domingo, 2 de septiembre de 2012

Paula Andía en el Museo "Baltasar González" de Borja



            El Museo “Baltasar González” es otro de los espacios culturales de Borja. Se encuentra ubicado en el que, sin duda, es el edificio más antiguo de la ciudad. Restaurado hace años por el M. I. Ayuntamiento, aunque lleva el nombre de “museo” está dedicado a exposiciones temporales, aunque existe el proyecto de dedicarlo, permanentemente, a la obra del gran pintor borjano que le da nombre.





            Construido en el siglo XV, sus muros eran de tapial enlucido y esgrafiado, a diferencia de la mayor parte de las casas del casco antiguo que son de ladrillo visto. En la restauración aparecieron restos de las antiguas ventanas de la planta superior.






Las estancias de sus dos plantas están cubiertas por alfarjes sobre zapatas góticas, aunque no aparecieron testimonios de que estuvieran policromadas.





            Entre otros restos de interés, destaca también la pequeña celosía mudéjar conservada en la escalera de acceso a la planta principal.
            En este escenario, tienen lugar diversas exposiciones, a lo largo del año. Recientemente, dimos cuenta en este mismo blog de la dedicada a Emilio del Caso. Ahora, se anuncia la inauguración, para el próximo viernes día 7, de otra exposición que, en este caso, tendrá como protagonista a la artista Paula Andía Val, de la que informaremos en su momento.


La Heráldica, una disciplina olvidada



            Recientemente tuvimos la oportunidad de visitar La Almunia de Doña Godina, una localidad situada a 40 kilómetros de Borja que conserva un significativo conjunto de edificios monumentales, entre los que destacan los que pertenecieron a la Orden de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta de la que La Almunia fue cabecera de una encomienda.





            Junto a la antigua casa conventual y los restos del antiguo hospital, que aparecen en la primera fotografía, se encuentra también la iglesia de la Orden. En todos ellos aparecen unas interesantes piezas heráldicas, algunas de las cuales han merecido la atención de los especialistas.






            Las más antiguas son las que se encuentran sobre la puerta de la casa conventual de las que, en un cartel informativo situado en la fachada, se ofrece una sorprendente explicación.





            Textualmente se señala: “Sobre el arco apuntado, dos escudos encolados: uno es el símbolo de San Juan Evangelista, el águila, y el otro una cruz blanca”. Se da la circunstancia de que esa cruz recta de plata sobre campo de gules ha sido utilizada por la Orden a lo largo de toda su historia. Es la que, en la actualidad, figura en lo que se llama “bandera de Estado” y suele aparecer en las armas de los Grandes Maestres. La confusión con la cruz de ocho puntas de plata sobre campo de gules llega al extremo de que, en un municipio cercano, se sustituyó recientemente la bandera con la cruz recta que aparecía en sus armas tradicionales por otra con la de ocho puntas, para resaltar “su relación con la Orden de Malta” de la que, también, había sido cabecera de encomienda.
            Respecto al águila, esta pieza nunca ha sido utilizada en la heráldica de la Orden, aunque sí aparece en las armas de determinados caballeros e, incluso, de algunos de sus Grandes Maestres. Nuestros limitados conocimientos en esta materia nos impiden precisar a quién pudiera corresponder, aunque es lógico suponer que fuera un personaje destacado relacionado con la época de construcción del edificio.





            En esa misma fachada aparecen estos dos escudos de los que en la cartela antes citada se afirma: “los otros dos son posteriores, corresponden sin duda a miembros de la Orden”. En esto aciertan plenamente ya que el que aparece a la izquierda de la fotografía es el del Gran Maestre Jean Parisot de La Valette.





            Jean de Valette, apodado Parisot había nacido en Quercy (Francia) en torno a 1494. Tras una brillante carrera naval fue elegido Gran Maestre en 1557. Ha pasado a la Historia por ser el artífice de la victoria durante el Gran Sitio de Malta por los turcos, en 1565. Fue el constructor de la capital de la isla, La Valetta, a la que se dio su nombre. Murió en 1568. Por lo tanto, durante el periodo en el que estuvo al frente de la Orden (1557-1568) hay que situar las obras de reforma realizadas en la casa de La Almunia.





El otro escudo plantea más problemas. En principio parece el de un comendador pues lleva en jefe la cruz recta de la Orden, como es habitual. Pero, las otras piezas son curiosas, un rastrillo de sable y un muro de oro. Hace dos años, en un blog de heráldica (http://heraldicacatalana.blogspot.com.es) se decantaban por atribuirlas a doña Ana Francisca Abarca de Bolea y de Mur, de la que afirmaban que había sido abadesa de Sigena, un monasterio femenino perteneciente a la Orden de Malta.
Al margen de otras cuestiones, entre ellas la remota posibilidad de que una abadesa adoptase en sus armas la cruz propia de los comendadores, se da la circunstancia de que doña Francisca nació en 1602 y falleció en el monasterio de Casbas, donde había profesado y del que fue abadesa, en 1685. Este monasterio era cisterciense, por lo que la citada señora no tuvo ninguna relación con la Orden de Malta. Por otra parte, no fue coetánea del Gran Maestre La Valette, por lo que es razonable suponer que las armas objeto de este comentario corresponden a un comendador de La Almunia, en el periodo comprendido entre 1557 y 1568. Si el rastrillo es el mueble propio de los Bolea, el citado comendador pudo pertenecer a esa familia.





            También son muy interesantes las armas que aparecen sobre la entrada de la antigua iglesia. En el centro se encuentra la cruz de ocho puntas (plata sobre gules) que la Orden de Malta situaba en sus templos y, en la actualidad, es el distintivo de sus obras asistenciales.
            El escudo de la izquierda es el del Gran Maestre Frey Ramón Perellós Rocafull, uno de los españoles que alcanzaron esa dignidad. Había nacido en Valencia en 1637 y fue elegido Gran Maestre en 1697, falleciendo en Malta en 1720. Por lo tanto, el periodo comprendido entre 1697 y 1720 es el que no sirve para datar el edificio.






            Los Perelló de Valencia usaban por armas tres peras de sable sobre campo de oro que son las que aparecen en el escudo de este retrato del Gran Maestre, el mismo que aparece en La Almunia.





            El otro escudo corresponde a un caballero de la Orden ya que lleva la cruz de Malta acolada, como es habitual entre sus miembros. Sin embargo, está timbrado con corona de características similares a las del Gran Maestre, algo llamativo salvo que se tratara de nobleza titulada.
            Estas reflexiones, desde la óptica de un profano en estas materias, viene a resaltar la importancia que la Heráldica tiene en los estudios históricos y artísticos y la necesidad de contar con especialistas en esta materia. Puede resultar sorprendente que no dispongamos, por ejemplo, de trabajos minuciosos sobre los armoriales de los abades de los más señalados monasterios aragoneses o, para el caso concreto que nos ocupa, sobre los comendadores de las encomiendas de la Orden de Malta, a pesar de que se conservan numerosos escudos de armas de los mismos.

sábado, 1 de septiembre de 2012

El Museo Arqueológico, otro importante museo de Borja




            Inaugurado en mayo de 2007, el Museo Arqueológico de Borja está ubicado en la antigua iglesia de San Miguel que fue restaurada por el M. I. Ayuntamiento de la ciudad y convertida en museo para exhibir la colección de piezas arqueológicas reunidas por el Centro de Estudios Borjanos.





            En su origen fue un templo románico cuyas características han podido ser conocidas a través de los restos existentes y de los que aparecieron en las obras de rehabilitación.





            De la primitiva iglesia se conserva la cabecera con el ábside de mampuesto y modillones de piedra sobre los que se asienta un alero posterior de doble teja.





            Fue transformado en el siglo XIV, cuando se edificó la actual nave con cubierta de madera a dos aguas sobre arcos diafragmas. El edificio fue declarado Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés y también conserva restos de su torre mudéjar.





            Especial interés tiene la gran celosía del hastial que fue construida en 1608 que cerraba el coro desde el que las religiosas del contiguo convento de Santa Clara seguían los oficios religiosos hasta que dispusieron de templo propio.






            También conserva algunas pinturas murales en sus capillas, con figuras de dragones en los nervios.







            Tanto en la nave del templo como en las capillas se disponen las vitrinas a través de las cuales puede efectuarse un recorrido, desde el Paleolítico hasta la época medieval, con amplia información de cada uno de los períodos.
            Entre las piezas exhibidas destaca el entalle romano adoptado como logotipo del museo que representa a Ganímedes, con un águila como cimera y que es una obra de singular belleza.



 
 

            Es imposible detallar la importancia de sus fondos. Mostramos aquí un vaso campaniforme, encontrado en Bisimbre, y esta pequeña figurilla de carnero de la I Edad del Hierro.






            En una de las vitrinas dedicadas a la época celtibérica, se puede ver este símbolo de la élite ecuestre, aparecida en Bursau. En otra se muestran los distintos tipos de acuñaciones que se realizaron aquí, junto con ejemplares de denarios de planta, de distintas cecas que formaron parte del llamado “tesorillo de Borja”, encontrado a comienzos del siglo XX.





            Entre las piezas de época medieval, merece destacarse este fragmento ricamente decorado que pudo pertenecer al mirhab de la mezquita de la Borja musulmana.
            El museo ha restaurado la práctica totalidad de las piezas expuestas y realiza una constante labor de investigación que se da a conocer a través de la revista Cuadernos de Estudios Borjanos.
            Estamos, por lo tanto, ante una institución que al interés arquitectónico del edificio que la acoge viene a unir la importancia de sus fondos, lo que la convierten en lugar de visita obligada.

Hoy comienzan las fiestas de Tabuenca



            Hoy, día 1 de septiembre, comienzan las fiestas que la localidad de Tabuenca dedica a su Patrona, la Virgen del Niño Perdido. Reproducimos la portada del programa que ha tenido la amabilidad de remitirnos su Alcaldesa Dª María Ángeles Lanzán Chueca.





            En esta jornada se conmemora el Día de los Mártires, porque Tabuenca se honra con el hecho singular de que tres de sus hijos hayan alcanzado la gloria de los altares. El primero de ellos fue fray Martín de San Nicolás, un agustino descalzo martirizado en Nagasaki (Japón) el 11 de diciembre de 1632, siendo beatificado por S. S. Juan Pablo II el 23 de abril de 1989. El Centro de Estudios Borjanos le dedicó una lápida en el lugar donde estuvo situado el convento que los agustinos tenían en nuestra ciudad y en el que ingresó el beato.






            Los otros dos son los hermanos Tomás y José María Cuartero Gascón, religiosos pasionistas, nacidos en Tabuenca en 1915 y 1918, respectivamente. En 1936 se encontraban destinados en la casa que la orden tenía en Daimiel (Ciudad Real), donde se preparaban para ser misioneros. El 23 de julio de ese año fueron fusilados en Manzanares pero los hermanos Cuartero lograron sobrevivir. Tras ser ingresados en un hospital, volvieron a ser fusilados el 23 de octubre de 1936 con otros compañeros. José María era el más joven de todos, pues acababa de cumplir 18 años. Fueron beatificados por S. S. Juan Pablo II el 1 de octubre de 1989.





            El día central de las fiestas será el sábado con la procesión y Misa solemne en honor a la Virgen del Niño Perdido. Por la tarde de ese día, tendrá lugar la tradicional subasta de palos, hachas y estandartes.






            El programa preparado para estos días cuenta con numerosos alicientes que justifican la visita a una localidad en la que puede visitarse un interesante Museo Etnológico y el único molino de viento existente en esta zona.





            Por otra parte, la Casa Consistorial es un hermoso edificio que fue restaurado hace unos años y, en cuya fachada, destaca la triple serie de arcos, cuyo número se va doblando en altura.
            Sin duda alguna, el acto que más interés despierta es el Concurso Internacional de Comedores de Albóndigas que alcanza su VII edición. También hay un concurso de vinos artesanos con el que se pretende potenciar la elaboración de esto caldos en las típicas bodegas que, en Tabuenca, están excavadas en el cerro del Calvario, lugar en el que estuvo ubicado un poblado de la I Edad del Hierro del que se conservan restos significativos.

viernes, 31 de agosto de 2012

El otro Ecce Homo y los museos de Borja



            El pasado día 25, en un reportaje emitido en el Telediario de la primera cadena, a las 21 horas, (http://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/telediario-21-horas-25-08-12/1513609/) (minuto 26,50) el Presidente del Centro de Estudios Borjanos destacó la importancia del Museo de la Colegiata de Borja y del otro Ecce Homo que puede admirarse allí.






            En concreto, se trata de una interesante talla, de autor desconocido, que fue donada a la colegiata, mediante legado testamentario, por las hermana López de Borja y que, en la actualidad, se exhibe en la Sala III del museo.





            En esa misma sala pueden admirarse otras obras relacionadas con la Pasión de Cristo, de gran calidad. Una de ellas es esta Piedad del siglo XVI.






            También de gran interés es este Cristo yacente, en terracota, que fue realizado por el escultor bilbilitano Gregorio de Messa, a comienzos del siglo XVIII, para la ermita del Sepulcro de Borja.





            Pero, sin duda, entre los fondos del museo destaca un excepcional conjunto de tablas góticas, pintadas por los hermanos Zahortiga en 1460, que formaban parte del retablo mayor de la colegiata hasta que, en el siglo XVII, fue sustituido por el actual retablo barroco, encargado a los hermanos Messa.





            Afortunadamente, las tablas han llegado hasta nuestros días y, tras su restauración, constituyen el núcleo fundamental de este importante museo que las muestra en las Salas IV y V del mismo. En ellas están representadas distintas escenas de la vida de la Virgen que, a su interés religioso, unen su condición de testimonio de la época en la que fueron pintadas, desde la óptica de unos pintores que eran de origen judío.






            Pero, a lo largo de las distintas salas de sus tres plantas, el museo ofrece otros muchos alicientes. Instrumentos musicales, cantorales, escultura, orfebrería, libros y ornamentos religiosos nos ofrecen una espléndida visión de patrimonio artístico de la antigua colegiata con elementos singulares, como el único ejemplar existente de una de las ediciones del Mapa de Aragón, que el cosmógrafo portugués Juan Bautista Labaña llevó a cabo por encargo de los diputados del reino.





            Todo ello se articula en torno al patio de este edificio, construido en 1560 como sede del hospital Sancti Spiritus, con cuatro columnas anilladas, características de los patios del renacimiento aragonés, en una de las cuales pueden verse las primitivas armas de la ciudad.





            El museo ha llevado a cabo, con ayuda del Gobierno de Aragón, de la Diputación Provincial de Zaragoza, del Ayuntamiento de Borja y de la Diócesis, un amplio programa de restauración de sus fondos. Ha editado, además una serie de publicaciones, con la colaboración del Centro de Estudios Borjanos y realiza diversas actividades, entre las que destacan las visitas guiadas para alumnos de los centros docentes.





            Pero el Museo de la Colegiata no es el único existente en Borja, ya que cuenta también con un importante Museo Arqueológico, instalado en la antigua iglesia de San Miguel, al que dedicaremos un artículo posterior.