sábado, 12 de septiembre de 2026

Sobre el mausoleo del obispo mártir de Sigüenza

         En la Casa de Aguilar se conserva el modelo en escayola del mausoleo del obispo mártir de Sigüenza D. Eustaquio Nieto Martín, que fue encargado al escultor aragonés D. Ángel Bayod Usón, donado al Centro de Estudios Borjanos, junto con otras muchas obras y recuerdos de su padre. Por su hija Dª. Teresa Bayod Monterde.

 

 

         Ahora, a través de Dª. Teresa García Blanc, nos ha llegado esta fotografía de Dª. Teresa Bayod, junto a ese mausoleo, sufragado por suscripción popular, que, desde 1958, se encuentra en la capilla de la Anunciación de la catedral seguntina. Bajo un arcosolio anterior, está la imagen yacente del obispo, revestida de pontifical con el báculo en la mano derecha y un libro en la izquierda. Bajo ella, sus armas episcopales.

         Aprovechando esta circunstancia, hemos querido volver a recordar la figura de este prelado mártir.

 

         D. Eustaquio Nieto Martín había nacido en Zamora el 12 de marzo de 1866. Era hijo de un modesto albañil y, a los doce años, entró en el seminario de su ciudad natal donde cursó la carrera eclesiástica, siendo ordenado sacerdote en 1891. Tras desempeñar su ministerio pastoral en Alcalá de Henares y Madrid, fue consagrado obispo el 27 de diciembre de 1916, rigiendo la diócesis de Sigüenza desde el 31 de marzo de 1917.

         Fue un hombre muy querido por su cercanía a los más necesitados y a todos sus fieles a los que no quiso abandonar al inicio de la Guerra Civil, a pesar de que se le insistió reiteradamente.

         Detenido por milicianos llegados desde Madrid, el 25 de julio le sometieron a un simulacro de juicio popular, aunque le permitieron retornar a su residencia de donde, en la noche del día siguiente, fue sacado con la excusa de ser conducido a Madrid.

 

         Sin embargo, el coche que le conducía tomó la carretera que lleva hacia Alcolea de Pinar. En el kilómetro 4 de la misma (a 14 km de Sigüenza) lo arrojaron del vehículo en marcha. La caída le ocasionó diversas fracturas y, según algunas versiones, fue seguidamente quemado vivo. Otras fuentes señalan que lo acribillaron a balazos, tendido en la cuneta. Lo cierto es que el cadáver fue quemado dos veces. La primera esa misma noche y la segunda pocos días después, cuando volvieron los milicianos, arrojando sus restos a una pequeña hondonada próxima. Esa doble incineración es la que, para algunos, abona la teoría de que la primera es la que le causó la muerte y la segunda respondió al intento de borrar las huellas del crimen.

         Los restos fueron encontrados al día siguiente del crimen por un peón caminero, instruyendo las diligencias el Juez Municipal de Estriégana quien dedujo que se trataba de un sacerdote y, aunque quiso trasladar el cadáver al cementerio de esa localidad, no llegó a hacerlo pues recibió información de que ya había sido enterrado por unos milicianos, lo que no era cierto pues lo que hicieron fue volver a quemarlo, como hemos comentado, para dificultar su identificación.

         Finalmente, una columna de requetés, al mando de comandante Palacios, lo encontraron el día 4 de agosto cuando avanzaban en dirección a Sigüenza. Entre los restos mutilados y calcinados encontraron la cruz pectoral, lo que les permitió conocer la identidad de la víctima que fue sepultado con honores en ermita de San Roque de Alcolea del Pinar, desde donde fueron trasladados a la catedral de Sigüenza el 8 de octubre de 1946.

 

         D. Eustaquio Nieto fue el primero de los 13 obispos asesinados durante la Guerra Civil. Los otros fueron los de Almería, Barbastro, Barcelona, Ciudad Real, Cuenca, Guadix, Jaén, Lérida, Orihuela, Segorbe, Tarragona y Teruel.

         Actualmente encabeza una causa de beatificación, junto con 272 sacerdotes, 69 religiosos y 123 seglares, de la archidiócesis de Toledo, todos ellos asesinados por odio a la Fe, cuya fase diocesana ha finalizado y se espera concluir pronto en Roma.


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