Continuando el recorrido, que interrumpimos hace algunos días, por las costas de la provincia de A Coruña, llegamos al archipiélago de las islas Sisargas. Situado en la Costa de la Muerte, frente Malpica de Bergantiños.
Esta integrado
por tres islas, que reciben el nombre de Sisarga Grande, Sisarga Chica y
Malante, en torno a las cuales hay varios islotes, como Chalreu y Xoceiro. En
total, tienen una superficie de 0,8 hectáreas, siendo la cota más alta de cerca
de 100 metros.
En la Sisarga Grande se encuentra un faro, construido entre
1911 y 1915, que vino a reemplazar a otro de menor tamaño, encendido en 1853. Aunque,
ahora está automatizado, durante años vivieron en la isla cuatro fareros con
sus familias, que eran relevados cada quince días, cuando el tiempo lo permitía.
Al oeste del faro aún se conserva
un edificio en ruinas, donde se encontraba la sirena (podía verse hasta hace
poco), que emitía un sonido de dos segundos de duración, cada quince segundos,
para avisar a los buques en días de mucha niebla.
Situadas en la ría de Corcubión
frente a las costas de Carnota, el archipiélago de las islas Lobeiras está
formado por un grupo de islotes conocidos como Lobeira Grande y Lobeira
Pequeña. La primera tiene una superficie de tres hectáreas, siendo la del
conjunto cercana a las siete hectáreas.
En la Lobeira
Grande se encuentra un faro, en el que, hasta que fue automatizado, vivieron
las familias de los fareros encargados de su mantenimiento. A sus pies hay un
malecón que sirve como embarcadero.
En torno a estas
islas hubo varios naufragios. Entre todos ellos se recuerdan los de los
mercantes griegos Skuld y Polymia, acaecidos en 1901 y 1904, respectivamente.
En 1912, el vapor noruego Salerno embarrancó en la Lobeira Chica.
También, frente
a Carnota se encuentra la isla de Os Forcados, de 5 hectáreas de superficie,
que nunca estuvo habitada y carece de vegetación.
Terminamos hoy
en la isla de A Creba, situada en la ría de Muros y Noia, con una extensión de
7,5 hectáreas. Es de propiedad privada, con los límites que impone la Ley de
Costas.
La isla es propiedad de la familia
del empresario compostelano Emilio Penas Gerpe, que, en los años 60 del pasado
siglo, la adquirió a dos vecinos de O Freixo que la habían inscrito a su nombre
en 1922. Perteneciente al municipio de Muros, determinadas fuerzas políticas
defienden la titularidad pública de la isla, sin que hayan logrado conseguir sus
objetivos en las diversas instancias a las que han recurrido.
El aspecto original de la isla era
muy diferente inicialmente pero, merced al esfuerzo de sus propietarios, ha
llegado a convertirse en un vergel con numerosos pinos y otras plantas.
En la parte
superior, había una ermita dedicada a la Virgen y, sobre ella, fue construida
la mansión que ahora se alquila, a través de Upper Luxury Housing bajo el
nombre A Creba Private Island.
Este complejo turístico, en el que
se organizan retiros de lujo, cuenta con varias suites, helipuerto,
embarcadero, piscina exterior climatizada, biblioteca, gimnasio, jardín y un
huerto ecológico. Se trata, además, de un enclave autosuficiente en el que la
electricidad se obtiene de fuentes de energía renovables, como la eólica y la
solar.
También ha sido
muy cuestionada la construcción de la dársena utilizada como embarcadero. El
Ministerio de Medio Ambiente ordenó su demolición, que no se ha llevado a cabo,
entre otras razones por la oposición de los pescadores de la zona, que la
utilizan como refugio en caso de temporal.
La isla cuenta
también con una leyenda que el escritor Vicente Risco, relataba así: “En la
Creba había moros que tenían un templo de su falso dios (¿?). Los cristianos
los mataron dejando solo a la hija del jefe. Esta invocó al demonio, quien
levantó una tempestad, ahogó a los cristianos y separó la isla de la tierra. La
mora se convirtió en una gran serpiente rodeada de fieras que hundían a los
barcos. Los cristianos fueron donde un santo hombre que les aconsejó bendecir
la isla y erigir la iglesuela de Nuestra Señora de A Creba”.

















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