lunes, 5 de octubre de 2026

Los trágicos sucesos de octubre de 1934 en Mallén

Tras las elecciones de noviembre de 1933, en las que las urnas dieron el triunfo a las candidaturas de derecha, el PSOE optó por la vía insurreccional para la consecución de sus objetivos y, junto con la UGT, comenzó a preparar lo que, en octubre de 1934, desembocaría en la llamada “revolución de octubre”.

          En la madrugada del 4 al 5 de ese mes, dio inicio una huelga revolucionaria que fue reprimida en la mayor parte de España, salvo en Cataluña donde Lluís Companys, de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), proclamó el “Estado Catalán”. 

 


         Volvieron a arder iglesias, como había ocurrido en los días inmediatamente posteriores a la implantación de la República. Pero la violencia alcanzó su máxima expresión en Asturias, donde los mineros, armados con cartuchos de dinamita, llegaron a volar la Cámara Santa de Oviedo, siendo necesaria la intervención de la Legión para sofocar la revolución.

 

La rebelión también alcanzó a nuestra comarca, especialmente a Mallén, donde los miembros de la UGT, proclamaron el comunismo libertario y salieron a las calles armados con escopetas de caza y algunas pistolas. Los revolucionarios asaltaron el ayuntamiento y, tras desarmar a los alguaciles, izaron su bandera en el balcón principal. A continuación, se dirigieron al cuartel de la Guardia Civil, logrando hacerse con el control del edificio, tras un intercambio de disparos.

 

         Ante la gravedad de los hechos fue enviada, desde Tudela, una compañía de la Guardia Civil para intentar controlar la situación. Cuando se acercaban a Mallén, el 5 de octubre de 1934, sus efectivos fueron recibidos con disparos, que provocaron la muerte del Cabo D. Vicente Revilla y heridas a otro número de la Benemérita. También hubo heridos entre los sublevados. El cabo Revilla había nacido en Arellanosa de Muñoz (Burgos) en 1885 y estaba casado con Dª. Leocadia González González, siendo padre de seis hijos.

         Al entrar en la población, la Guardia Civil clausuró la Casa del Pueblo, pero, algunos vecinos, volvieron a intercambiar disparos con las fuerzas del Orden, resultando muerto Bonifacio de Sola Arana, vecino de la localidad.

 

El cadáver del cabo Revilla fue trasladado a Tudela en cuyo cementerio recibió sepultura. En su lápida se hace constar que “murió gloriosamente en Mallén”.

Según un documento, que dimos a conocer hace dos años, hubo más de cien detenidos. Entre ellos, figuraba Elena Palacios Baigorri, a la que en ese documento se la califica de “generala en jefe de esta revuelta”, y sus hijos Antonio y Elena.

Todos ellos comparecieron ante Consejos de Guerra sumarísimos, recibiendo severas condenas. Alejandro Armingol (o Armengol) y Joaquín Gómez Bea fueron condenados a muerte; otros a varios años de prisión. Pero, tras el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, todos quedaron en libertad, siendo objeto de algunos homenajes.        

Lamentablemente, tras el inicio de la Guerra Civil, fueron de nuevo detenidos y fusilados. En el caso de Elena Palacios, lo fue en 18 de agosto de 1936 junto con su hija (de 36 años), mientras que su hijo Antonio pudo salvarse marchando voluntario al frente.


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