El Peñón de Vélez de la Gomera era, en su origen, un islote situado a escasa distancia de la costa marroquí. Junto a él se encuentra otra roca de menor tamaño que está unida por un puente. En 1930, un movimiento sísmico provocó una acumulación de arena entre la costa y el peñón, convirtiendo la isla en península.
Por esa lengua
de arena discurre un cable de plástico, de color azul, que marca la separación
entre Marruecos y España. Una línea fronteriza de 85 metros que, posiblemente,
es la más pequeña de todo el mundo. En uno de sus extremos, unos agentes marroquíes
sestean impidiendo el paso hacia territorio español.
Sin embargo, el
29 de agosto de 2012 siete jóvenes del autodenominado Comité de Coordinación
para la Liberación de Ceuta y Melilla se introdujo en el peñón, portando una
bandera de Marruecos. Soldados de la guarnición convertidos en improvisados
agentes antidisturbios los redujeron inmediatamente y los expulsaron.
Fue Pedro Navarro (c. 1460-1528), un
destacado militar y marino que había combatido en Italia a las órdenes del Gran
Capitán, pero también como mercenario y corsario, quien, en 1508, conquistó el
peñón, hasta entonces refugio de piratas. Como carecía de agua, tomó también la
tierra situada enfrente. Pero, esta conquista fue efímera, ya que, en 1522, la
guarnición vio acercarse una flota que creyó procedía de la península, por lo
que les dejó fondear, resultando ser buques enemigos que tomaron la plaza,
pasando a cuchillo a todos los hombres que la guarnecían.
Tras varios intentos para recuperarlo,
todos ellos fracasado fue, finalmente. D. García de Toledo Osorio, quien logró
apoderarse del peñón en 1564, lo que le valió la concesión del título de duque
de Fernandina que añadió al de IV marqués de Villafranca del Bierzo.
Desde entonces,
ha continuado bajo pabellón español, aunque en 1922, en el transcurso de los
enfrentamientos con Marruecos, fue sometido a un duro asedio, levantado por
fuerzas de la Legión.
En la actualidad,
está guarnecido por un reducido grupo de soldados del Grupo de Regulares nº 52,
que deben ser abastecidos por buques de la Armada y helicópteros del Ejército
de Tierra. Ahora, disponen de una planta potabilizadora, pero, con anterioridad
había que llevar el agua con aljibes.
Hubo un tiempo
en el que, con la guarnición convivían civiles. Aquí los vemos en una procesión
con la imagen de San Sebastián, protector del peñón, tras una terrible epidemia
de peste que ocasionó numerosas víctimas.
La lápida que
recordaba a aquellos fallecidos, enterrados precipitadamente en un baluarte,
fue llevada a Melilla, junto con otros elementos históricos de la plaza.
Hoy las instalaciones
militares son un pálido reflejo del pasado, aunque la bandera de España sigue
estando presente en sus muros (extrema vanguardia). Los antiguos baluartes no
ofrecen el mejor aspecto, aunque para uso de la guarnición se hayan remodelado
sus alojamientos, con helipuerto, servicio de Telemedicina y hasta una cancha
de baloncesto.
El peñón
disponía de un pequeño cementerio, situado en una de sus laderas, con nichos y
panteones en los que, en su mayoría, estaban sepultados los que habían fallecido
en el peñón, aunque también los había de caídos en combate.
Uno de ellos
era el farmacéutico de segunda (teniente). D. Leopoldo Méndez Pascual,
fallecido en 1909, defendiendo su puesto, junto a la farmacia del hospital. En
su honor, sus compañeros del Cuerpo de Sanidad Militar erigieron el mausoleo de
la imagen.
Sin embargo, en
2021, tras notificarlo a los familiares (muchos de los cuales no recordaban que
allí estaban miembros de su familia, pues el último sepelio tuvo lugar en 1925)
el Ministerio de Defensa decidió trasladar los restos de todas las personas
inhumadas en los peñones de Vélez de la Gomera y Alhucemas, al cementerio de la
Inmaculada Concepción de Melilla. La medida, justificada por el mal estado de
esos cementerios y los problemas para su conservación, causó honda preocupación
en algunos sectores, que temían que obedeciera a otras razones.
Pero, en 2024, la
Ministra de Defensa visitó ambos peñones, para agradecer la labor que allí
desempeñan las fuerzas de sus guarniciones, destacando el compromiso, la
convivencia y el papel fundamental de los militares en la seguridad de estos
territorios soberanos.






















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