Acabamos de incorporar a nuestros fondos la novela de Manuel Francisco Reina, Los amores oscuros, basada en la relación de Juan Ramírez de Lucas con Federico García Lorca que, como supuestamente confesaba Juan: “Yo fui el último amor de Lorca y, tal vez, la razón de su muerte.
Manuel Francisco Reina es un destacado escritor y crítico literario, que ha ejercido como articulista en importantes medios de comunicación. Autor de varias novelas, por la que estamos comentando fue galardonado con el Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza.
Juan Ramírez de
Lucas (1917-2010) no fue un personaje desconocido para nosotros. Lo conocimos
tras nuestra incorporación a Hispania Nostra en 1978, de cuya Junta Directiva
formaba parte y, a partir de ese momento, mantuvimos una relación en torno a
los temas de esa asociación. Leíamos con interés, las excelentes crónicas, sobre
temas de arquitectura, que publicaba en ABC y le encargamos la redacción
de libro sobre los premios que Europa Nostra había concedido a España, entre 1978
y 1999.
Fue, además, un
gran coleccionista de arte popular, reunido en los viajes que realizó por todo
el mundo. Más de 20.000 piezas componían el conjunto atesorado, con predominio
de los textiles. También formó otra relevante colección de obras naif.
Durante mucho
tiempo buscó una ubicación adecuada para todo este gran legado. Precisamente, por
ese motivo, aceptó nuestra invitación para visitar Borja y el monasterio de
Veruela, para estudiar la posibilidad de instalar aquí una parte de su
colección. Le gustó mucho Veruela que, en aquellos momentos, albergaba una
colección de arte contemporáneo, pero llevar allí su colección excedía nuestras
posibilidades. Al final la cedió al Ayuntamiento de Albacete, la ciudad donde
había nacido, y en la antigua Casa Consistorial terminó instalado el Museo Internacional
de Arte Popular del Mundo, al que inicialmente se le dio su nombre. De las obras
naif no conocemos el destino.
Pero el Juan
que tratamos, aunque conservaba el porte y la elegancia que le caracterizaron
siempre, ya no era aquel joven rubio y atractivo que inmortalizó Gregorio Prieto
en este dibujo.
Fue ese
muchacho de 17 años, el que enamoró a Federico García Lorca: “Aquel rubio de
Albacete / vino, madre, y me miró. / ¡No lo puedo mirar yo! / Aquel rubio de
los trigos, / hijo de la verde aurora, / alto, solo y sin amigos / pisó mi
calle a deshora. / La noche se tiñe y dora / de un delicado fulgor. / ¡No lo
puedo mirar yo! / Aquel lindo de cintura / sentí galán sin… / sembró por mi
noche obscura / su amarillo jazminero / tanto me quiere y le quiero / que mis
ojos se llevó. / ¡No lo puedo mirar yo! / Aquel joven de la Mancha / vino,
madre, y me miró. / ¡No lo puedo mirar yo!”.
Ambos vivieron
una intensa relación y, en los primeros meses de 1936, planearon marchar a México.
Pero, el padre de Juan se opuso con energía y amenazó a su hijo con
denunciarlo, para impedir su salida de España. Aunque en esos momentos tenía ya
18 años, era menor de edad, según la legislación de la época.
Frustrado el
viaje, Federico decidió quedarse en España y, por ese motivo, Juan consideró
siempre que había sido el causante indirecto de su muerte. Pero, durante toda
su vida, mantuvo en secreto esa relación, que jamás pudimos imaginar los que le
tratábamos.
Fue, en el último
momento de su vida, cuando dispuso que se hicieran públicos los recuerdos que
conservaba de Lorca, entre los que se encontraban poemas y la última carta. Su
revelación supuso una gran conmoción en los medios intelectuales, pues hasta
ese momento se creía que el último amor del poeta había sido Rafael Rodríguez
Rapún, Secretario de “La Barraca” y supuesto destinatario de los “Sonetos del
Amor oscuro”, que conocimos cuando los publicó ABC en 1984, acompañados
por varios artículos, entre ellos uno de Lázaro Carreter.
La revelación
del legado de Juan Ramírez de Lucas cambió muchas cosas y de su importancia
constituye una prueba el que el Congreso de los Diputados aprobara una
Proposición no de Ley para que pasara a una institución pública. No se llegó a
materializar entonces y, por el momento, sigue en el archivo familiar.
Aunque sobre la
relación entre Lorca y Juan ya se había publicado una obra anterior, la novela
que hoy comentamos ofrece una visión sobre la misma, con las licencias propias
de una obra literaria en la que Juan revela esa realidad, tanto tiempo oculta,
a la médico que le atiende en su última enfermedad.



No hay comentarios:
Publicar un comentario