Estamos conmemorando el centenario de una de las gestas más importantes de la Aviación Militar española: El vuelo del hidroavíón “Plus Ultra”, que se inició en el puerto de Palos de Moguer (ahora de la Frontera), el 26 de enero de 1926, para finalizar en Buenos Aires el 10 de febrero, tras cubrir las siete etapas previstas. En total, 10.270 kilómetros, cubiertos en 59 horas y 30 minutos de vuelo, con los que se batió el récord del mundo.
El protagonista
era este hidroavión Dornier Do J “Wal”, de 16,25 metros de longitud y
1,75 metros de altura, con dos motores de 450 caballos capaces de desarrollar
una velocidad de crucero de 180 kilómetros por hora, cargado de 3.900 litros de
combustible, un peso total de 6.800 kilos y con una autonomía de vuelo de diez
horas.
Lo que pocos
conocen es que, a pesar de contar con importantes apoyos oficiales, el avión
tuvo que ser adquirido por Ramón Franco, que tuvo que abonar 300.000 pesetas,
una auténtica fortuna para la época.
A bordo
viajaban el comandante Ramón Franco Bahamonde, hermano del anterior Jefe del Estado,
que era el piloto. Como observador y navegante iba el capitán Julio Ruiz de Alda
Miqueleiz. La Armada envió a otro aviador, el Teniente de Navío Juan Manuel Durán
González y completando la dotación iba el soldado mecánico Pablo Rada Ustárroz.
Ramón Franco
era el hermano menor de Francisco Franco. Había nacido en Ferrol el 2 de
febrero de 1896, por lo que cumplió los 30 años a bordo del “Plus Ultra”. En
1911 ingresó en la Academia de Infantería de Toledo y, en 1920, pasó a la
Aeronáutica Militar, obteniendo el título de piloto, distinguiéndose en la Guerra
de Marruecos, llegando a ser recompensado con la Medalla Militar individual.
Tras el vuelo
del “Plus Ultra”, que tanta popularidad le reportó, quiso organizar otro raid,
que partiendo de Los Alcázares iba a llegar a Nueva York, pero una avería a la
altura de las Azores lo frustró.
Su oposición a
la dictadura de Primo de Rivera y su oposición a la monarquía, le llevaron a
protagonizar una sublevación, tras la que tuvo que exiliarse en Francia, donde
se inició en una logia masónica. Al proclamarse la II República, pudo regresar,
siendo rehabilitado y nombrado Director de la Academia Aeronáutica, pero terminó
abandonando el Ejército para dedicarse a la política, llegando a ser elegido
Diputado a Cortes por Barcelona. En 1933 regresó al Ejército y fue nombrado
Agregado Aéreo en la embajada de España en Washington.
Allí se
encontraba al inicio de la Guerra Civil. Quiso incorporarse a las filas
republicanas, pero no contó con el beneplácito gubernamental, por lo que se
trasladó a Portugal. Allí, al enterarse del asesinato de su amigo y compañero
Ruiz de Alda decidió pasar a la zona nacional, donde su hermano, ya
Generalísimo de los Ejércitos, lo ascendió a teniente coronel y le dio el mando
de la base de hidroaviones de Pollensa.
En octubre de
1938, pilotando un avión con el que se disponía a bombardear Barcelona, murió
al estrellarse contra la mar. El accidente dio origen a numerosas conjeturas,
ante la posibilidad de que hubiera sido provocado.
Julio Ruiz de
Alda había nacido en Estella el 7 de octubre de 1897, por lo que, en el momento
de participar en el vuelo tenía 28 años. En 1913 ingresó en la Academia de
Artillería de Segovia con el número 1 de su promoción. En 1922, realizó el
curso de observador aéreo en Cuatro Vientos. Cuando viajó en el Plus Ultra no
era piloto, sino observador. Obtuvo el título de piloto más tarde.
Tras la proclamación
de la II República, sus opiniones políticas se fueron radicalizando y fue, con
José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española. El 14 de marzo de 1936
fue detenido junto con todos los responsables de Falange y encarcelado en la
Modelo de Madrid. Allí, el 22 de agosto, fue fusilado en la propia cárcel.
Juan Manuel
Durán había nacido en Jerez de la Frontera en 1899 y, en 1916, ingresó en la
Armada. Pertenecía a la primera promoción de la Aeronáutica naval y pronto se
convirtió en un experto piloto. Cuando embarcó en el Plus Ultra era Teniente de
Navío y, por supuesto, tenía el título de piloto.
Desembarcó en Cabo Verde, al
finalizar la primera etapa del raid, con el objetivo de aligerar peso. A pesar
de ello, participó de la gloria y en buena parte de los homenajes tributados a
sus compañeros, aunque en julio de ese mismo año, cuando contaba 26 años,
falleció en el transcurso de una exhibición aérea en Barcelona.
El cuarto
tripulante era un simple soldado, Pablo Rada Ustárroz, nacido en Caparroso el
30 de junio de 1901. Desde muy temprana edad se distinguió por sus ideas
radicales, muy próximas al comunismo, llegando a ser detenido.
Fue llamado a
filas con 23 años, por tener a un hermano destinado en Áfríca. Obtuvo una plaza
de mecánico de Aviación en Getafe, destacando por su habilidad. Conoció a Ramón
Franco, con el que participó en varias acciones de guerra, llegando a solucionar
problemas muy graves y resultando herido.
Entre Franco y
Rada se estableció una relación muy fuerte, hasta el punto de que el primero pensó
en él para formar parte del histórico vuelo. La elección resultó afortunada
pues Rada tuvo que hacer frente a la avería de uno de los motores y otros
percances.
Pero, además,
la influencia del joven navarro sobre su comandante llegó más lejos, pues, en
opinión de algunos, fue quien propició la radicalización de Franco. De hecho,
le acompañó en su exilio francés y allí quiso ser iniciado también en la misma
logia, pero la víspera de la ceremonia, encontraron a Rada en actitud “cariñosa”
con la esposa del máximo responsable de la logia.
Ramón Franco
fue el padrino de su boda con María Luqui Lapuerta (también de Caparroso),
celebrada el 27 de diciembre de 1926, con la que tuvo dos hijos, aunque se divorciaron
más tarde, a petición de ella.
Participó en la
Guerra Civil, como oficial de aviación en el bando republicano y,
posteriormente se exilió, con sus hermanos, a Francia, Colombia y Venezuela.
Pidió regresar a España en 1969 (con el empleo de comandante) y Franco lo
autorizó por razones humanitarias, así como su ingreso en el Sanatorio de Marina
de Los Molinos, donde falleció el 18 de mayo de ese mismo año, siendo enterrado
en el cementerio de ese establecimiento hospitalario, del que tantos recuerdos
guardamos.
A todos los mencionados, la gesta les deparó una enorme popularidad en su momento. En Brasil y Argentina fueron recibidos por multitudes enfervorizadas. Todos ellos recibieron distinciones y homenajes. Les fueron dedicadas calles y monumentos porque el vuelo tuvo una enorme repercusión.
Alfonso XIII donó el avión a la
Armada Argentina (¿Pero no era de Ramón Franco?) y sirvió como avión correo
hasta ser retirado del servicio. Actualmente se exhibe en el Complejo
Museográfico Provincial «Enrique Udaondo» de la ciudad de Luján, pero no es el
original, sino la reconstrucción realizada en España en los años 80 (primera
foto). Otra réplica puede verse en el Museo de Aeronáutica y Astronáutica, en el
aeródromo de Cuatro Vientos (segunda foto).
El hecho de que,
tanto Ruiz de Alda como Rada fueran navarros provocó el que les fueran
dedicadas algunas jotas de esa región. Una de ellas la popularizó Raimundo
Lanas, al que ayer dedicamos un artículo. Su texto era el siguiente:
“Franco llevaba
el volante,/ Ruiz de Alda lo guiaba/ y al compás de los motores/ Rada la jota
cantaba”. En este enlace, pueden escuchar dos de las jotas del ruiseñor de
Navarra; una es “Quisiera volverme yedra” y la otra la dedicada a Rada.
También Carlos
Gardel les dedicó un tango, con letra de los españoles Nieto y Molina, titulado
“La gloria del águila”, que pueden escuchar en este enlace, con imágenes muy
bonitas.











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