lunes, 25 de mayo de 2026

Revistas recibidas 858

         El número 105 de Cuadernos de Aragón, que también nos ha remitido la Institución Fernando el Católico, está dedicado a Los moriscos de Gelsa (1526-1610), siendo su autor el Prof. D. Alejandro Sinal Monge, de la Universidad de Zaragoza.

         A través de las 258 páginas de libro, el Dr. Sinal analiza la comunidad morisca de Gelsa entre la conversión de 1526 y la expulsión de 1610, estudiando aspectos sociales, económicos, culturales y religiosos.

A partir de documentación inédita y un amplio trabajo de archivo, reconstruye la vida cotidiana de una de las comunidades moriscas más relevantes del valle del Ebro. La obra aborda también el urbanismo, las instituciones locales y las relaciones entre moriscos y cristianos, aportando una valiosa visión sobre la realidad morisca en Aragón.

Tras una introducción, la obra se estructura en los siguientes capítulos: “Antigüedad de Gelsa y tránsito de mudéjares a morisco”; “Población, poblamiento y organización municipal”; “Economía y sociedad”; “El problema morisco aragonés”; “La represión inquisitorial”; “Religiosidad, cultura y vida cotidiana”; “La expulsión”; “Senderos divergentes: permanencia, diáspora y repoblación”, todo ello acompañado por un apéndice documental y un anexo con mapas y tables, así como una abundante bibliografía.

Se menciona a la llamada “balsa de Quinto” para cruzar el Ebro, sobre la curiosa guerra entre montañeses y la presencia en Gelsa de un viejo conocido, el capitán Lupercio Latras.

Nos ha llamado la atención la tenacidad de los moriscos por mantener su religión musulmana, a pesar de la represión ejercida por la Inquisición y nos ha sorprendido que uno de los delatores ante el tribunal del Santo Oficio fuera Agustin Colato, un labrador morisco de Ambel, que había ido a Gelsa para segar y, a pesar de ser él mismo, musulmán oculto, no dudó en denunciar a Francisco Agustín, notario rico, pero morisco, que lo había contratado.

Se hace referencia a las consecuencias que tuvo la expulsión de los moriscos en 1610, con un espectacular descenso de la actividad económica, como ocurrió en Borja, que también se menciona, al igual que en Tarazona, siendo preciso arbitrar fórmulas para asentar a nuevos pobladores.

Los expulsados buscaron refugio en varios lugares del norte de África, siendo los más afortunados los que se establecieron en Túnez, a donde llegaron 80.000 moriscos, procedentes de Aragón y Castilla, tras un penoso recorrido.

 

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