viernes, 20 de marzo de 2026

Sobre una imagen reconvertida

El pasado miércoles, al comentar la nueva ubicación del “Cristo de los Misereres”, decíamos que había sido llevado a la capilla de San Antón, junto a la imagen reaprovechada de San Buenaventura (un caso muy curioso). Esa referencia al “reaprovechamiento” de una imagen, ha llamado la atención de algunos lectores y, aunque ya lo hemos comentado, en ocasiones anteriores, en este blog, queremos volver a hacerlo, pues no deja de ser un hecho muy curioso.

 


          El busto, situado a la izquierda del retablo de San Antón, sobre una repisa en la que se hace constar el nombre de “San Buenaventura”, representa a un joven con las manos sobre el pecho y vistiendo un hábito con el color franciscano.

San Buenaventura, efectivamente, fue uno de los grandes santos de la Orden fundada por San Francisco de Asís. Nacido en Begnoregio, en 1218, llegó a ser creado cardenal, muriendo en Lyon en 1274. Canonizado en 1482, fue declarado Doctor de la Iglesia en 1588.

            Pero, en el caso del busto que estamos comentando, hay un detalle que sorprende, ya que, como santo franciscano, debería ceñir el cordón de la orden y, sin embargo, lo que aquí aparece es una correa, distintivo de la orden de San Agustín.

 

            Analizando con más detalle la obra, puede advertirse que, además de ese contrasentido, el hábito ha sido repintado y bajo los colores actuales se encuentra un hábito negro moteado de estrellas, uno de los atributos personales, junto con la perdiz que sostiene en su mano derecha, de San Nicolás de Toletino.

            San Nicolás de Tolentino era un poco más joven que San Buenaventura. Nació en 1245 y profesó en la Orden de San Agustín, en la que destacó por una vida dedicada a la oración y al apostolado. Fue canonizado en 1446 y se le representa como un hombre joven, aunque murió a los 60 años.

            Su devoción fue introducida en nuestra ciudad, tras la fundación del convento de agustinos recoletos. Es importante señalar que la influencia de estos religiosos fue muy grande, llegando a conseguir que la fiesta de San Agustín fuera declarada “fiesta votada” de la ciudad en 1621. Al año siguiente, lograron el mismo reconocimiento para la de San Nicolás de Tolentino que se celebra el 10 de septiembre. Podemos afirmar, por lo tanto, que, durante una época, la conmemoración de este santo agustino fue una de las fiestas de la ciudad.



            No es de extrañar, por lo tanto, la presencia de la imagen procesional que estamos comentando. También se conserva otra de cuerpo entero que se veneró en Borja y, posteriormente, fue llevada a Albeta, entonces barrio de la ciudad.

Allí se conserva en el ático del retablo mayor de su iglesia parroquial, de la que ofrecemos una fotografía de escasa calidad, en la que el santo lleva en su mano la perdiz a la que hemos hecho referencia y que recuerda uno de sus milagros más conocidos.

Estando enfermo al final de sus días, le ofrecieron para comer dos perdices asadas, con el propósito de que mejorara, reforzando su dieta que era muy pobre, dado que había hecho el propósito de prescindir de la carne. Para no romper sus hábitos alimenticios, cuando le acercaron el plato, les dijo a las perdices: “Seguir vuestro camino” e inmediatamente ante el asombro general emprendieron el vuelo.

En Borja, el que “voló” fue el Santo camino de Albeta, mientras transformaban torpemente el busto de Santa María, borrando el color negro del hábito y las estrellas, para reconvertirlo en San Buenaventura, aunque dejando la correa de los agustinos que fue la que nos puso sobre la pista de este llamativo caso.


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