Existe en Borja una calle a la que, por su nombre, muy pocos conocen, dado que suele ser utilizado el de “costera de San Pedro”, aunque también se va perdiendo.
En su primer tramo,
en la fachada de la casa que lo cierra hay una hornacina, en la que se colocaba
la imagen de San Pedro el día de su fiesta y también se encendía una hoguera,
como, con anterioridad, se hacía el día de San Juan.
La calle, con
la torre de Santa María al fondo, solía ser una de las imágenes típicas de la
ciudad, utilizada en muchas postales.
Su interés
radica en el hecho de haber servido de acceso a la Judería, aun se hace alusión
a ello, en una placa colocada al comienzo de la cuesta.
Pero, volviendo
al nombre oficial, cuando publicamos la obra sobre las calles de Borja, hace ya
bastantes años, intentamos encontrar una explicación para el mismo. Nos decantamos
por un personaje, bautizado el 20 de noviembre de 1631 en la parroquia de Santa
María de Borja. Se trataba de D. Mateo Sánchez Tarín, hijo de D. Mateo Sánchez
y de Dª. María Tarín, que fue Justicia de Borja en 1694 y que, probablemente, residiría
allí.
El Dr. Aguilera, cuando le
comentamos nuestras dudas, nos informó que tenía más datos sobre el citado
Mateo Sánchez. Pero, seguiremos ignorando cuándo le fue dado ese nombre a la
calle y la razón para ello.
Todo esto hemos
vuelto a recordarlo tras la lectura del artículo publicado en el XL Semanal,
suplemento dominical que acompaña a varios periódicos españoles.
En dicho
artículo se comentaba la historia de Juana de Austria, hija de Carlos V y
hermana de Felipe II, que fue regente de los reinos de España.
Mujer de extraordinaria
piedad, fue la fundadora del monasterio de las Descalzas Reales. Tuvo como
confesor y guía a San Francisco de Borja, con el que estaba emparentada y, quizás
por ello, quiso ingresar en la Compañía de Jesús.
Esa pretensión
planteó un grave problema a San Ignacio de Loyola, dado que la orden que había
fundado era sólo para hombres. Pero, por otro lado, no quería contrariar a tan
ilustre dama, de la que esperaba obtener apoyo incondicional.
La increíble solución
adoptada fue el de admitirla, pero con nombre de varón. Y de esta forma, Juana
se convirtió en la primera y única mujer jesuita de la historia. El nombre elegido
fue el de “Mateo Sánchez”, tras el que se ocultó su verdadera identidad.
Por supuesto
que el nombre de la calle borjana nada tiene que ver con esta rocambolesca
historia, pero nos ha permitido recordar al hombre que dio lugar a ese topónimo
en el callejero de nuestra ciudad, del que, por el momento, no conocemos
demasiados datos.



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