Salvador Marín Hueso, el gran poeta malagueño, vinculado familiarmente con Ainzón, donde está pasando unos días. Desde allí nos ha remitido un hermoso poema, compuesto al contemplar la imagen del Santo Cristo de la Capilla, Patrón de la villa.
Ante esta bellísima imagen, surgieron los versos que hoy queremos reproducir, en los que expresa el sufrimiento de Cristo, junto con alusiones a ciertos símbolos de la localidad.
en Ainzón,
al Santo Cristo.
Recta exacta
del tiempo; esquema del dolor;
fija línea
negra,
centinela de
espera por la penumbra sola,
la cúpula
sin eco, dime, quién dará fe,
plantará
boca a boca tu quieta mansedumbre
si tus
labios resecos, si tus ojos cansados
apenas si lo
logran, trocar la indiferencia,
allegar a tu
sombra.
Por ti,
lloran las viñas ─ahoga la cizaña.
Por ti, por
tu abandono,
los toros de
la culpa se adueñan de los sueños,
atrincheran
las puertas, cercenan escaleras,
y ese perro
que ladra lo advierte a todas horas,
tus ojos
siguen tristes, tus ojos lo suplican,
el tacto de
un susurro, un beso por tus párpados,
mientras tu
sangre mana, se ofrece siglo a siglo,
y los clavos
te atrapan ─hoy─ a barreños de olvido.
Santo Cristo
sin fecha, apenas suspirado,
te quisiera
el vacío con tu rústica testa,
tus brazos
que se estiran al imán de la tierra,
tus secretas
pupilas apenas perfiladas,
pero resiste
te pido, insiste en tu silueta,
mira, anima,
conforta las visitas furtivas,
los ruegos a
deshora pues lo sé, a ti te basta,
un solo
amante solo, que fije por las tuyas
pupilas
desnortadas de amor desmantelado,
tente,
Señor, mantente,
aunque
tramen los días que te arañe el olvido,
tente,
Señor, aguarda,
llegará la
vendimia, cantarán los labriegos,
brotará vino
nuevo que dote, llene, colme
tu copa
rebosante, el cáliz de tu fiesta,
tu pan de
mano en mano,
sea así,
Crucificado,
que tu
derrota alzada tu voz la transfigure,
tú que en
alto lo eres, espino del caído,
emblema de
la pérdida, entena de la nave,
el buque de
la vida que en silencio lo lleva,
cosido su
entramado al telar de tu tiempo,
Cristo bueno
de Ainzón
por
cipreses, acequias, lagares fatigados,
se vendrá,
vencerá, la gloria de tu esfuerzo,
conciliarás
familias, recobrarás amigos,
y el vino,
sí, tu vino alegrará las entrañas
por las
tuyas abiertas, la exacta justa puerta
al Aragón
del cielo, al jardín sin cercas
por tu mano,
Señor, tu imperio de paciencia,
por tu
cierzo y tu cumbre.
La viña recobrada.
Ainzón, 6 de agosto 2026


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