viernes, 16 de octubre de 2026

Un sermón de don Pablo Pérez Montorio

         Una gran colaboradora de nuestro Centro nos ha hecho llegar un importante documento. Se trata del texto manuscrito del sermón que D. Pablo Pérez Montorio pronunció en la fiesta de la Virgen de la Peana de 1947.

 

D. Pablo Pérez Montorio fue un sacerdote borjano que, tras completar su formación en el Seminario de Tarazona, se licenció en Derecho Canónico y en Lenguas Clásicas por la Universidad de Comillas. De reconocido prestigio y brillante oratoria, renunció en varias ocasiones a la consagración episcopal, porque su única ilusión era vivir en la ciudad donde había nacido, desempeñando una modesta plaza de beneficiado en Santa María.

 

         Sin embargo, apenas conservamos testimonios de su vida, ni otras imágenes salvo éstas en grupo. En la segunda es el sacerdote que apoya su mano sobre el monaguillo que va delante.

 

En nuestro archivo conservamos este sencillo recordatorio de sus Bodas de Oro sacerdotales. Editado en la imprenta de Borja, lleva fecha de 22 de febrero de 1952, por lo que su ordenación tuvo lugar en 1902.

         Llama la atención el texto, sin duda redactado por él: Con frases del real Profeta os suplico, amigos míos, que “engrandezcáis conmigo al Señor y todos unánimes ensalcemos su nombre” en el quincuagésimo Aniversario del día en que Jesucristo se dignó elegirme para administraros su Cuerpo, su Palabra y su Perdón.

         La frase elegida para dar gracias a Dios corresponde al versículo 4 de Salmo 34, atribuido al rey David (el real Profeta que menciona) que, en la versión actual de la Sagrada Biblia, editada por la Conferencia Episcopal Española, dice así “Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre”.

         La que sigue, constituye una síntesis perfecta de la labor de un sacerdote: administrar el Cuerpo, la Palabra y el Perdón, en nombre de Jesucristo o lo que los mismo, proclamar su palabra y ser ministro de los Sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación o Penitencia.

 

         También conservamos el folleto, editado en 1930, con la oración fúnebre que pronunció, con ocasión de las exequias celebradas en Borja por el cardenal Casanova.

         De ahí el interés del texto que ahora nos ha llegado, en el que comenta que en 53 ocasiones le había sido encomendada la misión de pronunciar el elogio a la Virgen de la Peana. Nos ha llamado la atención ese dato, dado que, si fue ordenado sacerdote en 1902, sólo habían transcurrido 45 años hasta la fecha del sermón al que hacemos referencia.

         En él mencionaba un poema/oración que repetía en sus horas “de mística ternura”:

“A tu peana, Virgen querida, tienes uncida la población; por eso yo te rogaba, ante el temor de posibles deserciones y desvíos: Une sus almas en tu regazo con fuerte lazo de religión”.

 

         D. Pablo fue un sacerdote muy querido en su ciudad natal, donde le dedicaron una calle, que la furia antirreligiosa borró del callejero, junto con las de otros sacerdotes e, incluso, la plaza del cardenal Casanova.

         Sin embargo, la placa, parcialmente oculta, permaneció en su lugar y, ahora, tras ser derribado el edificio que la sustentaba, ha vuelto a ser restaurada en la tapia que cierra el solar resultante.


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