Para hoy está anunciado el inicio del derribo de otro gran edificio del casco histórico de Borja que, como es sabido, goza de la condición de Bien de Interés Cultural, en su categoría de conjunto.
Esta actuación constituye un episodio más dentro de la triste etapa que estamos viviendo, en la que se han llevado a cabo derribos, en ocasiones injustificados y en otras se ha actuado en monumentos importantes, cuya restauración ha sido muy cuestionada por los especialistas.
En el caso que
nos ocupa, el edificio aparece incluido en el Inventario del Patrimonio
Arquitectónico de Interés Histórico Artístico que realizó el Ministerio de
Cultura y, también, aparece referenciado en la obra Borja. Arquitectura y
evolución urbana.
Pero, todo ello, no ha bastado para impedir su derribo, en lugar de acometer su rehabilitación, sin duda posible. Cabe preguntarse, entonces, quién supervisa la protección del Patrimonio aragonés y cómo se conceden permisos de derribo con tanta facilidad, cediendo a los requerimientos de la propiedad (un banco en este caso) deseosa de desentenderse de sus obligaciones de mantenimiento.
Ante
situaciones como la presente cabe adoptar dos posturas. La más cómoda es
callar. De hecho, hay muchos que hacen uso de una cómoda autocensura en esta
época de feroz represión.
“¿Para qué
discrepar?”, “Mejor es permanecer en silencio, cuando cada vez es menor el
tiempo que te queda en el convento”. Son los consejos de personas
bienintencionadas, en contraste con esos comentarios anónimos de extraordinaria
crudeza que nos llegan cada vez que expresamos una opinión no compartida por
sus autores.
Pero, por arriesgado
que sea, hay que hablar para no ser cómplices de unas actuaciones que la
Historia (¿Sólo la Historia?) juzgará y condenará, aunque nosotros no lo
veamos.
Cuando éramos
jóvenes, aplaudíamos y pataleábamos en el cine, cuando la Caballería salvaba,
en el último momento, a quienes estaban a punto de sucumbir por el ataque de
los Sioux o los Apaches.
Ahora, esperamos
con inquietud la llegada de los “Apaches” para poner orden en este extraño
mundo que nos ha tocado vivir.





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