Paseando por las calles de Valencia encontramos esta lápida, en los muros de la catedral, en la que se recuerda la erección del obispado de esa ciudad en sede metropolitana, siendo D. Rodrigo de Borja, el futuro Papa Alejandro VI, su primer arzobispo.
Los Borja
tienen también una calle dedicada en el centro histórico de la ciudad. Les fue
dedicada el 3 de junio de 1960 y enlaza la calle Caballeros con la de la Concordia.
Anteriormente, llevó los nombres de Abadia de San Bartolomé y calle conde de
Carlet.
Pero hay muchas
otras huellas de esta familia en la ciudad del Turia. La más importante es, sin
duda, la del Palacio de los Borja o Palacio de Benicarló que los primeros duques
de Gandía mandaron construir en el siglo XV.
El palacio
siguió en poder de la familia Borja y, posteriormente, de las casas de
Benavente y Osuna, hasta que, a mediados del siglo XIX, fue adquirido por la
familia Pujols, con el propósito de establecer allí una fábrica de seda.
No muchos años
después, Emilia Fontanals y Pujals, junto con su marido el ingeniero Juan Pérez
Sanmillán y Miquel, asumieron la costa obra de rehabilitar el edificio,
prácticamente en ruinas. El rey Alfonso XIII creó el título de marqués de
Benicarló en la persona del citado Juan Pérez Samillán, razón por la cual se le
conoce como Palacio de Benicarlo.
En ese edificio
se estableció el Gobierno de la II República, tras abandonar Madrid en el
transcurso de la Guerra Civil y, actualmente, es la sede de las Cortes
valencianas.
Pero es en la
catedral donde podemos encontrar testimonios importantes del mecenazgo ejercido
por algunos miembros de la familia. Entre ellos Rodrigo de Borja que, en 1472,
encargó la decoración al fresco de la bóveda de la capilla mayor.
Fueron Francesco
Pagano y Paolo de San Leocadio quienes lo hicieron, siendo el segundo el que introdujo
el estilo renacentista en la Península. Sobre un fondo azul estrellado,
pintaron ángeles (serafines) músicos que causaron gran impacto.
Sin embargo, en
1682, las pinturas quedaron ocultas por una nueva bóveda y no fue hasta 2004
cuando se redescubrieron y restauraron, sorprendiendo el excelente estado en el
que se encontraban.
Fue Alfonso de
Borja, el futuro Papa Calixto III, quien mandó construir la capilla de San Pedro,
en la nave lateral derecha de la catedral. Entre 1696 y 1703, el arquitecto
Juan Bautista Pérez Castiel la transformó en el estilo barroco que actualmente
tiene y la dotó de una cúpula semiesférica con linterna.
Lamentablemente,
el 21 de julio de 1936, fue incendiada por milicianos del Frente Popular que iniciaron
el fuego en varios puntos de la catedral, ocasionando la pérdida de muchas obras
de Arte. Esta capilla quedó arruinada y sirvió de almacén hasta fechas
recientes, en las que fue abierta al culto, tras ser redecorada.
Es necesario
recordar, especialmente en estos momentos, aquella trágica jornada en la que no
solamente ardió la catedral (durante todo un día), sino también el palacio
arzobispal y la basílica de la Virgen de los Desamparados, donde, tras disparar
a la cabeza de la Patrona de Valencia, quemaron el templo. La imagen muestra cómo
quedó la imagen de la Virgen que, tras la intervención del Alcalde de la
ciudad, fue llevada en secreto al Ayuntamiento, donde permaneció hasta el final
de la guerra, gracias a que se anunció que se había quemado completamente.
Otra capilla
importante de la catedral es la dedicada a San Francisco de Borja, presidida
por un lienzo de Salvador Maella, que representa al todavía duque de Gandía
ante el cadáver de la emperatriz, en el momento en el que, según la leyenda,
decidió consagrarse a “Señor que no puede morir”.
En los laterales
dos obras de Francisco de Goya. Una de ellas representa el momento en el que
San Francisco se despide de sus hijos para entrar en la Compañía de Jesús. En
la otra, el Santo atiende a un moribundo que no quiere confesarse. Estas obras
se salvaron gracias a la rápida intervención del Gobierno de la República que
las incautó para evitar su destrucción.
Finalmente,
queremos hacer mención de la iglesia de San Nicolás y San Pedro Mártir, ya que
fue párroco de ella el futuro Papa Calixto III, que la reconstruyó y amplió, aunque
su aspecto actual responde a la reforma llevada a cabo, entre 1690 y 1693, por el
arquitecto Juan Bautista Pérez Castiel.
La decoración
interior fue encargada a Antonio Palomino que también trabajo en otros templos
valencianos. Palomino diseñó el programa iconográfico que fue ejecutado, al fresco,
por su discípulo valenciano Dionís Vidal entre 1697 y 1700.
Tras la
restauración de todo el conjunto el templo es conocido como la “Capilla Sixtina
valenciana”.











No hay comentarios:
Publicar un comentario