Hace años, el 1 de enero celebrábamos la fiesta de la Circuncisión del Señor. Tenía un fundamento bíblico, dado que, como relata el Evangelio de San Lucas (Lc 2,16-21) “Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al Niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción”. Y esos ocho días, tras la Nochebuena, se cumplen el 1 de enero.
La celebración
se asociaba a la del Dulce Nombre de Jesús que le había dado el ángel y, por
ese motivo, celebraban su onomástica todos los llamados Jesús o Manuel.
Pero, con el Papa
Juan XXIII las cosas comenzaron a cambiar y a ese día le dio el nombre de “Octava
de Navidad”. Luego, tras el Concilio, la reforma litúrgica de 1969 fijó en esa
fecha, la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, que un año antes San Pablo
VI ya había establecido ese día la Jornada Mundial de la Paz.
La fiesta del
Santísimo Nombre de Jesús pasó a celebrarse el 3 de enero, pero los Jesuses y
Manueles siguen celebrando su onomástica el primer día del año y el 3 de enero a
San Gordio de Cesarea, un mártir al que algunos tienen especial devoción.
Ilustramos este comentario con la preciosa tabla de la Circuncisión del antiguo retablo de la colegiata de Borja, que merecería un comentario especial.
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