Siguiendo la tradición, al finalizar la Eucaristía, el párroco D. José María Sánchez Becerril procedió a bendecir a las mascotas que se habían congregado en el templo.
La mayoría eran perros de diferente porte, algunos de los cuales
iban coquetamente arropados, como muestran estas imágenes.
Pero, también,
había un gato que había permanecido muy formalito en la cesta en la que había
llegado a la iglesia.
Atrás queda la
antigua costumbre de llevar roscones para que, convenientemente troceados fueran
colocados en los pesebres de los animales de labor que, en Borja, no eran llevados
a bendecir, como en otros lugares o, al menos, no lo recordamos.








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