Estuvimos en Calamocha para contemplar un importante palacio, situado en su calle Mayor, conocido actualmente como Casa de los Angulo, pero vinculado, con anterioridad con otros linajes como los Navarro, Vicente y Espejo.
En realidad, el
edificio está formado por la unión de dos palacios, el original y el conocido
como de los Tejada, construido cuando, a raíz de las dificultades financieras
de los Vicente, se vieron obligados a vender una parte de su casa solariega, lo
que dio origen a ese nuevo palacio, cuya separación es perfectamente visible en
la fachada.
Nuestro interés
venía determinado por la relación existente entre los propietarios del palacio
original y los marqueses de González de Castejón. Raúl Rivarés publicó en Cuadernos
de Estudios Borjanos un interesante artículo sobre el linaje de los Navarro
de Egui.
Allí y en otras
fuentes, se comenta el matrimonio de D. Manuel Navarro de Egui, natural de
Borja con Dª. María Ignacia Vicente de Espejo, de Calamocha. Fruto de ese matrimonio
nacieron ocho hijos, uno de los cuales fue D. José Miguel Vicente Espejo, el II
marqués de González de Castejón, tras su matrimonio con Teresa González de
Castejón y Arnedo.
La historia de
los Navarro de Egui se asemeja a una novela de intriga familiar que ha descrito
detalladamente Jaime Angulo Sáinz de Varanda, en un artículo publicado en Emblemata,
que merece la pena leer. Pero, al tratar de los ascendientes de los marqueses,
tras el estudio comentado de los Navarro de Egui, queda pendiente en de los Espejo,
una familia también muy importante.
Pero, en
nuestro recorrido por las calles de Calamocha, también nos detuvimos ante el
que fue convento de religiosas concepcionistas, hoy propiedad del Ayuntamiento
y, al parecer, en proceso de rehabilitación.
El convento
había sido fundado en 1690 por religiosas procedentes de la comunidad de Miedes
que, en nuestra época terminaron uniéndose a la de Borja.
Nos impresionó
su iglesia parroquial de la Asunción, con una hermosa portada y, aunque no
llegamos a entrar, no queremos dejar de mencionar el espectacular baldaquino
que preside su nave central.
Hay otros
edificios importantes en los que, como en los ya comentados, sorprende el uso
de sillares de piedra que ignoramos si fueron labrados exprofeso a reaprovechados.
Vimos también
el monumento dedicado al Dance de San Roque, obra del escultor José Gonzalvo, y
el reconstruido peirón, gracias a Ibercaja y el Ayuntamiento de Calamocha.
Una visita, en
suma, muy interesante, complementada con una excelente comida en un conocido
restaurante.













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