El respeto a los muertos, incluso si son enemigos, es algo presente en todas las culturas, salvo algunos casos excepcionales. De ahí que a muchos pueda parecerles sorprendente la existencia en Rusia de un cementerio militar alemán, en el que reposan los militares caídos en la II Guerra Mundial, combatiendo contra la Unión Soviética.
El cementerio se
encuentra en Pankovska (o Pankowska, a las afueras de la ciudad de Novgorod. En
su origen era un cementerio de la 1ª División de la Luftwaffe, siendo recuperado,
tras la desaparición de la Unión Soviética, por las Fuerzas Armadas alemanas.
De su cuidado se encarga la Volksbund
Deutsche Kriegsgräberfürsorge (Comisión Alemana de Tumbas de Guerra) que ha ido
reuniendo, en ese recinto, a miles soldados alemanes que combatieron en zona
del río Volchow, junto a los miembros de la División Azul.
Inicialmente,
los fallecidos eran sepultados en el lugar en el que se había producido su
muerte, pero, tras un minucioso proceso de investigación, han sido localizadas
muchas de esas tumbas y, trasladados sus restos al cementerio militar alemán antes
citado.
Allí, a la
izquierda de la entrada, se ha reservado un espacio “Spanischer Block” para acoger
los restos de los divisionarios, como se puede ver en este esquema.
Allí, en el centro, un monolito con
una cruz, el nombre de España y el emblema de la División Azul, con la
inscripción en español, alemán y ruso que dice: “Españoles caídos de la
División Azul”.
En torno suyo, una serie de lápidas
recuerdan a los casi dos mil españoles, de los cinco mil caídos en Rusia, que
reposan en este lugar.
Entre ellos, es
posible que se encuentren (aunque no podemos asegurarlo) los restos de un
borjano, el cabo Tomás Zaro Rubio, nacido en nuestra ciudad en 1920, que marchó
como mecánico de la Escuadrilla Azul, encontrando la muerte apenas un mes
después de su llegada al frente ruso, como consecuencia de un absurdo accidente
acaecido al caer desde una de las alas del avión Messerschmitt Bf.109-F, que estaba
ayudando a circular por la pista embarrada.
Fue enterrado,
con honores militares, en el propio campo, y sus compañeros dieron su nombre a
uno de los aparatos de la escuadrilla, siendo el único caso en el que el nombre
de un borjano identificó a un avión militar, como comentamos en el reportaje
que le dedicamos.
En este blog, también publicamos esta imagen de la inauguración, el 15 de septiembre de 1997, de espacio español en el cementerio alemán. El acto fue presidido por el Gobernador Militar de Novgorod y el General D. José Colldefors Valcárcel, Presidente de la Hermandad de Veteranos. Tras el rezo de un responso por un sacerdote católico polaco, se efectuó la ofrenda de tres coronas que llevaban los colores alemán, ruso y español, mientras la Filarmónica de Novgorod interpretaba “La muerte no es el final”.
Mientras en
Rusia se honra a nuestros caídos, en España, sus monumentos y panteones son
objeto de frecuentes actos vandálicos.










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