domingo, 11 de octubre de 2026

Los Borja en Valencia

         Paseando por las calles de Valencia encontramos esta lápida, en los muros de la catedral, en la que se recuerda la erección del obispado de esa ciudad en sede metropolitana, siendo D. Rodrigo de Borja, el futuro Papa Alejandro VI, su primer arzobispo.

 

         Los Borja tienen también una calle dedicada en el centro histórico de la ciudad. Les fue dedicada el 3 de junio de 1960 y enlaza la calle Caballeros con la de la Concordia. Anteriormente, llevó los nombres de Abadia de San Bartolomé y calle conde de Carlet.

 

         Pero hay muchas otras huellas de esta familia en la ciudad del Turia. La más importante es, sin duda, la del Palacio de los Borja o Palacio de Benicarló que los primeros duques de Gandía mandaron construir en el siglo XV.

         El palacio siguió en poder de la familia Borja y, posteriormente, de las casas de Benavente y Osuna, hasta que, a mediados del siglo XIX, fue adquirido por la familia Pujols, con el propósito de establecer allí una fábrica de seda.

         No muchos años después, Emilia Fontanals y Pujals, junto con su marido el ingeniero Juan Pérez Sanmillán y Miquel, asumieron la costa obra de rehabilitar el edificio, prácticamente en ruinas. El rey Alfonso XIII creó el título de marqués de Benicarló en la persona del citado Juan Pérez Samillán, razón por la cual se le conoce como Palacio de Benicarlo.

         En ese edificio se estableció el Gobierno de la II República, tras abandonar Madrid en el transcurso de la Guerra Civil y, actualmente, es la sede de las Cortes valencianas.

 

         Pero es en la catedral donde podemos encontrar testimonios importantes del mecenazgo ejercido por algunos miembros de la familia. Entre ellos Rodrigo de Borja que, en 1472, encargó la decoración al fresco de la bóveda de la capilla mayor.

         Fueron Francesco Pagano y Paolo de San Leocadio quienes lo hicieron, siendo el segundo el que introdujo el estilo renacentista en la Península. Sobre un fondo azul estrellado, pintaron ángeles (serafines) músicos que causaron gran impacto.

         Sin embargo, en 1682, las pinturas quedaron ocultas por una nueva bóveda y no fue hasta 2004 cuando se redescubrieron y restauraron, sorprendiendo el excelente estado en el que se encontraban.

 

         Fue Alfonso de Borja, el futuro Papa Calixto III, quien mandó construir la capilla de San Pedro, en la nave lateral derecha de la catedral. Entre 1696 y 1703, el arquitecto Juan Bautista Pérez Castiel la transformó en el estilo barroco que actualmente tiene y la dotó de una cúpula semiesférica con linterna.

         Lamentablemente, el 21 de julio de 1936, fue incendiada por milicianos del Frente Popular que iniciaron el fuego en varios puntos de la catedral, ocasionando la pérdida de muchas obras de Arte. Esta capilla quedó arruinada y sirvió de almacén hasta fechas recientes, en las que fue abierta al culto, tras ser redecorada.

 

         Es necesario recordar, especialmente en estos momentos, aquella trágica jornada en la que no solamente ardió la catedral (durante todo un día), sino también el palacio arzobispal y la basílica de la Virgen de los Desamparados, donde, tras disparar a la cabeza de la Patrona de Valencia, quemaron el templo. La imagen muestra cómo quedó la imagen de la Virgen que, tras la intervención del Alcalde de la ciudad, fue llevada en secreto al Ayuntamiento, donde permaneció hasta el final de la guerra, gracias a que se anunció que se había quemado completamente.

 


         Otra capilla importante de la catedral es la dedicada a San Francisco de Borja, presidida por un lienzo de Salvador Maella, que representa al todavía duque de Gandía ante el cadáver de la emperatriz, en el momento en el que, según la leyenda, decidió consagrarse a “Señor que no puede morir”.

 


         En los laterales dos obras de Francisco de Goya. Una de ellas representa el momento en el que San Francisco se despide de sus hijos para entrar en la Compañía de Jesús. En la otra, el Santo atiende a un moribundo que no quiere confesarse. Estas obras se salvaron gracias a la rápida intervención del Gobierno de la República que las incautó para evitar su destrucción.

 

         Finalmente, queremos hacer mención de la iglesia de San Nicolás y San Pedro Mártir, ya que fue párroco de ella el futuro Papa Calixto III, que la reconstruyó y amplió, aunque su aspecto actual responde a la reforma llevada a cabo, entre 1690 y 1693, por el arquitecto Juan Bautista Pérez Castiel.       

         La decoración interior fue encargada a Antonio Palomino que también trabajo en otros templos valencianos. Palomino diseñó el programa iconográfico que fue ejecutado, al fresco, por su discípulo valenciano Dionís Vidal entre 1697 y 1700.

         Tras la restauración de todo el conjunto el templo es conocido como la “Capilla Sixtina valenciana”.


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