El número 105 de Cuadernos de Aragón, que también nos ha remitido la Institución Fernando el Católico, está dedicado a Los moriscos de Gelsa (1526-1610), siendo su autor el Prof. D. Alejandro Sinal Monge, de la Universidad de Zaragoza.
A través de las
258 páginas de libro, el Dr. Sinal analiza la comunidad morisca de Gelsa entre
la conversión de 1526 y la expulsión de 1610, estudiando aspectos sociales,
económicos, culturales y religiosos.
A partir de documentación inédita y
un amplio trabajo de archivo, reconstruye la vida cotidiana de una de las
comunidades moriscas más relevantes del valle del Ebro. La obra aborda también
el urbanismo, las instituciones locales y las relaciones entre moriscos y
cristianos, aportando una valiosa visión sobre la realidad morisca en Aragón.
Tras una introducción, la obra se
estructura en los siguientes capítulos: “Antigüedad de Gelsa y tránsito de
mudéjares a morisco”; “Población, poblamiento y organización municipal”; “Economía
y sociedad”; “El problema morisco aragonés”; “La represión inquisitorial”; “Religiosidad,
cultura y vida cotidiana”; “La expulsión”; “Senderos divergentes: permanencia,
diáspora y repoblación”, todo ello acompañado por un apéndice documental y un
anexo con mapas y tables, así como una abundante bibliografía.
Se menciona a la llamada “balsa de
Quinto” para cruzar el Ebro, sobre la curiosa guerra entre montañeses y la
presencia en Gelsa de un viejo conocido, el capitán Lupercio Latras.
Nos ha llamado la atención la
tenacidad de los moriscos por mantener su religión musulmana, a pesar de la
represión ejercida por la Inquisición y nos ha sorprendido que uno de los delatores
ante el tribunal del Santo Oficio fuera Agustin Colato, un labrador morisco de
Ambel, que había ido a Gelsa para segar y, a pesar de ser él mismo, musulmán
oculto, no dudó en denunciar a Francisco Agustín, notario rico, pero morisco,
que lo había contratado.
Se hace referencia a las
consecuencias que tuvo la expulsión de los moriscos en 1610, con un
espectacular descenso de la actividad económica, como ocurrió en Borja, que también
se menciona, al igual que en Tarazona, siendo preciso arbitrar fórmulas para
asentar a nuevos pobladores.
Los expulsados buscaron refugio en
varios lugares del norte de África, siendo los más afortunados los que se
establecieron en Túnez, a donde llegaron 80.000 moriscos, procedentes de Aragón
y Castilla, tras un penoso recorrido.

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