Vlad III de Valaquia, conocido como Vlad el Empalador o Vlad Drácula, fue príncipe de Valaquia entre 1456 y 1462. A pesar de su crueldad, es considerado uno de los gobernantes más importantes de la historia de Valaquia y héroe nacional de Rumanía, por su lucha contra los turcos. El escritor irlandés Bram Stoker se inspiró en este príncipe para crear su personaje del vampiro conde Drácula, difundido en novelas y películas de vampiros. No obstante, el relato de la crueldad con la que trataba a sus víctimas, ya se convirtió en un bet seller, poco después de su muerte.
Según los relatos históricos, Vlad murió a finales de 1476 o
comienzos de 1477, como consecuencia de una emboscada, tendida por los turcos.
Su cadáver fue despedazado y la cabeza enviada al sultán Mehmed II.
Pero, en 2015, un “investigador” estonio lanzó la hipótesis
de que el famoso conde Drácula se encontraba enterrado en el antiguo convento
franciscano de Santa María la Nova, en el casco antiguo de Nápoles, actualmente
desacralizado y convertido, entre otras cosas, en sede del Museo de Arte Contemporáneo.
Allí, en la
capilla Turbolo, se encuentra la tumba de Matteo Ferrillo, un noble napolitano
que fue consejero del rey Fernando I de Nápoles, hijo ilegítimo de Alfonso V de
Aragón. Según la hipótesis que estamos comentando, en ella estaría, supuestamente,
enterrado el conde Drácula.
Pero, ¿Cómo
había llegado hasta allí? Según los defensores de esta teoría, el conde Drácula
no habría muerto en la emboscada mencionada, sino capturado por los turcos
quienes, lo liberaron, a instancias del rey Fernando, a quien se había dirigido
María Balsa, supuesta hija natural del conde, casada con un hijo de Matteo
Ferrillo, por lo que, tras morir en Nápoles, el conde fue enterrado en la tumba
de su suegro.
Pero, ni Vlad
III de Valaquia tuvo hijas ni puede justificarse documentalmente su relación
con la familia Ferrillo.
Lo más
sorprendente es que uno de los argumentos en favor de esta teoría es que, en el
frontal de esta bella tumba renacentista, aparecen las armas de los Ferrrillo,
timbradas por un casco que lleva por cimera la figura de un dragón.
Para los
supuestos investigadores, la presencia del dragón constituye una clara alusión
a Vlad III, ya que es el símbolo de la Orden fundada por Segismundo de Hungría
en 1408 para defender el cristianismo frente al Imperio Otomano.
Pero. el dragón
alado, como cimera del casco, fue también usado en otros lugares.
Concretamente, en Aragón, donde lo usó Pedro IV y sus sucesores. En la Armería
Real de Madrid, se conserva una pieza excepcional, el casco usado por Martín I,
con el dragón. Lógicamente, nada tiene que ver con la orden mencionada ni con
el conde Drácula.
A pesar de todo
ello, la disparatada hipótesis de la tumba de Drácula en Nápoles, se convirtió
en fenómeno turístico y, para reforzarlo, junto a ella se ha colocado un busto
de ese personaje, aunque, curiosamente en el pedestal se menciona como fecha de
su muerte la de 1476, lo que resulta un contrasentido si se defiende su
estancia posterior en Nápoles.






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