domingo, 9 de agosto de 2026

Un poema al Santo Cristo de Ainzón

         Salvador Marín Hueso, el gran poeta malagueño, vinculado familiarmente con Ainzón, donde está pasando unos días. Desde allí nos ha remitido un hermoso poema, compuesto al contemplar la imagen del Santo Cristo de la Capilla, Patrón de la villa.

 

         Ante esta bellísima imagen, surgieron los versos que hoy queremos reproducir, en los que expresa el sufrimiento de Cristo, junto con alusiones a ciertos símbolos de la localidad. 

en Ainzón,

al Santo Cristo.

 

Recta exacta del tiempo; esquema del dolor;

fija línea negra,

centinela de espera por la penumbra sola,

la cúpula sin eco, dime, quién dará fe,

plantará boca a boca tu quieta mansedumbre

si tus labios resecos, si tus ojos cansados

apenas si lo logran, trocar la indiferencia,

allegar a tu sombra.

 

Por ti, lloran las viñas ─ahoga la cizaña.

Por ti, por tu abandono,

los toros de la culpa se adueñan de los sueños,

atrincheran las puertas, cercenan escaleras,

y ese perro que ladra lo advierte a todas horas,

tus ojos siguen tristes, tus ojos lo suplican,

el tacto de un susurro, un beso por tus párpados,

mientras tu sangre mana, se ofrece siglo a siglo,

y los clavos te atrapan ─hoy─ a barreños de olvido.

 

Santo Cristo sin fecha, apenas suspirado,

te quisiera el vacío con tu rústica testa,

tus brazos que se estiran al imán de la tierra,

tus secretas pupilas apenas perfiladas,

pero resiste te pido, insiste en tu silueta,

mira, anima, conforta las visitas furtivas,

los ruegos a deshora pues lo sé, a ti te basta,

un solo amante solo, que fije por las tuyas

pupilas desnortadas de amor desmantelado,

 

tente, Señor, mantente,

aunque tramen los días que te arañe el olvido,

 

tente, Señor, aguarda,

llegará la vendimia, cantarán los labriegos,

brotará vino nuevo que dote, llene, colme

tu copa rebosante, el cáliz de tu fiesta,

tu pan de mano en mano,

 

sea así, Crucificado,

que tu derrota alzada tu voz la transfigure,

tú que en alto lo eres, espino del caído,

emblema de la pérdida, entena de la nave,

el buque de la vida que en silencio lo lleva,

cosido su entramado al telar de tu tiempo,

Cristo bueno de Ainzón

por cipreses, acequias, lagares fatigados,

 

se vendrá, vencerá, la gloria de tu esfuerzo,

conciliarás familias, recobrarás amigos,

y el vino, sí, tu vino alegrará las entrañas

por las tuyas abiertas, la exacta justa puerta

al Aragón del cielo, al jardín sin cercas

por tu mano, Señor, tu imperio de paciencia,

por tu cierzo y tu cumbre.

 

                                           La viña recobrada.

Ainzón, 6 de agosto 2026


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