Proseguimos hoy el análisis de este retablo que comenzamos ayer y lo hacemos con esta bella imagen, tomada desde el interior de las dependencias conventuales.
En la
parte superior del mismo, se encuentra la Inmaculada Concepción, entre dos
santas mártires, probablemente atendiendo a las circunstancias propias de un
convento de religiosas. Esas dos esculturas se realizaron posteriormente, pues
mientras que las del cuerpo inferior y la Inmaculada fueron entregadas por
Ramírez de Arellano el día de la víspera de la Ascensión de 1745, la llegada de
estas otras se demoró más de diez años, aunque también fueron realizadas por el
mismo escultor.
La imagen de la izquierda es Santa Bárbara que lleva, en su mano derecha, la torre como atributo personal y, en la izquierda, la palma propia de su condición de mártir. Santa Bárbara fue una princesa de Nicomedia (población situada a orillas del mar de Mármara) que fue encerrada por su padre en una torre para impedir, que en su ausencia, pudiera enamorarse de algún joven.
Durante su
estancia en ella, se convirtió al Cristianismo y, como expresión de su nueva
fe, mandó abrir tres ventanas en la torre, haciendo alusión al misterio de la
Santísima Trinidad. Cuando regresó el padre quiso que abjurase de sus creencias
y al mantenerse firme en las mismas, fue sometida a terribles suplicios hasta
que su propio padre la decapitó en la cima de una montaña próxima. En ese
instante, un rayo fulminó al parricida, por lo que la Santa es considerada
abogada defensora frente a las tormentas. Es además, patrona de los artilleros
por su asociación con el ruido del trueno que acompañó al rayo. También la
tienen como patrona los canteros, en referencia a las obras que realizó en la
torre.
Al otro
lado se encuentra Santa Catalina de Alejandría que tiene a su lado una rueda
dentada, su atributo personal. En la mano derecha llevaba la palma del
martirio, ahora desparecida. Nacida en la ciudad egipcia de Alejandría hacia
290, en el seno de una familia noble, se convirtió al Cristianismo. Cuando el
emperador Majencio visitó la ciudad, ordenar ofrecer sacrificios a los dioses a
lo que se opuso la santa. Fue mandada azotar y encerrada en una prisión. En
ella llegó a convertir a uno de los oficiales que la custodiaban y a 200
soldados, según su hagiografía. Majencio enfurecido ordenó matarla,
desgarrándola con una rueda con cuchillas, pero se quebró al tocar su cuerpo,
siendo finalmente decapitada. Por ese motivo la rueda es el símbolo con el que
se la representa y, por la misma razón, fue adoptada por patrona por todos los
oficios relacionados con las ruedas, carreteros, molineros etc.
En el
centro se encuentra la Inmaculada Concepción, una advocación profundamente
enraizada en la familia franciscana, mucho antes de la definición del dogma. La
Virgen viste de blanco y azul, siguiendo el modelo adoptado, a partir del siglo
XVI tras la visión de Santa Beatriz de Silva.
La
Virgen está representada sobre nubes y tiene a sus pies a la serpiente con la
manzana del Pecado Original en la boca, en referencia al capítulo del Génesis,
cuando el propio Dios anuncia que “Ella te aplastará la cabeza”. La serpiente
representa al demonio que tentó a nuestros primeros padres en el Paraíso. De
esta forma, María es la mujer que vence al pecado y que, por privilegio
especial, fue concebida sin esa mancha que es, precisamente, lo que proclama el
dogma de la Inmaculada Concepción. La luna es un símbolo muy antiguo de la
castidad, en el que algunos autores han querido ver también una referencia a la
victoria de Lepanto, sin excesivo fundamento.
Habitualmente,
está coronada por doce estrellas, lo que no ocurre en este caso. Sobre ella, se
advierte uno de los emblemas de la orden franciscana, los brazos cruzados de
San Francisco y Cristo, en alusión a la estigmatización del fundador de la
misma.
Son también muy interesantes, algunos
motivos representados en la mazonería del retablo. Así, en los plintos de las
columnas que separan las calles, aparecen los anagramas de Cristo y María. A la
izquierda el trigrama IHS que creara San Bernardino de Siena y a la derecha el
de María.
En los laterales de los mismos, figuran
símbolos de clara inspiración mariana. Unos son tomados de las letanías
lauretanas: “Rosa mystica (rosa
mística)”, “Turris eburnea (torre de
marfil)” y “Stella matutina (estrella
de la mañana)”. El otro “Fons salutis
(fuente de salud)”, esta inspirado en esa “fuente cerrada” a que hace alusión
el Cantar de los Cantares.
En el
frontal vuele a aparecer el emblema de la orden franciscana, entre los
anagramas de Jesús y María.
Estamos,
por lo tanto, ante un conjunto de gran
belleza que, únicamente , se ve alterado por las gradas que elevan el expositor
y el plinto sobre el que se dispone el santo titular que queda excesivamente
elevado, impidiendo la contemplación del paisaje pintado que, originalmente, lo
enmarcaba.
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