Hacíamos referencia ayer a dos grandes panteones militares existentes en el cementerio de la Purísima Concepción de Melilla, pero no son los únicos en este impresionante camposanto que es, sin duda, el mayor de España.
Hoy nos
referiremos a dos de los que albergan los restos de los regulares caídos en combate.
El primero de ellos es el Panteón de Regulares número 2, edificado en 1924 para
acoger los restos de los miembros de las unidades de Regulares muertos en la
llamada “Guerra de Margallo”, a la que ya nos referimos.
De planta cuadrada,
tiene sus paredes enlucidas y pintadas de blanco, con el entablamento que lo
recorre y las molduras del zócalo de color albero. En la fachada principal cuatro
columnas con capiteles corintios, sobre las que reposa un frontón triangular,
enmarcan la portada que da acceso a la capilla, bajo la cual se encuentran las
sepulturas.
Entre ellas la
del Teniente General D. José Sanjurjo, tras ser exhumado del panteón donde
reposaba en Pamplona, en aplicación de la llamada “Ley de la Memoria Histórica”.
Sus restos fueron llevados a este panteón de Melilla, dado que había sido Comandante
de Regulares durante la Guerra del Rif y, posteriormente, Comandante General de
Melilla.
El otro panteón
es el de Regulares número 5, inaugurado en 1927 para que allí reposaran los
restos de los miembros del Grupo nº 5 de Regulares de Alhucemas.
Tiene forma
troncopiramidal, con un remate escalonado, en cuya parte superior había un piramidón,
ahora desaparecido. En su frente, unas lápidas recuerdan a los caídos en combate.
En su única
planta se encuentra un altar y un grupo de sepulturas, aunque en torno suyo se
disponen otras tumbas.
Otro de los
panteones militares es el de la Aviación, construido en 1932, para albergar los
restos de los aviadores caídos en acción de guerra, en las campañas de
Marruecos.
El primero en
ser inhumado fue el teniente de la Legión y piloto D. Bernardo Salgado Fernández
de Villa Abrille, fallecido el 22 de agosto de 1923, al ser derribado su aparato,
un Bristol F.2B cuando operaba en apoyo de la posición de Tifarauin. Además, de
los caídos en Marruecos, también reposan allí otros aviadores muertos en la
Guerra Civil. En total, son 67 aviadores, por el momento.
Finalmente, nos
referiremos al llamado “Patio de la Legión” que no es un panteón, sino un
espacio con las tumbas de legionarios caídos, presidido por una esbelta palmera
que se alza sobre una basa con escaleras adosadas y el emblema del Tercio “Gran
Capitán” pintado al frente.
La palmera es
uno de los elementos emblemáticos de este cementerio, aunque no sabemos el
estado en el que se encuentra ahora, tras la plaga que afecta a estos árboles.
Por otro lado, emociona la disposición de las tumbas, todas iguales que, en
cierta manera, recuerda la de otros cementerios militares existentes en
diversos países y que tantas veces hemos envidiado.










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