lunes, 16 de marzo de 2026

El parque de Saigón que fue español

         En un artículo anterior, hablamos acerca de la participación española en la campaña de Cochinchina, organizada por la Francia de Napoleón III como represalia por la represión del emperador de Annam, que había costado la vida a numerosos cristianos, entre los que se encontraban dos obispos españoles, cruelmente martirizados.

         Reinaba en España Isabel II y el general O’Donnell era el Presidente del Consejo de Ministros. Aceptando la propuesta del emperador francés, se decidió el envío, desde Filipinas, de un contingente de tropas, integrado por unos 1.600 soldados, la mayoría de ellos tagalos, así como el de varias unidades navales, el aviso Elcano, el vapor Jorge Juan, la corbeta Narváez y la goleta Constancia, que se incorporaron sucesivamente.

 

Al frente de la expedición iba el coronel Ruiz de Lanzarote y, con él, el teniente coronel Ascario y los comandantes Primo de Rivera y Carlos Palanca (en la imagen). Este último tuvo una importante participación en las diversas fases de la campaña y llegó a ser ascendido a mariscal de campo.

         Las tropas españolas partieron de Manila en agosto de 1858, a bordo del vapor francés Dorogne y, un poco más tarde, de la fragata Durance, ambas unidades con destino a la bahía de Yu Kin Can, donde ya estaba el aviso español Elcano.




         El 14 de septiembre dieron comienzo las operaciones con el bombardeo de los fuertes que protegían la bahía de Danang, alguno de los cuales fue volado y otros ocupados, con la decidida participación de las unidades españolas y, en concreto del comandante Palanca.

 


         El 14 de septiembre dieron comienzo las operaciones con el bombardeo de los fuertes que protegían la bahía de Danang, alguno de los cuales fue volado y otros ocupados, con la decidida participación de las unidades españolas y, en concreto del comandante Palanca.

 

         Aunque la ciudad quedó en poder de las tropas aliadas, no cejaron por ello de producirse fuertes combates con las tropas amnanitas, destacando la heroica defensa de la pagoda de Ciochetons, en la que, durante tres días, el destacamento español tuvo que resistir los ataques de una fuerza enfurecida.

         La ocupación de Saigon, con la decidida participación española, sirvió de base a los franceses para negociar la paz con el emperador Tu Doc y, aunque la guerra no finalizó entonces (hubo otras fases en las que no vamos a detenernos), puso al descubierto las verdaderas intenciones de Francia.

 

         Mientras los españoles retornaban a Filipinas, el país vecino iniciaba el control del territorio, consolidado tras el tratado de Paz, en el que España no obtuvo otra cosa que una mínima compensación económica y unos hipotéticos derechos de libre comercio en algunos puertos. Aún pudo celebrarse en Saigón, durante nuestra presencia en la ciudad, una ceremonia con ocasión del cumpleaños de la reina Isabel II, como muestra el grabado.

 

         En reconocimiento a la actuación española, Napoleón III nombró comendador de la Orden de la Legión de Honor al futuro general Palanca y a España le cedió un terreno de unos cuatro kilómetros cuadrados en Saigón. De aquel terreno español en Vietnam nadie se ocupó y, finalmente, en 1922, España se lo devolvió a Francia que construyó allí el parque Bach Tung Diep.

Los franceses fueron derrotados en Dien Bien Phu, en 1954; llegaron los norteamericanos que tuvieron que hacer frente a una desastrosa guerra, que acabó en 1975 con el triunfo del Vietcong y Vietnam del Norte. Saigón pasó a llamarse Ciudad Ho Chi Minh, pero el parque construido sobre el terreno que fue español, situado frente a la Ópera y el Hotel Continental, continúa ofreciendo un remanso de paz a los visitantes.

 


         Nos ha sorprendido ver que allí también hacen pintadas. Por otra parte, en su recinto se alzan algunos monumentos, como el dedicado al estudiante Tran Van On, muerto en el transcurso de una manifestación.


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