Una gran colaboradora de nuestro Centro nos ha hecho llegar un importante documento. Se trata del texto manuscrito del sermón que D. Pablo Pérez Montorio pronunció en la fiesta de la Virgen de la Peana de 1947.
D. Pablo Pérez Montorio fue un sacerdote
borjano que, tras completar su formación en el Seminario de Tarazona, se
licenció en Derecho Canónico y en Lenguas Clásicas por la Universidad de
Comillas. De reconocido prestigio y brillante oratoria, renunció en varias
ocasiones a la consagración episcopal, porque su única ilusión era vivir en la
ciudad donde había nacido, desempeñando una modesta plaza de beneficiado en
Santa María.
Sin embargo, apenas
conservamos testimonios de su vida, ni otras imágenes salvo éstas en grupo. En
la segunda es el sacerdote que apoya su mano sobre el monaguillo que va
delante.
En nuestro archivo conservamos este
sencillo recordatorio de sus Bodas de Oro sacerdotales. Editado en la imprenta
de Borja, lleva fecha de 22 de febrero de 1952, por lo que su ordenación tuvo
lugar en 1902.
Llama la
atención el texto, sin duda redactado por él: Con frases del real Profeta os
suplico, amigos míos, que “engrandezcáis conmigo al Señor y todos unánimes
ensalcemos su nombre” en el quincuagésimo Aniversario del día en que Jesucristo
se dignó elegirme para administraros su Cuerpo, su Palabra y su Perdón.
La frase
elegida para dar gracias a Dios corresponde al versículo 4 de Salmo 34,
atribuido al rey David (el real Profeta que menciona) que, en la versión actual
de la Sagrada Biblia, editada por la Conferencia Episcopal Española, dice así
“Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre”.
La que sigue,
constituye una síntesis perfecta de la labor de un sacerdote: administrar el
Cuerpo, la Palabra y el Perdón, en nombre de Jesucristo o lo que los mismo,
proclamar su palabra y ser ministro de los Sacramentos de la Eucaristía y de la
Reconciliación o Penitencia.
También conservamos
el folleto, editado en 1930, con la oración fúnebre que pronunció, con ocasión
de las exequias celebradas en Borja por el cardenal Casanova.
De ahí el
interés del texto que ahora nos ha llegado, en el que comenta que en 53
ocasiones le había sido encomendada la misión de pronunciar el elogio a la Virgen
de la Peana. Nos ha llamado la atención ese dato, dado que, si fue ordenado
sacerdote en 1902, sólo habían transcurrido 45 años hasta la fecha del sermón
al que hacemos referencia.
En él
mencionaba un poema/oración que repetía en sus horas “de mística ternura”:
“A tu peana, Virgen querida, tienes uncida la población; por
eso yo te rogaba, ante el temor de posibles deserciones y desvíos: Une sus
almas en tu regazo con fuerte lazo de religión”.
D. Pablo fue un
sacerdote muy querido en su ciudad natal, donde le dedicaron una calle, que la
furia antirreligiosa borró del callejero, junto con las de otros sacerdotes e,
incluso, la plaza del cardenal Casanova.
Sin embargo, la
placa, parcialmente oculta, permaneció en su lugar y, ahora, tras ser derribado
el edificio que la sustentaba, ha vuelto a ser restaurada en la tapia que
cierra el solar resultante.





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