martes, 19 de mayo de 2026

Islas de Galicia IV. Sálvora y sus mujeres

         A la entrada de la ría de Arosa se encuentra la isla de Sálvora, con una superficie de 190 hectáreas y una cota máxima de 71 metros. Pertenece al municipio de Riveira (anteriormente fue de la parroquia de Carreira) y forma parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia.


         En realidad, forma parte de un pequeño archipiélago que, junto con Sálvora, lo conforman pequeños islotes como Vionta, Noro, Herbosa, Sagres y otros.

 

         En el año 899, el rey Alfonso II donó la isla al cabildo de la catedral de Santiago, junto con otras islas. El cabildo no mostró excesivo interés por la isla que, de hecho, sirvió de base para vikingo y musulmanes, primero, y para piratas y corsarios después.    

         A mediados del siglo XVI la isla pasó a ser propiedad de los señores de Mariño que, en el siglo XIX, se unieron por matrimonio con la familia Otero, siendo los nuevos propietarios hasta 1904.



En 1770, la familia Otero construyó en la isla la primera Fábrica de Secado y Salazón de Pescado de Galicia, el llamado O’ Almacén, que, en 1958, fue convertida en pazo residencial, dotando al edificio de torres y almenas, con un aspecto muy alejado del original.

 


         Para trabajar en la fábrica llegaron a la isla varias familias que residían en una aldea que llegó a tener 70 habitantes, cuya precaria economía se veía complementada por el cultivo de algunas parcelas.

 

         El centro de reunión era la taberna que, en 1969, se transformó en la ermita o capilla de Santa Catalina, patrona de la isla.

 

         En la isla hay también un faro, construido en 1921, que vino a sustituir a otro anterior de 1851, emplazado a menor altura. Hasta su automatización, allí residían los fareros encargados de su mantenimiento, los cuales, desempeñaron un papel relevante en la tragedia a la que haremos referencia.

 


Frente al pazo y al borde del mar, se encuentra la escultura de Mariña, la sirena de Sálvora, encargada por D. Joaquín Otero Goyanes, marqués de Revilla, en 1956, para recordar una bonita leyenda de la isla.

Según ese relato, un caballero llamado D. Froilaz llegó a la isla tras naufragar y, en su playa, encontró una sirena, llamada Mariña, de la que se enamoró y con la que se casó. La sirena era muda y del matrimonio nació un niño al que pusieron el nombre de Mariño. La estirpe de los Mariños desciende, de acuerdo con la leyenda, de ese niño.

El marido, preocupado por la imposibilidad de la sirena para hablar, decidió pedir consejo al abad de la isla, quien le recomendó que saltara con el niño sobre la hoguera que se encendía la noche de San Juan (como en otros lugares).

La sirena, que no sabía nada, al ver a su esposo precipitarse sobre las llamas con el niño, arrojó por su boca un trozo de pescado y gritó “¡Hijo!”, recuperando el habla.

En otras versiones, cuando el marido murió, la sirena volvió al mar, exigiendo que cada generación de aquel niño Mariño, le tenía que entregar a uno de sus hijos.

 


         En el recorrido por la isla pueden verse otros elementos patrimoniales como un hórreo o fuentes. En 2001, pasó a formar parte del Parque Nacional de las Illas Atlánticas de Galicia y, en el año 2008, fue adquirida por la Xunta de Galicia para su gestión pública.

 

         Pero el nombre de Sálvora está asociado a una terrible tragedia acaecida en su costa y protagonizada por el vapor Santa Isabel, un buque mercante de la Compañía Transatlántica Española, botado en Puerto Real en 1915. Con 86 metros de eslora y 12 de manga, tenía un desplazamiento de 2.500 toneladas.

Inicialmente, sirvió como buque correo, entre Bilbao, las Canarias y Fernando Poo, pero ante el incremento de emigrantes que querían viajar a la Argentina, pasó a ser utilizado en una línea que unía los puertos del norte de la península con Cádiz, donde los pasajeros podía embarcar en los transatlánticos que los llevarían al continente americano.

El 1 de enero de 1921, el barco zarpó de La Coruña, rumbo a Villagarcía, con mala mar y fuertes vientos. A pesar de las precauciones adoptadas por su capitán, en la madrugada del 2 de enero, el Santa Isabel encalló en unos bajos, a 200 metros de Sálvora, sufriendo varias vías de agua en su casco que comenzó a hundirse.

 

Fue el farero de la isla quien, al escuchar los gritos se percató de lo que estaba ocurriendo e, inmediatamente, alertó a los habitantes de la aldea. Pero allí sólo había mujeres y niños, dado que los hombres se habían trasladado a la costa para celebrar la entrada de año.

Sin embargo, tres mujeres se lanzaron con las pequeñas embarcaciones disponibles al rescate de los náufragos. Se trataba de Josefa Parada (25 años), Cipriana Oujo Maneiro (16 años) y María Fernanda Oujo (14 años), logrando salvar a unas 25 personas. Sin embargo, de las 269 personas que iban a bordo del Santa Isabel (185 pasajeros y 84 tripulantes), sólo sobrevivieron 56. Los 213 fallecidos convirtieron el naufragio en una de las mayores catástrofes de la historia marítima de España.

 

         Aquellas mujeres y otras que, desde tierra, auxiliaron a las víctimas fueron conocidas como las “Heroínas de Sálvora” y el Gobierno les otorgó dos importantes condecoraciones: La Cruz de Tercera Clase, con distintivo negro y blanco de la Orden Civil de Beneficencia y la Medalla de Salvamento de Náufragos.

         Muchos años después, la Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima (SASEMAR) del Gobierno de España decidió dar el nombre de Heroínas de Sálvora al buque más moderno de su flota.

 

         Construido en los astilleros Zamakona, fue botado el 15 de junio de 2023. Con 82,35 metros de eslora y 18 de manga, es el mayor de los empleados por Salvamento Marítimo en el cumplimiento de sus misiones.

 

         Es preciso mencionar, al buque de Vigilancia Pesquera que llevó el nombre de Sálvora. Se trataba de un bacaladero encargado por el armados Luis María Arroyo al astillero Juliana de Gijón, donde fue puesto a flote en 1949, con el nombre de Virgen de la Almudena. Adquirido por la Armada, fue reconvertido en la Bazán de Ferrol, siendo dado de alta en la Lista Oficial de Buques de la Armada el 25 de septiembre de 1954.

         Con 32,58 metros de eslora y 6,28 de manga, tenía un desplazamiento de 271 toneladas. Tras ser sometido a varias modificaciones, relacionadas con su propulsión, en 1980 fue reclasificado como Patrullero de Vigilancia de Zona PVZ-11 y, en 1986, pasó a llevar la numeral P-20. Finalmente, fue dado de baja en octubre de 1990.


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