Entre los héroes de los Sitios de Zaragoza, destaca la figura de Miguel Salamero Buesa, nacido en la capital aragonesa el 30 de septiembre de. Era el cuarto hijo del matrimonio formado por Miguel Salamero, natural de Graus, y Rosa Buesa, nacida en Bolea, aunque vecinos de la parroquia zaragozana de San Felipe. Con su padre aprendió el oficio de tafetanero y llegó a regir un próspero taller con más de veinte empleados, donde elaboraban damascos y tafetanes de gran calidad.
Durante la Guerra de la Independencia
armó con escopetas a los empleados de su taller y, allí fue confeccionada la
bandera del 22º Batallón Ligero de “Voluntarios de Aragón” que durante muchos
años estuvo expuesta en los Inválidos de París.
Pero su figura está
asociada a la histórica jornada del 4 de agosto, cuando las tropas francesas
consiguieron entrar en la ciudad. Un destacamento penetró por la brecha abierta
en los muros de la Torre del Pino, llegando a la calle del Azoque. Salamero,
percatándose del riesgo que corría la ciudad, se hizo cargo de la defensa del
convento y huerta de Santa Fe. Allí se encontraban también mosen Santiago Sas y
otros, logrando frustrar los propósitos de los franceses, que tuvieron que
retirarse.
Fue Sas quien informó a
Palafox del comportamiento heroico de Salamero, pidiendo que le fuera concedido
el Escudo de Distinción, como así hzo, junto con el de Defensor del Primer y
Segundo Sitio.
Tras la capitulación,
Salamero fue enviado preso a Francia, pero se escapó al pasar los Pirineos,
permaneciendo escondido hasta la reconquista de Zaragoza.
Como
homenaje a su figura, se le dio su nombre a la plaza del Carbón, donde había
estado el convento que con tanta bravura defendió y, en la tumba donde reposan
sus restos, fue colocada la lápida que muestra la imagen.
Pero hoy
queremos recordar que estuvo casado con la borjana Rafaela Zaro, al parecer una guapa moza con la que tuvo seis hijos
y disfrutó de una desahogada posición económica.
Desgraciadamente, el 6 de
septiembre de 1801 falleció la esposa, a consecuencia de una enfermedad y en su
testamente legó joyas de indudable valor a sus hijas. Poco antes había muerto
la menor, Luisa, y muy pronto fallecieron sus dos hijos varones, ambos menores
de edad, de manera que sólo llegaron a la edad adulta la mayor Bárbara,
Agustina, nacida en 1790 y Antonia que vino al mundo en 1796.
Cuando Salamero regresó a
Zaragoza tuvo la fortuna de encontrar con vida a esas tres hijas, aunque estaba
completamente arruinado. Falleció en la capital aragonesa el 8 de enero de
1840, siendo enterrado en el nuevo cementerio de Torrero.




No hay comentarios:
Publicar un comentario