Jorge Andía nos ha ofrecido una sugerente hipótesis, en torno al origen de lo que conocemos como “palacio de los Angulo”, en la plaza del Mercado, el cual nos venía planteando serias dudas en torno a su arquitectura.
A todos los que
lo habían estudiado, les había llamado la atención los vanos de la planta
superior, rematados con arcos conopiales, respondiendo a unas características
propias de comienzo del siglo XV.
Pero, los
Angulo fueron una familia que se estableció en Borja en el siglo XVII y a esa época
corresponde la portada monumental que, en la actualidad da acceso a la Casa de
Cultura, en la que aparecen sus armas.
Es evidente que,
si ese fue su palacio, no pudieron edificarlo con técnicas propias de épocas
anteriores, por lo que, probablemente, tuvieron que reaprovechar una
construcción anterior. Y es ahí, donde surge la hipótesis de Jorge Andía,
basada en un documento que nos había pasado desapercibido, pero que había sido
transcrito en la Historia de Borja que escribieron Pedro Rújula y Herminio
Lafoz.
El documento,
redactado en latín y firmado en Zaragoza el 10 de junio de 1388, corresponde a
la autorización concedida por la reina Dª. Violante, para reedificar el almudí,
destruido unos años antes, durante la Guerra de los Pedros. Como es posible que
algunos de nuestros lectores no conozcan este idioma, ofrecemos su traducción,
que dice así:
“Nos, Violante,
por la gracia de Dios, Reina de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña y Córcega,
y Condesa de Barcelona, Rosellón y Cerdeña. Considerando que, debido a la guerra
entre los Reinos de Aragón y Castilla, el Almudí, que se encontraba en la plaza
de la villa de Borja, había sido destruido, y que por medio de mensajeros en
nombre de la propia ciudad se nos había solicitado humildemente que nos dignásemos
conceder permiso y plena autoridad para reconstruir la mencionada cámara del almudí,
o para construir una casa adecuada para reunirse y celebrar concilios.
Y nosotros, estando dispuestos
amablemente a acceder a la petición de dichos mensajeros, en nombre de los
hombres honrados de la ciudad, les otorgamos plena autoridad a ustedes, hombres
juramentados y honrados, antes mencionados, para que construyan y reconstruyan
legalmente el mencionado almudí, en el cual, como era costumbre entre los
antiguos, se podrá vender de ahora en adelante cebada, trigo, avena, legumbres
y cualquier otra cosa que se pueda vender. Por lo tanto, en cualquier momento
el almudí es apto para la venta y el almacenamiento de grano y otras cosas que
se vendían y almacenaban en tiempos pasados.
Dicho almudí se dedica a nuestro
uso público con los derechos que acostumbran pagar, y en
dicho almudí podrán construir una casa adecuada para que el Consejo de la
universidad antes mencionada se reúna y celebre, o para celebrar un tribunal
para todas las personas en el cual el Juez de dicha ciudad ejerza su cargo, y
el Tribunal tenga su sede. Dicha casa se dedicará al uso de dicha universidad a
perpetuidad. Que el almudí y la casa antes citada tienen que mantenerlos reparados
a su propio costo y gasto.
Ordenamos a nuestro procurador
general, justicia, jurados y hombres honrados de dicha ciudad, y otros
funcionarios y personas o titulares de los puestos de los mismos funcionarios,
presentes y futuros, a quienes, y a los que pertenece, que observen esta
concesión y hagan que otros la observen, y que no la contravengan por ningún
motivo.
En testimonio de lo cual hemos
ordenado que esto se haga presente y comunicado bajo nuestro sello. Dado en Zaragoza
el décimo día de junio del año de la Natividad del Señor de mil trescientos
ochenta y ocho. Pedro de Santamaría, tesorero del tesoro de la reina”.
Veamos lo que se indica en el
documento. En primer lugar, que, en la plaza de Borja, había un edificio
dedicado a almudí, el cual resultó destruido durante la guerra citada, por lo
que solicitaban permiso a la reina para reedificarlo.
¿Dónde estaba ese edificio? En el
documento se menciona una plaza que lo más probable es que fuera la actual
plaza del Mercado, que se llamó de Adentro, cuando luego hubo otras, que, en la
fecha mencionada no las había.
La reina concede ese permiso para
reedificar el almudí en ese mismo lugar y, sobre él, un espacio para que pueda
reunirse el Consejo y la corte del Justicia. En definitiva, lo que más tarde
sería una Casa Consistorial.
Pero ¿Qué era el almudí? El Diccionario
de la Real Academia Española considera este término sinónimo de “alhóndiga”,
definido como “Casa pública destinada para la compra y venta del trigo. En
algunos pueblos sirve también para el depósito y para la compra y venta de
otros granos, comestibles o mercaderías que no devengan impuestos o arbitrios
de ninguna clase mientras no se vendan”.
En el documento de la reina Dª. Violante
se afirma que, en dicho almudí “como era costumbre entre los antiguos, se podrá
vender de ahora en adelante cebada, trigo, avena, legumbres y cualquier otra
cosa que se pueda vender. Por lo tanto, en cualquier momento el almudí es apto
para la venta y el almacenamiento de grano y otras cosas que se vendían y
almacenaban en tiempos pasados”.
Además, se autoriza a construir en
dicho almudí “una casa adecuada para que el Consejo de la universidad antes
mencionada (de Borja) se reúna y celebre, o para celebrar un tribunal para
todas las personas en el cual el Juez de dicha ciudad ejerza su cargo, y el
Tribunal tenga su sede.
Jorge Andía nos
recuerda que, en la ciudad de Daroca, existe un edificio de características
similares, conocido como “Almudí” o “Casa de los Soportales”.
Incluso nos
llama la atención sobre un detalle arquitectónico presente en ambos edificios,
la existencia de un arco de descarga sobre el vano de los porches. Lo único que
podemos inferir de ello es que, en ambas ciudades, pudieron existir casas destinadas
a almudí, de tamaño similar y con parecidas funciones.
Pero, en 1531,
Antón de Veoxa comenzó a edificar, en la actual plaza de España, la nueva Casa
Consistorial que ha llegado hasta nosotros. En la obra Borja. Arquitectura y
evolución urbana, al hace referencia a este monumento, se indica que la reina
Dª. Violante había dado el permiso en 1388, pero, en opinión de los autores, la
obra no se llevó a cabo hasta siglo y medio después, por lo que Borja, durante
ese largo período, no tuvo un edificio propio para el consejo.
La hipótesis de
Jorge Andía viene a resolver ese contrasentido. Lo hubo y fue el actual palacio
de Angulo. Al perder su cometido, ante el nuevo edificio que, originalmente,
tenía la planta baja porticada, pudo ser enajenado y adquirido por la familia
Angulo, cuando llegaron a Borja.
Todo lo que
acabamos de comentar resulta plausible y ofrece una sugerente y nueva visión sobre
ese edificio de la plaza del Mercado, que está a la espera de su restauración
y, en el caso de confirmarse la hipótesis de Andía, cobra un nuevo significado,
convirtiéndose en un hito para la historia de nuestra ciudad.





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