En la Muela Alta de Borja, al término del Vía Crucis que se inicia en el Santuario de Misericordia, se encuentra una ermita de gran interés arquitectónico que, tras el pavoroso incendio que arrasó los pinares del monte, puede ser contemplada íntegramente.
Quizás, anteriormente, quedaba algo oculta
entre el arbolado, pero lo cierto es que estábamos acostumbrados a contemplarla
con cierta indiferencia, sin percatarnos de que nos encontrábamos ante un
monumento singular, a pesar de lo cual no ha recibido el reconocimiento que
merece, dado que por su tipología, muy poco frecuente, debería haber sido
declarada Bien de Interés Cultural, algo que no se ha producido y ni, tan siquiera,
ha sido incluida en el Censo General del Patrimonio Cultural de Aragón, algo
que habrá que tomar en consideración lo antes posible. No obstante, figura
entre los elementos protegidos por el Plan General de Ordenación Urbana de
Borja un instrumento que, a pesar de recientes apelaciones al mismo, no es el
instrumento definitivo para la protección del Patrimonio Cultural de la ciudad.
Según algunos autores, fue construida
en 1565 por iniciativa del obispo Juan González de Munébrega, al que ya hicimos
referencia al tratar del primitivo Vía Crucis. Es más probable que el
responsable de la obra fuera el canónigo de la colegial de Borja D. Juan de
Litago, cuya lauda sepulcral se conservan en su interior.
La ermita es de planta circular con una
cúpula de media naranja, cuya cubierta de piedra adopta forma escalonada, con
un entablamento que discurre por todo el perímetro.
Su portada, en arco de medio punto,
está enmarcada por dos pilastras de clara inspiración renacentista, sobre la
que se dispone un frontón triangulas con una hornacina que aloja una cruz de
piedra.
En
su interior se venera una imagen de Cristo crucificado que fue llevada allí,
desde la colegiata de Santa María, en 1568. A sus lados las imágenes de la
Virgen y de San Juan. Mañana trataremos sobre el antiguo retablo que allí
había.
Los tres clavos de la imagen central
fueron confeccionados con las mismas medidas que tienen los que, supuestamente,
son considerados los originales de la Cruz. Uno de ellos se venera en la iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén de
Roma, con el que fueron puestos en contacto, adquiriendo la condición de
reliquias secundarias, como se hace constar en una cartela colocada en la misma
Cruz. Por este motivo, puede extraerse el inferior para que pueda ser venerado
por los fieles.
Los lienzos de las cuatro capillas
laterales fueron donados, en 1890, por el pintor D. José Gonzálvez Martínez,
que pasaba la temporada estival en el Santuario. Sustituyeron a otros
anteriores que se encontraban muy deteriorados. José Gonzálvez había nacido en
Elche, en 1837, y se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde
fue discípulo de Eugenio Lucas. En 1880, se instaló en Zaragoza, como profesor
de su Escuela de Artes. En 1892 fue elegido Académico de Número de la Real
Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis. Falleció en la capital aragonesa
en 1897. La mayor parte de su producción corresponde a retratos y escenas
costumbristas.
Los lienzos de la ermita del Calvario de
Borja son de grandes dimensiones y representan el “Despojo de las vestiduras de
Cristo”, la “Crucifixión”, el “Descendimiento” y el “Sepulcro”. Tienen interés,
ya que el autor gozó de indudable reconocimiento en su época, aunque no han
sido incluidos en los estudios realizados sobre el mismo. Además, los que había
allí anteriormente, se conservan, en mal estado, en la sacristía de la iglesia
del Santuario. Íbamos a estudiarlos e inventariarlos, cuando un acontecimiento
acaecido en el templo vino a frustrar nuestros propósitos.

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