Otro de los cuadros genealógicos, dibujados por D. Carlos Sánchez del Río Peguero, que conservamos en el Centro, es el que establece la relación de la familia Sánchez del Río, con el obispo borjano fray Juan López de Caparroso.
En este caso, va
acompañado por un retrato del obispo, que mandó hacer D. Carlos, inspirado en
el que existía en la capilla de los Mártires de la colegiata de Santa María,
que ahora se exhibe en el Museo de la Colegiata.
Fray Juan López
de Caparroso fue un obispo dominico borjano que pertenecía a una ilustre
familia navarra, establecida en nuestra ciudad en el siglo XV. Probablemente,
el primero que residió aquí fue D. Juan López de Lerga, natural de Caparroso,
que había probado su infanzonía en 1439. Un hijo suyo, Martín López de
Caparroso, casó en Borja, hacia 1465 con Dª María de Aguilar y Coloma y
tuvieron varios hijos, el mayor de los cuales fue D. Juan López de Caparroso,
abuelo del obispo.
La familia
tenía su casa en el lugar donde, más tarde se levantó la Casa Consistorial.
Allí nació el padre del obispo que también se llamó Juan como el abuelo y que
contrajo matrimonio con D. Gracia Vicente de Veráiz, en 1532.
Nuestro
personaje era el cuarto hijo de este matrimonio. Sus biógrafos le han venido
atribuyendo como año de nacimiento el de 1524, por lo que, teniendo en cuenta
de que falleció en 1631, sería el borjano más longevo de la historia. Pero, lo más
probable, teniendo en cuenta el año en que se casaron sus padres, es que
naciera en 1542 y que todo se deba a un error mantenido, cambiando “1542” por
“1524”.
Siendo muy
joven, sintió la llamada de Dios y decidió profesar en el magnífico convento de
San Pablo que la Orden de Predicadores tenía en Valladolid, de la que llegó a
ser Predicador General. En 1595, fue promovido por Felipe II para ocupar la
sede episcopal de Crotona, en la Calabria italiana, de donde pasó, en 1596 a la
sede de Monopoli, una ciudad de la Apulia, que también pertenecía al reino de
Nápoles, a la que renunció en 1608, debido a su avanzada edad y a su delicado
estado de salud. Tras su regreso a España, falleció en el convento de
Valladolid, en 1831.
Para Borja, D. Juan López de Caparroso
fue un hombre importante, pues a su munificencia se debió la transformación de
la antigua ermita de Misericordia en el templo que ahora conocemos, donde
construyó, asimismo las cuatro capillas existentes. También financió la
edificación de todas las habitaciones de la planta inferior de El Caserón.
Pero, de manera
especial, se le recuerda por el gran conjunto de reliquias que envió a nuestra
ciudad, desde Italia, reunidas en un gran retablo que, ahora, puede
contemplarse en la primera capilla, junto al presbiterio, de la colegiata.
Sin embargo, el
retablo se encontraba originalmente en la capilla que mandó construir su
familia, posiblemente para que allí fuera enterrado. Oculta junto al retablo,
es uno de los espacios más importantes del templo, con una espectacular cúpula,
con yeserías policromadas.
Allí se encontraba
su retrato, en un lugar timbrado con sus armas episcopales, las mismas que
aparecen en el cuadro de D. Carlos Sánchez del Río. Fue, además, un destacado
escritor y, en nuestro Centro, conservamos ediciones facsimilares de varias de
sus obras.
Por todo ello, resulta llamativo
que Borja no haya dedicado nunca un recuerdo a la figura de este ilustre hijo,
aunque probablemente fue lo mejor que le pudo ocurrir, para no verse despojado,
como otro “Hijo Predilecto” de los honores que, en su momento, le fueron
concedidos.
Pero, volviendo
al cuadro que ha motivado este artículo, podemos ver en él que fray Juan tuvo
dos hermanas, conocidas en Borja como “Las Caparrosas”. La mayor era María, de
la que descienden los marqueses de Montesa, herederos de la capilla, que
mandaron embellecer y cuyas armas aparecen en las pechinas de la cúpula.
De la menor,
Lucrecia, descienden, por un lado los Sánchez del Río y, por otro, fray Martín
de Vera Achurriaga y López de Caparroso, abad de Veruela, al que, probablemente,
dedicaremos otro comentario.




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