Para alojarnos durante la celebración del congreso, nos ofrecieron la residencia que la archidiócesis de Paderborn tiene en el llamado Liborianum, que fue un antiguo capuchino, en donde desarrolla numerosas actividades y constituye una expresión de la potencia económica de la Iglesia en Alemania, merced a los impuestos (recaudados por el Estado) que, con carácter obligatorio tienen que efectuar todas aquellas personas que se declaran católicas.
Allí se
encuentra la residencia en la que nos alojamos, realmente suntuosa, con instalaciones
similares a las de los hoteles de categoría y con habitaciones muy
confortables.
Dispone de
espacios comunes, muy bien acondicionados, con salas para reuniones, una
cafetería con mesas al aire libre y un lugar para desayunos, perfectamente
equipado y con una oferta gastronómica muy variada. Otro tanto ocurre con los
restaurantes en los que cenamos dos días.







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