto éxito está teniendo en otros lugares. En su solemnidad
nos encomendamos a San José.

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