Heraldo de Aragón publicó ayer, tanto en su edición en papel, como en la digital, un bonito reportaje, con el título de “El primer aragonés en un Mundial: Pepe Nogués, el portero que libro La Batalla de Florencia”, firmado por Arturo Sisó, que estuvo en Borja para documentarse y aquí se entrevistó con Margarita Yoldi, sobrina del mítico portero borjano.
Por
ello, hemos querido recordar el artículo que publicamos en este blog, hace más
de 10 años, dentro de una serie dedicada a los deportistas de nuestra ciudad.
Lo encabezábamos con esta imagen en la que aparece vistiendo la camiseta del
Barcelona C. F. en el que militó.
De Juan
José Nogués Sanmartín, el famoso guardameta se conservan otras muchas imágenes,
la más importante de las cuales corresponde al retrato que, en 1930, le realizó
D. Baltasar González, que incluimos en el catálogo de sus obras que publicó el
Dr. D. Juan Carlos Martínez Calahorra.
Nogués
había nacido en Borja el 28 de marzo de 1909 y, desde pequeño, destacó por sus
portentosas facultades atléticas. Por eso, cuando en 1923 se fundó el primer
equipo de fútbol local, fue uno de los primeros que se incorporaron al mismo
como extremo derecho. Sin embargo, al lesionarse el meta titular, Nogués le
reemplazó y desde ese momento jugó siempre como portero.
En la
temporada 1928-1929, percatándose de su valía lo fichó el Patria de Zaragoza, un equipo que, al fusionarse con el Iberia, dio origen al Real Zaragoza.
En la
temporada de 1929-30 pasó al Barcelona C. F. como sustituto del legendario
Platko, donde llegó a convertirse en el jugador que más partidos disputó en
competiciones oficiales, por encima incluso de Samitier, pues llegó a defender
la portería azulgrana en 285 ocasiones, convirtiéndose en uno de los grandes
guardametas de una época en la que destacaba la figura excepcional de Ricardo
Zamora.
No es de
extrañar, por lo tanto, que Amadeo García Salazar lo convocara para formar
parte de la selección que participó en el Campeonato Mundial de Italia, en
1934, donde disputó su primer y único partido como internacional, por lesión
del titular, que era Zamora.
Fue con
ocasión del partido contra la selección anfitriona, Italia. Un encuentro
durísimo jugado en presencia de Mussolini, en el que Giuseppe Meazza le marcó
un gol, tras cargar y obstaculizarle. El árbitro no se atrevió a pitar la falta
y dio como válido el tanto, lo que originó una violenta pelea en la que resultó
herido Quincoces. Pero los españoles se crecieron y el sevillista Campanal
llegó a empatar. En este caso, el colegiado anuló el tanto que podía poner en
peligro la continuidad de los italianos y el enfado del Duce.
La
guerra civil le sorprendió en Barcelona, donde continuó jugando y trabajando
como taxista. Al término de la contienda fue detenido, pero poco después lo
pusieron en libertad, gracias al informe favorable de un sacerdote al que había
protegido anteriormente.
En 1941
se hizo cargo del Barcelona, abocado al descenso y al que salvó, llegando a
ganar la Copa del Generalísimo en 1942 y quedando finalista al año siguiente.
Fue
cesado en 1944, pero en 1947 pasó a entrenar al Gimnástic de Tarragona, época a
la que pertenece esta excelente fotografía, de la página oficial del club, poco
conocida. En 1954, se hizo cargo del Espanyol de Barcelona, donde estuvo tres
temporadas, antes de fichar por el Sporting de Gijón al que entrenó durante las
temporadas 1952-53 y 1953-54. Su último equipo fue el Lleida, de Segunda
División, donde estuvo entrenando en la temporada 1954-55.
Al
término de la misma volvió a Tarragona, en compañía de su mujer y sus dos
hijas, dedicándose a la pesa a bordo de un barco de su propiedad. Los últimos
años de su vida transcurrieron en Palma de Mallorca, donde falleció en 2000,
según nuestros datos, aunque en sus reseñas biográficas aparece la fecha del 2
de julio de 1998.
Sus
cenizas fueron trasladadas a Borja, donde tiene dedicada una calle, desde 2007,
y se le recuerda como uno de los grandes deportistas que ha dado nuestra
ciudad.





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