lunes, 7 de septiembre de 2026

El origen del Santo Cristo de la iglesia de San Bartolomé

         Ayer, cuando escribíamos sobre la imagen de la Virgen del Niño Perdido, conservada en el convento de Santa Clara de Borja, hicimos mención a la imagen de Cristo Crucificado que se venera en la iglesia de San Bartolomé. Hoy queremos recordar las circunstancias por la que terminó en este templo.

 

         El último prior del convento de agustinos, fray Manuel Gutiérrez, antes de abandonar Borja tras la Desamortización, decidió depositar esta imagen en la casa de la plaza del Mercado, nº 8, propiedad de la familia Rodrigo, para que la conservaran en su poder, con toda devoción y cuidado, transmitiéndola de padres a hijos con la salvedad de que, si los religiosos volvieran a establecerse en nuestra ciudad, retornara a su poder.

 

         El 2 de noviembre de 1902, D. Antonio Rodrigo Giménez legó por testamento otorgado ante el notario de Borja D. Pablo Molinos, la propiedad de dicha casa, con mención expresa a la imagen que en ella se conservaba, a su nieta Dª María Nogués y Rodrigo, aunque manteniendo el usufructo, mientras viviera, su hijo D. Fernando Rodrigo.


         En el periódico local Ecos del Moncayo, de 14 de septiembre de 1919, se incluye una reseña firmada por D. Julio Aragón, en la que se da cuenta del acto del traslado de la imagen a la iglesia de San Bartolomé, presidido por D. Vicente Casanova y Marzol, entonces obispo de Almería. La imagen salió de la casa de Dª Vicenta Almau, viuda del citado D. Antonio Rodrigo, sita en la calle Carnicerías (ahora Alfaro Malumbres).

Una vez en San Bartolomé, la imagen fue colocada en “el retablo que ha de servirle de altar y que, por razones de tiempo, no pudo hacerse más amplio de Arte”. El retablo fue donado por Dª Vicenta Almau, como se hace constar en la crónica, la cual reunió en su casa “a cuantos habían tomado parte en la ceremonia, siendo obsequiados con un exquisito desayuno, haciendo los honores D. Lorenzo Nogués, popular concejal e inteligente procurador”.

 

         La imagen, cuyo autor no conocemos, por el momento, fue realizada a mediados del siglo XVII. El historiador D. Alberto Aguilera Hernández ha localizado la capitulación del dorado del retablo y, asimismo, ha llamado la atención sobre las posibles semejanzas existentes con otros Cristos de nuestra zona.


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