Seguimos en la ría de Pontevedra y, en ella, encontramos la isla de San Clemente, también conocida como illa do Santo do Mar. Se trata de una isla de 1,6 hectáreas que, durante la bajamar, queda unida a tierra por un tómbolo arenoso. Su cota más alta es de 14 metros y pertenece a la parroquia de Ardán en el municipio de Marín.
En ella se
encuentran los restos de una ermita que estuvo dedicada al Santo que da nombre
a la isla y punto de destino de antiguas romerías. Construida en piedra, tiene
una puerta adintelada y, en su interior, junto con el suelo enlosado, aun se
conserva la hornacina, con arco de medio punto, en la que se veneraba la imagen
del Santo.
La isla es de
propiedad privada y, recientemente, su propietario D. Manuel Piñeiro Campelo la
puso en venta por 300.000 euros, aunque advirtiendo que, por tratarse de un
espacio protegido, no se puede edificar nada.
Otra isla de la
ría es la isla de Tambo, situada frente a la Escuela Naval de Marín, pero
perteneciente al municipio de Poyo. Con una superficie de 28 hectáreas y una cota
máxima de 50 metros. Está cubierta de árboles, principalmente eucaliptos.
La isla estuvo
poblada desde la Prehistoria y, durante la Edad Media, fue ocupada por monjes y
eremitas. En el siglo VII surgió un monasterio benedictino, dependiente del de
San Juan de Poio, al que la reina Dª. Urraca donó la isla en el siglo XII.
En 1589, Drake
desembarcó en la isla y saqueó el monasterio, profanando la imagen de la
Virgen, Santa María de Gracia, que arrojó a la ría. Abandonado, tras la Desamortización,
aún se conserva la estructura de su iglesia.
Entre 1865 y
1879, se instaló allí un lazareto para que, las tripulaciones de los buques que
llegaban al puerto de Marín, pudieran pasar la cuarentena. Aún se conservan los
restos de ese edificio.
A finales del
siglo XIX. D. Eugeno Montero Ríos, que era Ministro de Gracia y Justicia,
compró cuatro quintas partes de la isla que, en 1940, sus herederos vendieron a
la Escuela Naval.
Allí se instaló
un polvorín y se edificaron edificios para alojar al destacamento permanente que
se encargaba de su vigilancia, hasta su abandono en 2002, pero hasta veinte años
después, la isla siguió manteniendo su condición de espacio militar.
Finalmente, en
2022, el Ministerio de Defensa la cedió, por 25 años, al ayuntamiento de Poyo,
que organiza visitas guiadas.
En la isla se encuentra el faro de
Tenlo Chico, que es una baliza marítima que fue puesta en marcha el año 1922.
Es una torre cilíndrica de 38 metros de altura de sillería sobre base
troncocónica y escalera helicoidal exterior, su luz es blanca y su alcance
nominal nocturno es de 11 millas náuticas.
En la costa
norte de Sangenjo se encuentra la isla da Marma, de 10 hectáreas de
superficie, aunque con la bajamar crece considerablemente, hasta quintuplicar
su tamaño.
Es completamente
plana, con una extensa playa al norte y, con el resto de su superficie, cubierta
de hierba.
Finalizamos con
una pequeña roca, O Corbeiro, también situada frente a Sangenjo, sobre
la que, en 1995m se instaló una escultura donada por su autor, el escultor
local Alfonso Vilar
Conocida con el
nombre de la Madama de Silgar, se ha convertido en un símbolo del municipio,
como pretendía su ayuntamiento al convocar el concurso de ideas para que, como
en otros lugares, una escultura pudiera llegar a ser embajadora de la
localidad.
Simboliza la
belleza del mar con una mujer portando una caracola con las dos manos y con una
especie de cuernos en su cabeza que forman una V, inicial del apellido del
propio autor de esta obra. La escultura se sostiene sobre una plataforma del
mismo material con base inclinada, dando una sensación de movimiento a la
Madama que se acentúa más si cabe por su posición encorvada y de brazos
extendidos con la caracola.













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