Para las nueve de la mañana estaba anunciada la bendición de los roscones de San Antón en el pórtico de Santa María. Allí esperaban los mayordomos y los responsables de la cofradía, la llegada de los mismos.
Pero la
sorpresa fue enorme al constatar que lo que llegaba poco tenía que ver con los
tradicionales roscones. Tenían forma circular, pero era un mazacote de masa
dura, imposible de ser digerida sin remojar. La consternación cundió entre
todos, ante semejante tragedia.
Al final se decidió proceder a su bendición, que corrió a cargo del Párroco D. José María Sánchez Becerril que, en su monición, se refirió, con ironía, a las rosquillas más que roscones.
Con alegría
fueron rociados con agua bendita esas sorprendentes muestras gastronómicas, de
las que dejamos testimonio con unas imágenes tan malas como los roscones.





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