Ha sido Juan María de Ojeda quien nos ha puesto sobre la pista de un suceso que habíamos olvidado: el aterrizaje de emergencia de un bombardero norteamericano en Luceni, en el año 1944.
Y decimos olvidado
ya que, en nuestro archivo de prensa, conservamos el extenso reportaje que,
firmado por Rubén Ramos y Carlos Rialp, apareció publicado en el suplemento
dominical de Heraldo de Aragón, el 28 de junio de 2009, con el título “La
sombra del avión que llegó a Luceni”, ilustrado con interesantes imágenes.
El aparato,
protagonista de este suceso, era un B-17 G-10 de la US Air Force, conocido con
el sobrenombre de “Dog Breath II”, un formidable bombardero que pertenecía a un
modelo mejorado de una serie de la que se llegaron a producir numerosos
aviones.
Había partido
de la base de Deopham Green, cerca de Norwich, para bombardear una base alemana
ubicada en Corme-Ecluse (al norte de Burdeos). Tras una primera pasada, fueron
alcanzados por las baterías antiaéreas y, ante la imposibilidad de retornar a
Inglaterra, decidieron internarse en la península, con el propósito de llegar a
Portugal, como se les había ordenado.
Pero, ante la pérdida
de altitud, cuando se encontraban en las cercanías de Luceni, el piloto tomó la
decisión de aterrizar. Lo hizo impecablemente en la actual N-232, sin que
resultaran heridos ninguno de los diez miembros de su dotación.
Eran Clark G.
Graham (piloto); Robert W. Jones (copiloto); Charles R. Weinberger (navegador);
Herbert E. Fletcher (bombardero); Wayn A. England (ingeniero de vuelo); James
S. Warnick (operador de radio) y Robert P. Stittsworth, Gordon E. Hanson,
Jessie E. Roberts y William L. Holmes (artilleros). Curiosamente, cuando
Heraldo publicó el reportaje, aún vivía, con 92 años, el piloto Graham, que
recordaba lo acaecido aquel día en Luceni.
En primer
lugar, tras el aterrizaje, tomaron la decisión de incendiar el avión, después
de haber retirado sus ametralladoras, quedando completamente destruido. Al parecer,
esta decisión fue adoptada para proteger ciertos componentes secretos o para
impedir que cayera en manos alemanas, dada la relación que el III Reich mantenía
con España.
Hasta el lugar
del aterrizaje llegaron pronto vecinos de Luceni y Boquiñeni, así como algunos
números de la Guardia Civil. Pronto lo hicieron soldados de Aviación y el
piloto recordaba con agrado la costillada que les sirvieron en un cuartel. No sabemos
si fue en Luceni o en Zaragoza, a donde fueron trasladados.
Posteriormente,
fueron confinados en Alhama de Aragón, donde estuvieron muy poco tiempo, en
condiciones muy agradables, antes de ser enviados a Gibraltar, desde donde
retornaron al servicio activo.
Esta es la
historia del avión que aterrizó en Luceni, que hemos podido revivir, gracias a
Juan María de Ojeda y a Heraldo de Aragón.






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